Por: Pablo Emilio Obando A.
Por estos días en el departamento de Nariño, donde tantas veces las noticias se inclinan hacia la dificultad, también es necesario detenernos a reconocer aquello que edifica, que convoca y que forma. Este sábado 25 de abril de 2026, la Institución Educativa Municipal Liceo Central de Nariño abre sus puertas a uno de los eventos más significativos de su calendario académico: la inauguración de los Juegos Intercursos 2026.
No se trata únicamente de una jornada deportiva. Sería reduccionista entenderlo así. En realidad, estamos ante una expresión viva de lo que debería ser la educación integral: un espacio donde el cuerpo, la disciplina, la convivencia y el espíritu colectivo se encuentran para formar ciudadanos, no solo estudiantes.
El Liceo Central de Nariño, bajo la dirección del magíster Carlos Díaz Jojoa, ha logrado consolidarse como una de las instituciones educativas más destacadas del departamento y del país. Y esto no es producto del azar ni de discursos vacíos. Es el resultado de un trabajo constante, de una dirección clara y de una apuesta firme por la calidad educativa. En estos cuatro años de gestión, el rector Díaz no solo ha orientado con acierto el rumbo institucional, sino que ha sembrado una cultura de compromiso, respeto y excelencia que hoy se refleja en cada uno de sus más de 1.200 estudiantes.
Hablar del Liceo es hablar de una comunidad que ha entendido que la educación va más allá del aula. Es reconocer que la formación también se da en la cancha, en el esfuerzo compartido, en la sana competencia, en el respeto por el otro y en la capacidad de asumir tanto la victoria como la derrota con dignidad.
Los Juegos Intercursos, en ese sentido, son una pedagogía en movimiento. Allí se tejen valores que difícilmente pueden enseñarse en un tablero: la solidaridad, el trabajo en equipo, la resiliencia y el sentido de pertenencia. Cada competencia es una lección; cada encuentro, una oportunidad para crecer.
En tiempos donde la educación enfrenta múltiples desafíos, donde muchas veces se cuestiona su rumbo y su impacto, experiencias como las del Liceo Central de Nariño nos recuerdan que sí es posible construir instituciones fuertes, coherentes y profundamente humanas. Que sí es posible formar generaciones con sentido, con disciplina y con esperanza.
Hoy, más que nunca, es necesario visibilizar estos procesos. Reconocer el liderazgo institucional, valorar el compromiso docente y exaltar el entusiasmo de los estudiantes. Porque detrás de cada evento como este hay una comunidad que cree en la educación como herramienta de transformación.
Que estos Juegos Intercursos 2026 no sean solo una celebración deportiva, sino un símbolo de lo que el Liceo representa para Nariño: una apuesta seria por el futuro, una escuela de vida y un ejemplo de que cuando la educación se hace con rigor y con amor, los resultados trascienden.




