La granja de Sonia Navia

 

Por: Vicente Apraez Apraez

Esas expresiones exageradas de amabilidad con que los habitantes de nuestra región usualmente se prodigan con las personas extrañas al medio, contrasta con la pugnacidad que en cambio reverbera espontáneamente contra los propios que desde el interior de la génesis social se destacan o proponen, “Perro no come perro pero pastuso si come pastuso…”, dijo alguien sabiamente.

El menosprecio por nuestros valores autóctonos y la falta de interés en nuestra historia es tan grande como la forma en que, sin reacciones proporcionadas permitimos que se nos  irrespete, tal el caso de la complacencia con que al parecer se acatan ciertas designaciones que de manera autócrata se hacen al conformar las listas de las corporaciones que irremediablemente han de marcar los destinos futuros. Para el análisis, baste mirar el caso de las listas de Senado del movimiento llamado “Uribe Centro Democrático” que con innegable fortaleza se proyecta como dogma de fe, en él, lo más nariñense que aparece es el nombre de una sobrina de Samuel Alberto Escruceria y prima hermana del “betico”, de tan ingrata recordación. Ama de casa abnegada y buena señora ella, pero nada representativa y mucho menos nariñense.

Como se sabe, a Uribe como le sucedió antes en Popayán, en Pasto lo recibieron más con abucheos que con parabienes, seria tal vez por la gratitud que a nuestro pueblo le merecen sus 8 años de esterilidad gubernamental. Que se recuerde dentro de esos dos periodos a ningún nariñense honró con una posición desde la cual a caso se pudieran agenciar obras y desarrollos tan necesarios para borrar la brecha cada vez más grande entre nuestra marginalidad  y el progreso de otras latitudes. Y no se diga que para algo sirvió el fugaz paso de un ilustre pastuso por la Dirección Nacional de Planeación, cuando lo cierto fue que lamentablemente ninguna de sus iniciativas pudo cristalizarse. Total pues, Uribe pasó por la presidencia de Colombia sin dejar para Nariño sino el tufo de las promesas hechas en sus populistas consejos comunitarios.

De esa manera puede decirse que lo de la lista para Senado, resulta consecuente con todo lo anterior y por supuesto concordante con el desdén con que las autoridades, los dirigentes y con peor estilo y cada vez más, los medios tratan a un departamento que consideran prácticamente inexistente. Si de buscar explicaciones se tratara, quizá todo se deba a la falta de peso específico de una representación política tan anodina como esa que de año en año elegimos reelegimos y volvemos a elegir. Está demostrado que, para Uribe como para muchos, los nariñenses no merecemos sino el trato que se da a los pueblos salvajes, a los cuales como sucedía en la conquista se les mandaba a colonizar por conducto de encomenderos y personajes advenedizos parecidos a los dignos herederos del Virrey Amar y Borbón. Y respecto de lo último, ni pintada para el encargo de enseñarnos a sembrar papas estuvo la Señora SONIA NAVIA, de cuyos arrogantes abusos la “Revista Semana” y muchos otros medios ampliamente han dado cuenta. Esta, por el querer y designios de ese arcángel de Dios que fue el Dr. Arias (Uribito), se hizo a esa joya de la corona que es la Granja de Obonuco, y desde allí oficia para beneficio personal y de sus patrocinadores, de esa manera y sin que nadie proteste, la mandamás de Fedepapa disfruta del producido y vivienda que le provee el fundo que con sus instalaciones constituye una empresa agropecuaria realmente envidiable. Quién es esa señora…?, qué meritos tiene, en gracia de qué condición viene a Pasto a mandar y usufructuar un patrimonio tan nuestro como el Galeras?, hasta cuando será tolerada por los pastusos?. Y respondo: POR DESIGNACIÓN DEL TODO PODEROSO, EN LA LISTA TRIUNFANTE DEL URIBISMO SONIA NAVIA REPRESENTA A LOS NARIÑENSES TODOS. VIVA SONIA NAVIA!!!!

La Granja de Obonuco, quizá el más valioso predio del Valle de Atriz, por disposición de un filántropo, a comienzos del siglo pasado fue donada al Municipio de Pasto para que este desde allí desarrollara programas de investigación y fomento agropecuario. Como quiera que por obvias razones el Municipio beneficiado careciera de medios y recursos para acometer tales empeños, con buen sentido convino que para esos mismos fines la hacienda fuera manejada por el Ministerio de Agricultura. Fue de esa manera como, por conducto del Instituto Colombiano Agropecuario ICA, surgió el gran centro de investigación agropecuaria que por muchos años benefició las técnicas de explotación racional de la altiplanicie. De allí surgieron semillas mejoradas de Trigo como el 150, el Bonza y el ICA Nariño; de Cebada en coordinación con Bavaria, y múltiples variedades de papa que como La Parda Pastusa y  la Tocarreña, ahora mismo imprescindibles en la dieta de los colombianos. El mejoramiento de la raza de ganado Hostein ocupó especial relevancia y los productos lácteos evolucionaron de la mano de la cooperación de la misión holandesa. Pero quien creyera que con el paso de los años a Pasto llegara un virus destructivo más nocivo que la polilla de la papa, ni menos que en forma de zarina la desfachatez convirtiera en patrimonio particular semejante emporio.

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