Invocando a “doña” esperanza.

Por: Carlos Giovanny Campiño Rojas.
Si perteneces al selecto grupo de los mal llamados lunáticos, ovejas negras, “raros” o simplemente “especies en vía de extinción”, y en tu rostro se dibuja una sonrisa cuando escuchas hablar de lo Clásico, de Literatura, Cine Arte o Pink Floyd, en lugar de idiotizarte con imbecilidades mediáticas que proliferan como virus en el basurero informático de redes sociales, vallas publicitarias o caratulas de Reggaetón, déjame decirte que invocas la fémina de esperanza.
Si aún no has agendado cita con el cirujano plástico más cotizado para pasar el bisturí por la geografía de cuerpo, o desistido a la seducción publicitaria de rellenar tu piel, con venenos en forma de botox o silicona, te ratifico que hay un hálito de esperanza.
Si aún no te atrapado en sus redes, el enfermizo síndrome de Dorian Gray o la insoportable anorexia y bulimia aún no ha penetrado cual perdigón en la médula de tu aposento, simplemente hay indicios de esperanza.
Si los gorditos que se desbordan como causes en las blusas no te generan trauma, o si prefieres utilizar el trueque y dar “ñapa” antes que inundarte de capital, aprendiste a exorcizar ese monstruo benigno llamado esperanza.
Si las tormentas eléctricas provocadas por los agujeros negros de las gélidas pantallas de Coltane no te secuestran con sus cuerpos raquíticos en forma de Full HD, Smart Tv o 4K has exorcizado el espíritu de la esperanza.
Si tú prioridad no es ser Rubia o “zarco(a)”, tener un Iphone o parecerte cual Cosplay a Maluma, Bad Bunny, Karol G o J. Balvin, poco a poco desbordas el cauce de la esperanza.
Si cuando vas a la playa prefieres divertirte en el mar bamboleando tus excesos, antes que enrollarte durante horas sobre el contenedor de una toalla, y en lugar de hablar de la revista Caras o TV y Novelas prefieres hablar de la revista Mal Pensante o Arcadia, hay cimiente de esperanza.
Pero si en cambio prefieres hablar de Coca-Cola o Mac-Donald, antes que Colacteos o Cigarra, temo decirte que colapsa cual baraja, “misia” esperanza.
Si consideras prescindible lo imprescindible y sacrificas la “minga” y el calor de la “tulpa” a cambio de drogas electrónicas adictivas como Facebook, Twitter Tik Tok o Whasapp, lamento decirte que desangras la esperanza.
Si tus pensamientos han cedido a los designios de una máquina, o tu corazón se hiela frente al sufrimiento humano, simplemente, se reseca cual verano la esperanza.
Si no se retuerce tu estómago cuando observas desde el palco de la plaza a un toro torturado, o desde los tablones del circo a un felino enjaulado, déjame decirte que agoniza la esperanza.
Si en tú noche se descuelga un pensamiento a favor de los marginados, y tus labios tiemblan, o tal vez sudan tus manos, cuando lees el “Extra” o amarillismo noticiario, te confirmo que revienta cual canguil la esperanza.
Si has contemplado el espinazo de la noche en plena faena del día, y has mirado en los ojos de las rosas como escurren gotas de melancolía, alimentas la esperanza.
Si los químicos que envenenan las aguas, son tu fuente primaria de riqueza y los recursos naturales una mercancía, temo decirte que envejece la esperanza.
Si en lugar de un fusil o mina quiebra pata, prefieres bombardear los sentimientos con perdigones de abrazos, has invocado a doña esperanza.

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