Cuando la clase comienza a las tres de la tarde, algunos llegan desde las dos y media. Si la cita es a las nueve de la mañana, hay quienes aparecen desde las ocho.
Son adultos y adultos mayores que encontraron en la Biblioteca Pública de Comfamiliar de Nariño algo más que un lugar para leer: un espacio para aprender tecnología, conversar, recuperar recuerdos y construir nuevas relaciones.
Uno de los procesos desarrollados es el Club de Adultos Digitales, dirigido especialmente a personas que enfrentan dificultades o temores al momento de relacionarse con las nuevas tecnologías.
Según Nataly Cáceres, funcionaria de Comfamiliar, el proceso se desarrolló mediante articulaciones con Fundación Telefónica, ProFuturo y Proinco, utilizando una plataforma orientada a la alfabetización digital.
Uno de los cursos se denomina Escuela TIC Familia.
“Ellos son muy temerosos por la tecnología. Y con este curso fueron avanzando”, explica Nataly.
Mucho más que aprender a utilizar un celular
Las clases no se han limitado a enseñar procedimientos técnicos.
Mientras los participantes conocen herramientas digitales también se abordan temas como seguridad en internet, liderazgo y emprendimiento.
La idea es que la tecnología pueda servirles para resolver necesidades cotidianas e incluso organizar y fortalecer pequeñas iniciativas productivas.
Pero uno de los resultados más significativos no aparece necesariamente en los computadores.
Es el sentido de pertenencia.
Los participantes comenzaron a llegar antes de las clases y a solicitar nuevos espacios. La demanda llevó a organizar grupos en diferentes jornadas.
Ese entusiasmo demuestra que, en ocasiones, detrás de la necesidad de aprender una herramienta tecnológica existe también la necesidad de encontrarse con otras personas.
De lo digital a escribir sus recuerdos
Después llegaron otros procesos.
Uno de ellos fue Cita a ciegas con libros, relacionado con lectura y escritura. Posteriormente retomaron Adultos Digitales y ahora avanzan hacia una lectura dramática construida por los propios participantes.
El tema es profundamente cercano: la memoria del barrio y lo que significa envejecer.
Los adultos mayores han comenzado a recordar las antiguas ladrilleras del sector, los aljibes, la llegada de los servicios, los caballos y las familias que fueron construyendo esta parte de Pasto.
La oralidad comienza a convertirse en escritura.
Y la biblioteca actúa como puente para evitar que esas memorias desaparezcan con el paso de las generaciones.
Mujeres que leen mientras tejen
Otro proceso tiene una dinámica diferente.
Se llama Entretejiendo Palabras y reúne principalmente a mujeres alrededor de dos prácticas: leer y tejer.
El club trabaja especialmente con autores y autoras nariñenses.
Mientras conversan sobre las historias, las participantes sacan agujas, comparten patrones, miran videos y se enseñan unas a otras.
De sus manos aparecen bolsos, pesebres, canastas, manteles, servilleteros, individuales y diferentes objetos, algunos destinados a sus hogares y otros a la venta.
En una feria realizada en instalaciones de Comfamiliar tuvieron la posibilidad de exhibir sus creaciones ante funcionarios y visitantes externos.
Algunas participantes de otros procesos también llevaron libros y escritos propios.
El tejido también puede ser escritura
Detrás de la experiencia existe una reflexión especialmente bella: tejer también puede ser una manera de escribir.
Un tejido contiene símbolos, decisiones, memoria, tiempo y conocimiento transmitido de una persona a otra.
Por eso las participantes no solamente están elaborando objetos. También están compartiendo historias y saberes.
La experiencia conecta con una visión más amplia que tiene la biblioteca sobre los adultos mayores: no verlos únicamente como personas a quienes se debe enseñar algo, sino como ciudadanos que poseen conocimientos capaces de enriquecer a otros.
En un mundo que avanza rápidamente hacia lo digital, estos procesos demuestran que la tecnología y la tradición no tienen por qué enfrentarse.
Una mujer puede aprender a manejar herramientas digitales y continuar tejiendo. Un adulto mayor puede aprender seguridad en internet y, al mismo tiempo, escribir la historia del aljibe de su barrio.
Y una biblioteca puede ser el lugar donde esos dos mundos finalmente se encuentren.
Nunca es tarde para aprender algo nuevo, pero tampoco es demasiado tarde para contar aquello que no debería olvidarse.




