La difícil senda democrática

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Producto de las declaraciones del presidente Gustavo Petro sobre la ausencia de recursos para la reparación integral a las víctimas del conflicto armado y la compra directa de tierras para el Fondo de Tierras acordado entre el Estado y las extintas FARC-EP en La Habana, tenia pensado escribir esta semana sobre el costo de la implementación del Acuerdo Final de Paz -deuda que saldaré la próxima semana-, sin embargo, los últimos hechos políticos reclaman nuestra atención y detenernos a reflexionar sobre ellos para intentar comprenderlos.

De tiempo atrás, sin no mucho éxito, he querido volcarme al estudio de los procesos políticos derivados de victorias electorales de fuerzas políticas progresistas y de izquierda en América Latina. En particular, estudiar de qué manera reaccionaron las fuerzas políticas tradicionales y de derecha ante estos procesos y qué estrategia trazaron para recuperar el gobierno de sus respectivos países. Es importante saber lo que siente y piensa el adversario político, tanto como su forma de actuar en la palestra pública como en los salones privados.

Traigo esto a colación porque siento y pienso que la victoria histórica de Gustavo Petro y Francia Márquez en las urnas nos ha sumido en un sopor del cual aun no logramos salir. El ensimismamiento tradicional de las izquierdas en Colombia se ha transferido al Gobierno Nacional y, pese a los esfuerzos por abrir y mantener abiertos los canales de diálogo entre las comunidades y éste, la configuración histórica de la forma de gobernar en nuestro país mantiene a los y las más lejos de los escenarios de la toma de decisiones, lo cual lacera la apuesta política elegida.

Y es que, ser gobierno no es lo mismo que ser poder. Si bien hoy el progresismo es gobierno en Colombia, dista mucho de ejercer el poder, lo cual lo ha sumido en una posición defensiva, principalmente en relación a sus reformas estrella, de las que aun no emergen victorias tempranas y en virtud de las cuales las fuerzas políticas tradicionales -aquellas que cumplen de correas de transmisión de los intereses de quienes en efecto son poder-, han reaccionado ferozmente, quizás como nunca antes en nuestra corta historia republicana, quizás, porque como nunca antes los intereses de quienes realmente representan se ven amenazados.

Analizar la estrategia política del adversario resulta estanca sino se la somete a una reflexión y crítica dialéctica con la del sector político al que se esté adscrito. Realizar un ejercicio de este orden decanta aun más el sendero que deberá seguir el Gobierno Nacional ante el ocaso de su efímera coalición con los partidos que tradicionalmente han defendido el statu quo en Colombia. Ahora más que siempre debe quedar absolutamente claro que las grandes transformaciones en Colombia se conseguirán a través de la movilización social y no en el Capitolio Nacional. La difícil senda democrática pasa por salir del sopor de la victoria y por continuar profundizando la democracia, siempre, hombro a hombro con las comunidades en los territorios.

Coda: Ante el asomo de cambios en Colombia, hace ya muchos años, Laureano Gómez advertió que harían “invivible la República”. Años después, incluso antes del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, se desataría La Violencia en nuestro país. Puede que los métodos cambien, pero no hay duda de que la derecha no tendrá escrúpulos a la hora de defender sus intereses. Aquello no es otra cosa que lo que han sabido hacer por más de 200 años.

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