El Rebrote de la Maldad

¿Es realmente el mundo más oscuro ahora o es que estamos pegados de las ventanas de nuestras casas y pantallas para estar más pendientes de la hora en que el diablo sale a caminar?

No hay palabras para seguir describiendo la crueldad humana, hace unos días nos llenabamos de tristeza y el alma se nos quebraba al escuchar los relatos de los sobrevivientes de la masacre de los chicos en Samaniego, luego la indignación regresaba como si estuviera por ahí rondando y esperando para volver a agitarse y entonces un grito de dolor en Buesaco, luego Cauca y Cali y Antioquia y Bolívar y hoy Bogotá. Los muertos ya no se contaban con los dedos de las manos y la sangre ocupaba ya la mitad del ancho de la bandera.

El enemigo está afuera en forma de virus, en forma de violencia, en forma de maldad, en forma de ser humano. La perversión humana realizó su metamorfosis y su siguiente etapa es el sadismo y el salvajismo, ya ni siquiera pretenden ocultarse o mimetizarse en la sociedad ahora se pavonean como las cabecillas de este mundo imperfecto en el que nos tocó vivir. Trataremos de continuar con la severidad y rudeza de un mundo intolerante, enfrentandonos a la muerte de multiples rostros, los ladrones de turno, los grupos armados o los rostros de quienes supuestamente nos deben proteger, la Policia. Y entonces empuñarán sus armas favoritas, cuál será más letal, cual más lacerante, y saldrán como bestias rabiosas, sedientas de sangre a buscar presas y en la facilidad de su exitosa carnicería se evidenciará el doloroso final de sus víctimas clamando piedad que antes que fatigarlos, acrecentará más aún su placer.

Antes podíamos preguntarnos casi que por pura curiosidad cuanta maldad hay en la humanidad, ahora no solo lo sabemos sino que nos avergüenza el haber creído que el límite estaría más lejos. Cuanta descomposición social tiene que haber pasado un ser humano (si es que quieren seguir llamandolo asi), para quitar la vida de otro de esa manera tan calculada, tan fría e indiferente, cuán cerrados están sus oídos para no escuchar sus ruegos, cuántos muertos tiene en su espalda, cuántos animalitos mato de niño este hombre?

El resultado no es más que dolor, el daño ya está hecho, sueltas sin rumbo están ya miles de familias a las que les han quitado su timón, papás que no volverán a ver a sus hijos pues olvidaron decirles que los amaban más que ninguna otra cosa en el mundo cuando los vieron irse por última vez y que ahora el infame destino solo se los devolvió para que los vieran morir en sus brazos. Que siniestro se ve el mundo, cuánta amargura tendrá el futuro para quienes perdieron a sus seres queridos en esta guerra absurda de odios y altanería barata. Se agotarán sus lágrimas antes de olvidar estas tragedias pero tendrán que hacerlo, tendrán que llenar sus hogares de amor y cariño para que los que quedan no planten nuevos odios y resentimientos y de pronto y solo de pronto podamos tener un mundo de verdad humano, donde no tengamos que preparar para la guerra a nuestro niños llenandolos de odio y desesperanza sino de imaginación, inteligencia y amor para que a través de sus ojos vean boas tragándose un elefante y no solo un simple sombrero.

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