Escritor nariñense, Donaldo Velasco, es El Personaje 10.

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Foto: Camilo Moreno, bibliotecario de la Academia Colombiana de Historia (Bogotá).

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Donaldo Velasco, autor del libro: De Panamá a Pasto

Donaldo Velasco de acuerdo con sus propias palabras,  fue pastuso, hijo de un profesor; huérfano de madre y criado por la tía Rosalía. Aproximadamente en 1875, cuando tenía unos diez  años, se encontró con su padre en Buenaventura, estudió en esa ciudad y luego en Popayán. Ya adulto viajó a Panamá atraído tanto por sus habitantes, como por la abundancia de trabajo. Posteriormente, visitó Buenaventura y Bogotá. Era un hombre extrovertido que tenía cercanía con figuras notables de Bogotá y de Panamá. Luego de treinta y cuatro años de ausencia, a la edad de cuarenta y cuatro años, regresó a su ciudad en 1909, en donde se relacionó con la elite política local. Pertenecía al partido conservador y era un decidido admirador del presidente colombiano, Rafael Reyes. En el departamento de Nariño le ofrecieron diversos puestos que no pudo aceptar porque tenía compromisos comerciales en Panamá.

A diferencia de muchos de sus congéneres que en esos años lucharon fervientemente por la construcción del ferrocarril de Nariño, Velasco consideró que la Carretera del Sur, nombre que se le daba  a la vía que en esa época se construía entre Pasto e Ipiales eran una mejor opción para su departamento;  según su criterio, se debía edificar primero la carretera y posteriormente, se construiría el sistema férreo. Con el propósito de fomentar ese proyecto, desarrolló una intensa campaña en varios municipios de Nariño como: Pasto, Túquerres, Barbacoas, Ipiales y Tumaco.

Paralelo, a esos intereses altruistas, como muchos de los intelectuales y políticos de su tiempo, fue historiador y, además, autor de varias poesías. Escribió una novela corta, llamada Ligia, que en la actualidad es de difícil consecución. Sin embargo, su  libro más celebre y más útil para conocer al departamento de Nariño en los últimos lustros del siglo XIX y en los primeros años del siglo XX, se titula: De Panamá a Pasto, (Tipografía Santa Ana, Panamá, 1910). Inicia con la historia de Panamá Viejo y Panamá Nuevo, luego describe a Buenaventura.  En parte, el valor del libro se debe a que es una de las pocas memorias de viaje escritas por un nariñense sobre su departamento, en donde ofrece información valiosa sobre los paisajes y costumbres del recorrido marítimo y fluvial entre Tumaco y Barbacoas y, luego, terrestre entre Barbacoas, Altaquer, Ricaurte, Piedrancha, Chambú, el páramo de Chimangual,  Túquerres, el río Guáitara y Pasto. Posteriormente, viajó de Pasto a La Cocha, descripción que también realizó. En la siguiente fotografía se observa la carátula deteriorada del libro, a causa del paso del tiempo, el uso y a la fragilidad del papel en que fue elaborada.

 

Libro: De Panamá a Pasto

Foto: Camilo Moreno, bibliotecario de la Academia Colombiana de Historia (Bogotá).

 

Un fragmento del libro, De Panamá a Pasto es el siguiente:

 

El Galeras también tiende a dormir. Hace algunos años que no se hace sentir con sus mugientes erupciones.[…]

Pero ya que este se ha entregado al descanso, en cambio por el lado de La Unión, ha despertado de un modo aterrador el Doña Juana. Hizo su primera erupción en 1896, y en 1898 fue tan tremenda que en toda la extensa ladera de muchas leguas, desde el cráter hasta el Juanambú, barrió la montaña, mató cuanto halló a su paso, destruyó las poblaciones y sementeras y terminó represando el río, cuyo desborde destruyó el sólido puente de mampostería (p. 145).

Fue una erupción tan tremenda como la del Pelée, aunque poco conocida*.

Cuando publicó este libro ya tenía un importante recorrido como historiador, otros libros de su autoría son: Asalto de Bocas del Toro por el general Catarino Erasmo Garza (Bogotá, Tipografía Salesiana, 1896); Recuerdos históricos de la Bahía del Almirante (Bogotá: Imprenta del Vapor de Zalamea, Hnos, 1898); La guerra en el Istmo (Notas históricas, Panamá: Estrella y Heraldo, 1902); Antonio Nariño ante la juventud hispano americana (Bogotá, Ed. De Cromos, 1923), y  Boceto biográfico del gran mariscal de Ayacucho, (Tumaco, Ed. del Liceo Tumaco, 1930).

 

Libro: Antonio Nariño ante la juventud hispano americana

Foto: Camilo Moreno, bibliotecario de la Academia Colombiana de Historia (Bogotá).

 

Su faceta como poeta se halla en las páginas finales del libro De Panamá a Pasto,  en donde se encuentran algunos poemas publicados para conmemorar los cien años del 20 de julio, fue su manera de homenajear ese centenario. Otros de sus poemas están dispersos en revistas publicadas en Pasto y en el libro Portaliras Nariñense recopilado por el sacerdote Samuel Delgado O.D. del que se extrajo algunos versos del poema Expiación, que se publicaron a continuación.

 

Expiación

(Del poema Elída)

Al triste salmodiar del marinero,

grito de lo hondo de su ser que muere

apurando el esfuerzo postrimero

en un agonizante miserere;

al gemir melancólico e idiota

de maderos y jarcias de un navío

que en calma chicha sobre el mar rebota,

logré volver al pensamiento mío.

 

El timonel, un hombre campechano

más como el mar, de nubes y de lunas,

imagen misteriosa del océano

con sus diafanidades y sus brumas,

contome cuál por dicha de su abordaje

a tierra a reparar su jarcia rota,

salvome en un abismo

la fiel tripulación de La Gaviota

sorprendido de horrible paroxismo.

Hecho un cendal cual quien por risco trepa

y sus carnes desgarra y sangre brota

por sus músculos todos gota a gota,

como ocurriera al príncipe Mazeppa

que atada a una enjalma

fue exánime en su bruto,

tal yo pague mi natural tributo

sintiendo herido el cuerpo y muerta el alma.

 

De acuerdo con el intelectual Víctor Sánchez Montenegro, Velasco fue un  hombre de letras,  quien para la fundación  la Biblioteca del Centenario donó un extenso lote de libros, lo que demuestra su espíritu filantrópico y su convicción de la importancia de la lectura para el progreso de una sociedad. La Biblioteca del Centenario se creó alrededor de 1910 y funcionaba en el edificio de la Gobernación de Nariño, hasta aproximadamente los años cuarenta del siglo XX, se cerró por problemas administrativos, políticos y porque algunos de los usuarios hurtaron parte del material. Los libros restantes formaron parte de la biblioteca de la Casa de la Cultura, libros que hoy se encuentran guardados en cajas y que se confía en que en los próximos años integren la Biblioteca del departamento de Nariño. Proyecto en ciernes que debe ser apoyado por los gobernantes y por la sociedad.

 

Para concluir, es conveniente que las autoridades culturales del departamento se interesen en editar de nuevo el libro: De Panamá a Pasto, la riqueza de su información permitirá investigar algunos aspectos poco conocidos de la vida cotidiana, de la geografía, de la historia y de la política, de varias poblaciones nariñenses entre 1875 y 1910.

 

Nota: Para la elaboración de este artículo, la autora agradece la colaboración de Dayana Rosas, auxiliar de asuntos culturales del Centro Cultural Leopoldo López Álvarez (Pasto) y de Camilo Moreno, bibliotecario de la Academia Colombiana de Historia (Bogotá).

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