Hay bipolaridad de Santos en el manejo de los temas agropecuarios: campesinos

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Foto: Archivo.

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No está clara, para los campesinos la posición de Juan Manuel Santos frente a los asuntos agropecuarios.

Mientras en la Cumbre Agraria anuncia que empezará a pagar la deuda histórica con el campo, le hace el quite al asunto de las Zonas de Reserva Campesina, ZRC.
La dirigencia campesina mira con preocupación cómo se han producido hechos en las últimas semanas que demuestran que el presidente Juan Manuel Santos no tiene una directriz clara para enfocar este asunto en procura de darle beneficio a los propios habitantes rurales.
Por un lado se encuentra con dirigentes de todo el país en la denominada cumbre agraria nacional, en respuesta a un compromiso suscrito desde el paro del año pasado. Allí va acompañado de gran parte de sus ministros y al hablar ante el público asistente, más de 600 campesinos de todo el país, involucra el reivindicación del campo, como elemento fundamental para asegurar una paz duradera en Colombia.
Lo mismo dicen sus ministros, empezando Luis Eduardo Garzón, quien no dudó en asumir que la paz será hecho más temprano que tarde y en ese sentido las consideraciones presentas y futuras sobre el agro deben estar ligadas a la suerte del país.
Por supuesto no será una tarea fácil, empezando por la brecha que hay entre el vacío financiero del sector, que debe llegar a unos 2.5 billones de pesos y lo que el Gobierno tiene presupuesto para el sector en los próximos años, unos 250 mil millones de pesos.
No a las zonas de reserva campesina
Pero por el otro lado, la actitud del gobierno frente al tema de las denominadas es la de eludir cualquier discusión mientras esta no sea necesaria.
Algo que le va a quedar muy complejo, pues si bien no asistió la reunión de la Anzorc, es un elemento que prácticamente se ha convertido en el caballo de batalla de los campesinos junto a la búsqueda de su reconocimiento político.
Según la Página Web Prensa Rural: “Sergio Jaramillo, el Alto Comisionado de Paz, defiende la idea de una ‘paz territorial’, que encajaría por lo menos en parte con la idea de las ZRC”.
“Desde hace un año, la temperatura pública sobre estas áreas protegidas campesinas había bajado. Tras la firma del punto agrario en La Habana que las propuso como instrumento de desarrollo rural a nivel local, fueron diluyéndose las voces más críticas como la de José Félix Lafaurie, el líder gremial ganadero que las describía como “Marquetalias” y “cartuchos rurales” porque una de las propuestas más polémicas de estas zonas era tener la misma autonomía de gobierno que tienen los resguardos indígenas o los consejos comunitarios afro”.
“En esa época, cuando las seis reservas campesinas que existen y las otras seis que están en proceso se reunieron en San Vicente del Caguán para enviar sus insumos a La Habana, todo el peso de sus críticas caía sobre los militares y el ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón. Era a ellos a quienes acusaban de ser el palo en la rueda para que las reservas campesinas avanzaran, a quienes señalaban de estigmatizarlos como “nidos de la subversión” y de reeditar la oposición que se mantuvo vigente durante todo el gobierno Uribe, que los veía como extensiones de las Farc”.
“Ahora dicen que los negociadores de paz quieren dejar las zonas de reserva campesina en remojo hasta que las conversaciones con las Farc lleguen a buen puerto, supeditándolas a lo que suceda en Cuba y no viéndolas -dicen ellos- como un modelo válido de desarrollo rural y participación política para el campesinado en las regiones más remotas”.
“Para ellos, es una primera señal del supuesto veto que este año no vino a Tibú ningún alto funcionario del Gobierno, a diferencia de otros años. Según Anzorc, muchos se bajaron a última hora por lo que Andrés Gil llamó “las gestiones subterráneas” de Jaramillo, a quien le atribuyen un lobby adverso pese a que -como arquitecto de los diálogos- ha sido el Alto Comisionado el que más ha insistido en la importancia de una ‘paz territorial’, que incluye las zonas de reserva, como uno de los hilos conductores del proceso de paz con las Farc”.
“Hicimos una convocatoria amplia y abierta. El ministro [Aurelio] Iragorri nos dijo que vendría y nada. Del Incoder tampoco vino nadie. Eso es un indicio claro: a buen entendedor, pocas palabras”, dice Javier Soto, minutos después de dar por terminada una reunión con los campesinos del Cauca en la que intentan trazar una estrategia para mejorar las relaciones con los indígenas organizados en el Cric, que no ven con buenos ojos las potenciales reservas en los linderos de sus resguardos. Como líder de una de las zonas de reserva pioneras (la de El Pato-Balsillas, que abarca 68 mil hectáreas en el norte de San Vicente del Caguán), él es uno de los integrantes de Anzorc con más experiencia”.

Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.

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