Emilia de la Calle: testimonio de su alumna de teatro Libia Elisa Velázquez Caicedo

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Como palmera se contonea y logra

magistrales signos que brotan de sus ramas

Impulsa con ardor faenas, colores y palabras

alcanzando a revivir señales, cuerpos y almas

En el teatro, donde anida sueños y labra

    Amores, nostalgias y con el cuerpo calma.

Por: Libia Elisa Velázquez Caicedo

Maestra en artes plásticas y licenciada de la Universidad de Nariño. Pensionada del magisterio

En las antiguas instalaciones del bachillerato de la universidad de Nariño, se inició un proyecto liderado por Emilia de la Calle (Pasto, 1931-1981): el Teatro Universitario, quien con el apoyo e interés de la Universidad en mención respondería a las necesidades y exigencias del momento, frente a la situación política y de conflictos sociales nacionales y extranjeros en las décadas de 1960 y 1970.

Los estudiantes integrantes de ese grupo de teatro nos encontramos reunidos en un salón, estábamos sentados en el piso formando un círculo, todos con un cigarrillo, como era costumbre en esa época; en el centro  se encontraba Emilia vestida con trusa negra de pies a cabeza, a un lado se encontraba el maletín repleto de  utilería: libros, libretos, termo con tinto, tacitas, reloj, pito, entre una multitud de otros objetos. También había tarros desechables que eran repartidos y transformados en “ceniceros” y para así, evitar botar las cenizas en el piso. Al inicio de cada sesión,  la profesora definía el derrotero del ensayo para ese día. La tarde era dividida entre calentamiento físico, lectura, estudio de autores y sus obras, montaje de la obra seleccionada, corrección, aportes y sugerencias para las interpretaciones.

Representación artística de Emilia de la Calle, por Libia Elisa Velásquez Caicedo

Pieza que formó parte de la Exposición Arbolas pájaras en la Casa de la Cultura de Nariño, Pasto 11 al  15 de julio de 2022. Fotografía

El contexto que atravesaba la sociedad en Pasto en ese momento recibía influencias de muchos movimientos ideológicos, políticos y sociales de todo el mundo. El verano del 68 en México, Daniel “El Rojo” en Francia, la muerte de Camilo Torres, la revolución cubana, entre otros asuntos. Influencias enriquecidas por grupos de estudio, dentro y fuera de los campos universitarios, estudiantes de bachillerato, campesinos, empleados y gente del común. La izquierda se manifestaba y exigía a la academia, a las manifestaciones culturales, a la opinión pública estar al tanto de las nuevas posiciones políticas, generalmente determinadas por estudiantes, líderes comunitarios de la ciudad y del campo. Entre ellos, los denominados “mamertos” del partido comunista, los “trotskos” socialistas, las ligas marxistas leninistas (línea proletaria), el Movimiento Obrero y Revolucionario MOIR. Estos grupos eran antagónicos en sus manifestaciones y contenidos, beligerantes, conflictivos y revolucionarios.

En ese ambiente estaba Emilia, era una humanista, celosa de su biblioteca, quien consideró a la cultura y  las artes como bienes integrales e inherentes a los seres humanos. En su casa se daban encuentros de discusión con políticos liberales, por tanto, estaba al tanto de los procesos ideológicos, de los conflictos sociales que afectaban a los pueblos y así entabló diálogos dinámicos que la enriquecieron y la ubicaron en el momento histórico que caracterizó las décadas de los sesenta y setenta. En este momento, el medio cultural que encontró era provinciano y elitista, aún deslumbrado con la  cultura importada de Europa. Emilia nunca se matriculó en ningún partido, pero, fue consecuente ante las necesidades de cualquier activista que estuviera en problemas: aprovechó sus vínculos con los médicos y la clínica Fátima en donde laboraba, atendió furtivamente a participantes en movimientos y manifestaciones que habían sufrido atentados, golpes, heridas y, además, a quienes necesitaban ocultarse. A su vez, los detenidos por la policía eran asistidos, por su mediación, con abogados acreditados.

