En Nariño hay una queja que se repite en plazas, hospitales, canchas y reuniones de comerciantes: el Gobierno Petro promete, pero incumple. En medio de esa inconformidad —que atraviesa a empresarios, al sector salud, al deporte y a distintos gremios—, el representante Juan Daniel Peñuela Calvache ha venido consolidando un perfil que hoy su campaña capitaliza: ser la voz insistente del departamento ante Bogotá.
Peñuela, abogado, docente universitario y servidor público con trayectoria en lo local y departamental, llegó a la Cámara con cerca de 47.000 votos y desde entonces ha defendido que su papel no es “figurar”, sino legislar con los pies en la tierra y ejercer control político constante.
Un congresista de “control”: cifras y método
Un resumen de su trabajo con números muestran disciplina y presencia institucional:
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1.211 derechos de petición
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22 debates de control político
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12 audiencias públicas
Más allá de la estadística, el enfoque ha sido claro: llevar a instancias nacionales problemas que en Nariño se sienten como abandono, y presionar respuestas en servicios públicos, infraestructura, frontera, economía y salud.
En salud, servicios públicos y economía: el pulso donde más duele
Entre los resultados y banderas que destaca su informe aparecen acciones en:
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Servicios públicos y salud: gestión para el pago del subsidio al gas GLP en cilindros, denuncias por suspensión de servicios de salud y no entrega de medicamentos, e intervención administrativa a Comfamiliar Nariño.
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Economía y empleo: defensa de microempresarios no pagados por la USPEC y medidas para gasolina y ACPM más baratos para Nariño.
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Infraestructura y ambiente: seguimiento a la crisis del agua en Ipiales, contingencia por la vía Panamericana en Tangua, y postura de no al peaje del Contadero y no a la valorización Pasto–Ipiales.
En frontera y conectividad regional, también resalta la apertura del paso La Espriella–Río Mataje y el impulso a la formulación e implementación del Pacto por Nariño.
La agenda legislativa: del PAE al campo y el deporte
En el Congreso, su agenda se ha movido alrededor de temas sociales y de desarrollo: erradicación de la desnutrición infantil, un PAE digno y sin corrupción, fortalecimiento del campo con industria agrícola, educación pertinente, y el impulso a deporte, cultura y turismo, además de protección de biodiversidad e igualdad de género.
“La voz de Nariño” y el termómetro de campaña
En su campaña repiten un lema: “el que SÍ habla por Nariño”. Y, según lo que se escucha en recorridos y encuentros sectoriales, esa idea ha prendido porque conecta con un sentimiento extendido: la necesidad de alguien que incomode al poder central cuando el territorio no recibe lo prometido.
Por eso, en su entorno político sostienen que la campaña va muy bien: porque Peñuela se convirtió en un punto de referencia para quienes reclaman cumplimiento —empresarios, usuarios del sistema de salud, líderes deportivos y comunidades— y buscan que Nariño no vuelva a quedarse al final de la lista.
En un departamento acostumbrado a resistir, el balance que él intenta instalar es simple: control político, gestión y presencia. Y en la recta electoral, esa fórmula empieza a traducirse en respaldo.




