El qué sin el cómo, es letra muerta.

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Estamos en época electoral. En el mes de octubre los colombianos elegiremos en las diferentes regiones y localidades a gobernadores, alcaldes y concejales. Las tribunas públicas se erigen como el escenario natural en el cual los diferentes candidatos expresan su voz del siempre proclamado cambio y renovación.
Estas elecciones son, quizá, de igual o mayor trascendencia que la presidencial, se medirá el aceite de un gobierno alternativo que ya empieza a dar muestras de fatiga y desorientación ideológica y doctrinaria. Los dos Petros, el estadista y el del balcón, como si se tratara del doctor Jekil y mister Hyde, deben afrontar el ineludible debate de la presunta participación de su hijo y hermano en la recepción de dádivas por parte de grupos y actores de dudosa conducta y pésima reputación.
En este escenario salen a la palestra candidatos que enarbolan la bandera de la defensa a ultranza de un mandatario y los oponentes que esgrimen pruebas de una posible participación vergonzosa en actos de corrupción de un hijo que, de comprobarlo la ley, puede constituirse en el sepulturero de su propio linaje.
Lo cierto es que nos preparamos para una jornada democrática y electoral en la cual se escucha más de lo mismo. Simples qués sin el acompañamiento de los naturales cómos. Es decir que se nos muestra el mal a superar sin que se nos diga cómo se lo va a realizar.
Se habla dicharacharamente sobre problemas como la inseguridad, la pobreza, el desempleo, baja productividad, carestía e inflación, bajos recursos para educación y salud, ausencia de inversión en el campo y unas vías terciarias que impiden el progreso de los corregimientos y veredas, etc., pero no se analiza el origen de los nuevos recursos que se necesitan para combatirlos.
Se presentan simples diagnósticos que perpetuarán la situación de los pueblos y los sumirán una vez más en la pobreza y la miseria, en el secular abandono de siempre. Demagogos que alientan y alimentan el deseo de los pueblos sin que ofrezcan soluciones viables y ciertas a sus verdaderos anhelos.
Se requiere con urgencia unos verdaderos constructores de democracia, candidatos conocedores de la dinámica económica de nuestro país y estudiosos de las diversas posibilidades y alternativas que existen en nuestros recursos naturales y humanos.
La verdad que es una verdadera lastima , un verdadero desatino y desafuero, que los llamados movimientos alternativos, al igual que los tradicionales, no ofrezcan nada nuevo en candidaturas. Los mismos de siempre con el desgastado discurso de entonces. Si algo nos ha demostrado esta coyuntura política iniciada por Gustavo Petro es que no se presentó una renovación, mucho menos una preparación, de nuevas y prestantes figuras para que asuman el destino de los pueblos.
Nos agotó el qué, avancemos hacia el cómo. Y eso se logra con figuras estudiosas y preparadas en la academia y el trato directo con el pueblo. No podemos tampoco caer en el engaño de creer que simplemente por ser joven se es digno de merecer la confianza de los electores. Ya tenemos ejemplos claros de lo bajo y ruines que pueden ser estos personajes una vez elegidos.
No basta un presidente en la Casa de Bolívar para alcanzar los cambios que los colombianos requerimos con urgencia. Se necesita la voluntad férrea y culta de líderes sensibles, estudiosos, consagrados y coherentes con una voluntad central. Es en los barrios, veredas, corregimientos y localidades donde se inicia el verdadero amanecer de los pueblos.

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