El Colorado, la recuperación de la memoria

Ayer, día de reyes, en San Juan de los Pastos, la cita era con la prueba reina del Carnaval, una celebración recuperada, dicen, durante la segunda mitad del siglo XX.

La recuperación provino de una iniciativa de la oligarquía local nariñense, y la masa popular empezó siendo espectadora de ese gran espectáculo público, parecido, guardadas distancias, a lo que significan las corralejas en las ciudades costeñas.

Pero como pasó con los orígenes del Carnaval de Río, lo que empezó siendo una fiesta de la oligarquía, en Brasil, y en Pasto, con el correr de los años, se transformó hasta convertirse en una fiesta popular, que conllevó una transformación del sentido común.

La carroza de Bolívar.

En la presentación de 2018, se produjo una novedad notabilísima en el desfile del sábado, la confluencia del arte popular, la novela y el relato histórico, trenzados de modo notable en la carroza El Colorado.

Lo curioso de este triunfo vino acompañado de la anécdota de su transporte, que la hacía un camión, como en todos los casos del tercer componente del desfile. El vehículo se varó, y la Carroza de Bolívar tuvo que hacerse a un lado durante un buen tiempo angustioso de la marcha, hasta que se desvaró.

En esta maratón de imágenes de ayer sábado, que arrancó para los espectadores más aplicados a las 6 am., y se extendió hasta las 4 pm., la representación de El Colorado desfiló entre las últimas. Y como en la Biblia, esta obra de arte popular monumental fue la primera.

Protesta y denuncia histórica

Cuando Colombia se debate en las tentaciones de retroceder a la guerra, incumpliendo en lo fundamental lo pactado con la insurgencia subalterna de las Farc-Ep, recordar un episodio doloroso, contradictorio, de la independencia es más que relevante.

Evelio Rosero, novelista de ancestros nariñenses, pero nacido en Bogotá, escritor de la novela corta “Los ejércitos”, acerca de la violencia, continuó en su experiencia de injertar ficción y realidad, y presentó al público otra novela, “La carroza de Bolívar”.

Esta novela ha tenido relativo éxito de lectores, pero es emblemática y reivindicatoria de la memoria de los pastusos, que tienen en el realista Agustín Agualongo a uno de sus héroes, y en la acción punitiva de Antonio José de Sucre, contra la resistencia pastusa, que apoyaba al rey, la iglesia, y los resguardos indígenas, una memoria cada vez más presente.

De este modo, Nariño, los de arriba y los de abajo, recrean una identidad regional, mostrando claroscuros en la personalidad del Bolívar, militar y estadista, combatiendo a muerte al enemigo peninsular y sus aliados.

Pues, bien, el carnaval, sus motivos celebratorios, en El Colorado, han sido premiados, por el contenido y la forma que la carroza descubren.

La polémica histórica, y el entendimiento de la gesta de la independencia se asume en sus dimensiones contradictorias, incluyendo el hacer de los subalternos, en medio de dos mundos, el que moría y se resistía, y el que nacía con dificultad.

Esta polémica abarca inclusive, a Antonio Navarro, exlíder del masacrado M-19, en el Palacio de Justicia, quien siendo alcalde de Pasto, donde nació, y muy pronto migró con sus padres, recuperó memoria y restos de Agualongo. Y para nadie, hoy, es un secreto que la guerrilla del M19 era bolivariana, como lo fuera antes el Che Guevara.

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