Referente de la cultura de Pasto, Álvaro Enríquez Ocaña, es El Personaje 10.

 Por: Rosa Isabel Zarama y Yolanda Martínez Santacruz

 El domingo 3 de octubre los amigos de Álvaro Enríquez Ocaña nos enteramos de su partida,  (Pasto 1937-2021). Nació en el hogar del importante empresario Nabor Enríquez Martínez y de Victoria Ocaña Betancur, ejemplo de mujer emprendedora. Estudió en el colegio San Francisco Javier y después de obtener su título de bachiller viajó a Italia a realizar estudios superiores de Arte y Decoración. Fue pionero en Pasto en el ejercicio de las actividades derivadas con su profesión. Aportó sus conocimientos a diferentes entidades públicas, privadas y religiosas, como a la ciudadanía en general.

En su entorno hogareño descubrió el arte, la música, el amor a Pasto, además de la cocina patrimonial de la ciudad. Se apasionó por la cocina con su abuelita materna doña Higinia Betancur de origen ecuatoriano, quien era propietaria y administradora del Hotel Central localizado en la esquina izquierda de la calle 17 con 26, establecimiento que fue famoso entre 1950 y 1970, por la amabilidad de sus propietarias, por la belleza de la casa republicana de un solo piso, la excelente cocina con recetas locales y los vistosos geranios que la decoraban. Las hijas de doña Higinia, Josefina e Inés Ocaña, continuaron al frente del negocio y cuando fallecieron, el Hotel fue cerrado.

El espíritu inquieto e inteligente de Álvaro y su sensibilidad por el arte, en particular por el arte colonial, lo convirtieron en uno de los principales expertos de la ciudad en esas materias y en un importante anticuario. Por esa razón, en 1984 en compañía de Genaro Delgado, entonces gerente del Banco de la República organizó en el Centro Cultural Leopoldo López Álvarez, una importante exposición con custodias nariñenses y otros ornamentos religiosos, patrimonio de la ciudad de Pasto. Por otro lado, su pasión por el arte colonial la vivía anualmente cuando en la temporada navideña armaba en su residencia un pesebre con piezas coloniales que eran un deleite para las personas que tuvieron el placer de observarlo.

Conocedor de la cerámica elaborada por las comunidades prehispánicas que habitaron el actual departamento de Nariño, del arte religioso y republicano del departamento y del barniz de Pasto, abogó por la creación de museos de estas expresiones artísticas y culturales. Tareas que están pendientes para los gobernantes y la sociedad nariñense.

Fervoroso admirador de los Carnavales de Negros y Blancos participó y coordinó durante varios años el 4 de enero, día de la Familia Castañeda, en donde, entre otras cosas, promovió la participación de los campesinos de los 17 corregimientos que rondan a Pasto. A finales de los años noventa, el artesano Javier Camacho reconoció los aportes que Álvaro realizó a la cultura local y a los carnavales en la carroza “El Anticuario” donde plasmó su imagen, carroza que participó en el desfile del 6 de enero en medio de aplausos.

Foto cortesía de Yoli Rosero y de Yohana Villota

Gracias a sus sólidos conocimientos sobre la cocina regional escribió un recetario privado con las sopas nariñenses. Álvaro disfrutaba cocinando solo o con sus amistades. Una pequeña parte de esas experiencias se encuentran en su artículo: “Una fiesta de aromas” publicado en el folleto Sabores de Nariño. Patrimonio Inmaterial Nariñense, editado por la Gobernación de Nariño en 2007, artículo que inicialmente apareció en la Revista Equinoccio. Sus textos fueron acompañados con fotos de elegantes presentaciones de algunos de los dulces tradicionales de Nariño que conforman el plato navideño y de la inigualable pastelería y dulces de su ciudad natal. Estas presentaciones reflejan el gusto y la creatividad que lo caracterizaban, como se observa en las fotografías.

Incursionó en el teatro y en los años sesenta formó parte como actor del grupo de teatro Candilejas para aficionados, dirigido por el abogado Gonzalo Solarte y por Emilia De la Calle, quien posteriormente fuera directora del Grupo de Teatro de la Universidad de Nariño. El abogado y músico Alfredo Verdugo Villota era el director musical de Candilejas. Álvaro facilitaba a los grupos teatrales el rico y variado vestuario que poseía, dotado de importantes piezas, algunas de ellas pertenecientes a la legendaria Romelia Martínez, su pariente. La casa de Álvaro fue siempre el centro de estas y otras actividades culturales que dieron brillo a la ciudad y sitio obligado del recorrido de los visitantes, quienes eran recibidos con gentileza y amabilidad por su anfitrión y por toda la querida familia Enríquez Ocaña.

 Marcó una época en la vida social y cultural de la ciudad y alimentó, con su capacidad de convocatoria, el amor a Pasto en personas de todos las edades y grupos sociales. Se caracterizó por su culto a la amistad, su buen humor, su charla amena, su amabilidad y su generosidad para compartir sus conocimientos con las personas que le consultaron a lo largo de los años. Reconocido por su capacidad para bromear y reírse con la gente, especialmente de él mismo, se convirtió en un ser entrañable a quien extrañaremos todos. Álvaro Enríquez Ocaña, fue siempre orgullosamente pastuso. Por estas y otras razones merece con creces ser el Personaje 10.

Comentarios

Comentarios