¿EL PODER PARA QUE?

Por: José Luis Guerra

Exsecretario de gobierno de Pasto

“Los ciudadanos tuvieron la vana esperanza de que habría un buen gobernante”

Decía Sañudo, nuestro paisano biógrafo de Bolívar: “Si las obras de un hombre acarrean consecuencias a la sociedad, con mayor razón las de su jefe o cabeza”, que según San Ambrosio: “Regnum lapsus, poena populorum…” El error de los regentes es el castigo del pueblo.

A mi modo de ver, Harold Guerrero, ha perdido la legitimidad. Ya no solamente en su origen electoral que fue altamente costoso. Sino en el ejercicio del poder. No ha podido mejorar la seguridad ciudadana, ni el orden administrativo.

 

Según la última encuesta de victimización, Pasto es la ciudad más insegura, un 76.1% de los encuestados, ha sido víctima de hurto a personas, de robo de vehículos y en general víctimas de todos los delitos. Pasto por segundo año consecutivo, es la ciudad con mayor porcentaje de víctimas de delitos y con mayor sensación de inseguridad.

 

Creo, entonces, que el empresario Harold Guerrero debe reorientar la política de seguridad ciudadana, porque cuando la ineptitud de un gobierno, incapaz de restablecer la ley, de ejercer la autoridad, y de orientar a la sociedad con un liderazgo inteligente, lleva a la ciudadanía a perder la fe en las instituciones democráticas, como lo demuestra la misma encuesta, sólo 20 de cada 100 que fueron víctimas de algún delito en el último año, denunció ante las autoridades.

 

El joven Alcalde, debe asumir con mayor responsabilidad su cargo. No debe desproteger a la sociedad. Para poder hacer esto no basta con expedir Decretos y declaraciones cada ocho días, y hacer investigaciones exhaustivas.

 

El principal contenido de los Decretos, debe ser la justicia y el respeto por los derechos humanos, deben ser temibles pero no crueles ni autoritarios.

 

La sociedad no aguanta demasiada delincuencia. Pero es preciso, en estos momentos, forzar las circunstancias para aceptar un mínimo de realidad. En primer término, la guerra contra la delincuencia común se esta perdiendo. Lo digo con dolor en el corazón, por las miles de víctimas de nuestro municipio. Pero ésta es una verdad difícil de refutar. Es una realidad.

 

Esta situación ha servido para destruir la tranquilidad. Vivimos en una constante paranoia: los jóvenes ya no disfrutan la ciudad con tranquilidad. Las mujeres no se sienten seguras, en cualquier momento son víctimas del atraco. Y mientras tanto el ejecutivo se tambalea por la terquedad de un hombre que está ausente de la realidad, porque no tiene idea de lo que hay que hacer. Pasto necesita confianza y esa confianza la traería un gobierno más concentrado en sus tareas.

 

Es el momento, señor alcalde Guerrero, de cambiar ese rumbo. 

 

Sólo los hombres son tozudos y soberbios, pero es el privilegio de los grandes estadistas rectificar la equivocación.

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