El imbatible ‘récord’ olímpico del japonés Kanaguri en maratón: 54 años y 8 meses

La carrera de maratón (hoy de 42.2 Km) fue el origen de las pruebas olímpicas en la antigua Grecia, con la leyenda de Filípides. Según la historia, el soldado griego corrió casi 40 Km en la llanura de Maratón para dar un parte de victoria con el último aliento de vida, “hemos vencido” balbuceó y cayó muerto. Como un homenaje a su gesta nacen las competiciones helénicas cada cuatro años a partir del año 776 a.c. Se conocen como los Juegos Olímpicos de la antigüedad.

Posteriormente y a partir de 1896 en la misma Grecia se daría origen a los Juegos Olímpicos modernos, cuyo acto central ha sido de nuevo la carrera de maratón, inicialmente de 39 Km. En 1908 en los JJOO de Londres el recorrido debió extenderse para que la meta estuviera frente al palco real. Medida la distancia ya eran 42 Km y 195 m y así quedaría de manera definitiva.

La maratón es el corazón y la génesis de las citas olímpicas. El reto es tan grande que suele traer aparejadas historias curiosas y sobre todo épicas acaecidas a lo largo de la historia de los JJOO. Pero pocas tan curiosas como la de un japonés que dejó un registro como marca del mundo que jamás otro atleta podrá igualar, imbatible (eso si, inverso) su nombre: Shiso Kanaguri.

Kanaguri o Kanakuri nació el 20 de agosto de 1891 en Nagomi, Japón. Con 20 años, en 1911, se clasificó para los Juegos Olímpicos de Estocolmo de 1912, con una marca de 2h 32m 45s, que entonces se consideró récord del mundo pero que no es oficial porque se cree que la prueba se disputó sobre 40 km, y no sobre 42,195 km.

La cuestión es que Japón sólo pudo enviar a dos atletas a la cita: un velocista llamado Mishima Yahiko y el propio Kanaguri. El viaje de Japón a Suecia fue toda una peripecia. Duró 18 días. Primero en barco y luego en tren usando la línea Transiberiana. Kanaguri necesitó cinco días para recuperarse del viaje, pero quedó con secuelas de agotamiento.

La maratón se disputó el 14 de julio con unos inusuales 25 grados de temperatura. Kanaguri no sólo estaba cansado por el viaje, sino que no se había acostumbrado a la comida local ni a la temperatura. A mitad de carrera tenía mucha hambre, se desmayó y fue recogido por una familia de granjeros suecos. Cuando despertó, avergonzado por su fracaso y como férreo militante de la cultura oriental, regresó a hurtadillas en cuanto pudo a Japón, sin avisar a nadie. Los mandos suecos oficialmente lo dieron por desaparecido.

Autoridades y medios indagaban por el paradero del atleta nipón, pero ni siquiera obtuvieron respuesta en su país, ya que al parecer llegó a esconderse de la vergüenza por su retiro. Oculto permaneció por mucho tiempo. Pero hay registros de su participación en la maratón de los Juegos de 1920 y en la de los Juegos de 1924, que al parecer sí completó.

En Suecia su historia nunca fue olvidada y seguía insólitamente reportado como desaparecido y en los registros deportivos aparecía como atleta sin concluir la carrera de 1912. Para los suecos estaba en deuda. En 1967, cuando ya era un venerable anciano retirado de todo a sus casi 77 años, la televisión sueca dio con él y le invitó a que concluyera, de manera oficial, la maratón que nunca acabó en 1912.

Kanaguri aceptó y retomó la carrera en el punto exacto donde la había abandonado y finalmente completó el recorrido hasta el estadio olímpico de Estocolmo, recibiendo la ovación de un súper campeón. Su tiempo oficial: 54 años, 8 meses, 6 días, 32 minutos y 20 segundos: “Ha sido un largo viaje. Me he casado, he tenido seis hijos y diez nietos”, dijo entonces.

Kanakuri, que está considerado como uno de los padres de la maratón en Japón, falleció el 13 de noviembre de 1983, a la respetable edad de 92 años. Se llevó consigo un récord olímpico de maratón que tal vez jamás nadie más pueda superar. Pero nos deja además una gran lección, “No temas ser lento, teme sólo a detenerte”.

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