En los coloridos y ajetreados pasillos de la galería de Tumaco, donde el aroma a pescado fresco se mezcla con la salinidad del mar, Epifanía Montaño dedicaba sus días a pelar y vender mariscos, una labor en la que lleva años. Su vida y su enfoque sobre el negocio, sin embargo, cambiaron radicalmente al conocer a Daniela Portela, una joven zootecnista de la Universidad Nacional, quien le presentó una perspectiva inesperada sobre su trabajo y su potencial.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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