Hola, 2022

Siempre que nos aprestamos a recibir un nuevo año, nos hacemos muchas promesas, que en muchos casos no se cumplen, y, antes, por el contrario, continuamos transitando por la misma línea que traíamos. Bien dicen que la fuerza de la costumbre puede más que los buenos propósitos.

Si de verdad nos hacemos tantos buenos propósitos, empecemos con levantarnos temprano. Es bien traída la sentencia que «al que madruga Dios le ayuda». Entonces, hay que madrugarle al año con buenos y nuevos hábitos. Los seres humanos estamos hechos de hábitos, es por ello que debemos desterrar los malos hábitos para reemplazarlos por buenos hábitos.

De nada sirven las promesas que nos hacemos en los primeros minutos del año, si estamos esperando que todo nos llegue del cielo sin hacer ningún esfuerzo. Es sabido y comprobado que lo que se obtiene sin esfuerzo somete a la persona en un estado de éxtasis: «aquel que nunca ha tenido y llega a tener, loco se quiere volver». Experiencias se conocen en ese aspecto. Por eso los agüeros de fin de año no deben pasar más allá de la diversión y la motivación racional.

Tampoco tiene asidero una posición mágico religiosa que nos enseñan algunos religiosos, donde se obtiene el paraíso con el pago de indulgencias. Las enseñanzas de Jesús deben contribuir a ser mejores seres humanos. Pero no hay tal, cuando quienes se dicen cristianos son los más corruptos y mentirosos, son los más ricos en nombre de la pobreza de Jesús. Por lo tanto, debemos despertar del letargo al que nos someten quienes predican la palabra de Dios para vendernos la Tierra Prometida.

El ser humano debe estar abierto a la conciencia plena, al debate político con argumentos. El ser humano es un animal político, así lo sentenció Aristóteles; teniendo en cuenta que la ciudad y las leyes son naturales.

Es evidente que el humano es lo que hace de él la educación, pero tenemos una educación que nos lleva a repetir conocimientos improductivos, que no los invitan a reflexionar. Pero estamos atados en un ciclo repetitivo que no nos invita a avanzar, porque los llamados padres de la Patria nos engañan una, dos y la las veces que quieran. Y así nos dominan y nos venden el oro y el moro. Y cuando de todos esos malos políticos surge uno menos malo, al que representa ideas menos contaminadas, lo injuriamos porque los medios de comunicación están al servicio del gran capital. Preferimos creerle a las fakes news, antes que a un profesional que se ha quemado las pestañas estudiando la ciencia.

Entonces, de nada sirven las lentejas en los bolsillos, cuando somos unos corderos mansos que aprendimos a revelarnos ante nuestro hermano de clase y a ser obedientes ante el tirano que lanza un discurso vergonzoso, y todo lo dicen y hacen en nombre de Dios soberano; como en las monarquías, que gobernaban en nombre de su Dios, y a sus súbditos les decían que ocupaban tal dignidad por designios de Dios.

Algo parecido tenemos en la actualidad, o es lo mismo con argumentos decorados con tinte de democracia, la que se nos olvida cuando saquean el presupuesto o crean nuevos impuestos para hinchar sus bolsillos; son unos negociantes con pinta de políticos.

Por lo tanto, no hay la tan mencionada prosperidad si todo lo esperamos que nos caiga del cielo y no echamos números sobre la realidad social del país. Eso solo se convierte en la anestesia mientras nos suben las tarifas de todos los servicios.

Está bien que oremos, que seamos fieles a un credo religioso, pero tampoco nos podemos olvidar que el emperador Constantino adoptó el cristianismo como religión oficial del Imperio Romano, después de haber perseguido cristianos.

Debemos creer en formas más sensatas para ser felices durante el año, y éstas son: la búsqueda de la paz, el perdón, la solidaridad, el emprendimiento, dejar de perder el tiempo odiando y viviendo de situaciones que no se dieron en el pasado.

Es hora de la renovación: brindemos un fuerte abrazo a la persona que amamos, al compañero, al amigo; si no lo podemos hacer físicamente por medidas sanitarias, hagámoslo con palabras que salgan del corazón. Pero no caigamos en el opio de los medios de comunicación y tanta bobería que muchas veces se publica en redes sociales. Mientras unos soñamos, otros nos llevan la delantera. Que en este año no nos cojan con los calzones caidos.

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