Para Emilia el teatro, con la participación del público y con el apoyo de los actores, era el espacio donde se innovaba escenas, se creaba variaciones, se estudiaba conjuntamente rasgos y actitudes de los personajes. Por ejemplo, obras como: Los fusiles de la madre Carrar de Bertolt Brecht, El Monumento, A la diestra de Dios Padre de Enrique Buenaventura, entre otras.  Las obras logradas y dirigidas por ella se programaron y se proyectaron en varias  ciudades como: Ipiales, La Unión, Túquerres, Cali o Manizales; en universidades, colegios, escuelas, municipios, veredas, barrios, sindicatos, entre otros. Construyó un diálogo vivo con el público que le permitió, a éste reconocerse en las situaciones, los personajes y en el lenguaje. La relación con la audiencia fue dinámica, fueron encuentros, a veces, en se dieron en forma conflictiva, pero, fructífera. Después de cada presentación invitó a los espectadores a participar de los foros con los propósitos de resolver inquietudes y recibir aportes, enriqueciendo la obra y la actuación. Para esos eventos los teatreros investigaron la historia nacional y regional, los temas ligados a los intereses de la comunidad que a menudo entraban en conflicto con el gobierno y con las clases dominantes.

Esta actitud, la heredó del teatro épico de Bertolt Brecht a través de su maestro y amigo Enrique Buenaventura; esquema teórico que orientó su quehacer teatral que estableció los parámetros para la organización del grupo, la formación de actores, la creación de textos y montajes y la relación con el público, modificando la escena extemporánea del siglo pasado, caracterizada por el favoritismo del teatro clásico europeo. El teatro se convirtió en un interlocutor con la comunidad y en un espacio de encuentro y deliberación, fortaleciendo su método de Creación Colectiva que consistía en: una estricta investigación del tema, elaboración del texto, improvisaciones con los actores, puesta en escena y confrontación con el público, provocando con sus opiniones, inclusive, al punto de modificar el concepto o cambiar la pieza.

Enfatizó e invitó al grupo profundizar en el conocimiento de los nuevos conceptos y teorías, este fue uno de los motivos más importantes de estudio, pensamiento y filosofía productos del momento histórico que se estaba viviendo. Para ello, seleccionó entre otros a  reconocidos escritores y teatreros como: Alfred Jarry, Antonin Artaud, Konstantín Stanislawsky, Bertolt Brecht y Peter Weiss. Para ella el teatro era la oportunidad de retomar el foro como discusión ideológica y política y como un vehículo de transformación social según la concepción del teatro épico brechtiano. El Nuevo Teatro reelaboró y adaptó las teorías de Bertolt Brecht a la situación colombiana y, políticamente, estuvo influida por las teorías marxistas. Para ella el teatro debía ser comprometido además de un instrumento estético para colaborar en el cambio de la sociedad. Los personajes de las elites revelan la deshumanización que produce la concentración del poder que facilita la explotación del otro, la corrupción y la descomposición que corroe las bases de la comunidad.

Los niños también fueron objetivo pedagógico de Emilia, hizo varios montajes de obras para títeres. Poseía una hermosa colección de títeres artísticamente elaborados y pretendía con ellos despertar, enseñar y concientizar sobre la situación social, la injusticia y la discriminación sufridas por los hombres, las familias y los niños en la sociedad.

Emilia de la Calle hasta donde su salud y sus medios lo permitieron, trabajó por fortalecer cambios que contribuyeran a la formación de una sociedad coherente con los avances externos, el respeto por la idiosincrasia, las tradiciones y la cultura. En su memoria y en reconocimiento a la nueva alineación del teatro universitario, los teatreros le dieron a una de las salas del teatro de la Universidad de Nariño, el nombre de Sala Emilia, pero en una remodelación la sala desapareció.

El recuerdo de Emilia es muy fuerte en mi vida. En 2018, Aida Garzón Villota invitó a quince mujeres a desarrollar un proyecto que consistía en plasmar a través de diferentes piezas artísticas manuales como bordados, tejidos o telares a diez mujeres que admiraran, podían ser familiares, o mujeres nacionales o extranjeras. A este grupo se sumaron tres compañeros. Entre, las mujeres que elegí se encontraba la teatrera.  La silueta de Emilia está bordada con la característica trusa que usaba; pinté el rostro, el cuerpo está rodeada por títeres también pintados, en la parte inferior se encuentran las máscaras que representan el teatro. La dramaturga danza porque a ella le gustaba representar el teatro con muchos movimientos, en donde se expresó la flexibilidad de la teatrera y la admiración que Emilia sentía por el movimiento del cuerpo y por el baile. Los resultados de este proyecto liderado por Aída Garzón se presentaron en la exposición Arbolas pájaras en la Casa de la Cultura de Nariño, que se realizó en Pasto entre el 11 y  15 de julio de 2022. A continuación un enlace de la exposición:

(188) #CncNoticiasPasto – Al Cierre| Arbolas pájaras exposición casa de la cultura de Nariño – YouTube

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