La ley del Cannabis.

Hace poco se celebró el Encuentro Cannabis Nariño que busca constituir la Cadena Productiva del Cannabis Medicinal Industrial y Científico CPCMIC- de Nariño. Tal como lo explicaron sus organizadores el objetivo era concretar una hoja de ruta para hacer una cadena productiva en el Departamento y que se integre a las cadenas nacionales. La idea estaba apoyada por varias empresas, entre ellas CannabSun que fabrica productos derivados para farmacéuticas, alimentación y cosmetología. Y son estos, justamente, tres pilares del “mundo cannabis”, que ofrece docenas de opciones comerciales.

Hace dos años reflexionábamos en esta columna sobre ello, y sobre como los derivados cannabinoides se usan en Europa para tratar la espasticidad, un problema muy complejo en la rehabilitación neurológica; y para fabricar spray sublingual, usado en pacientes con esclerosis múltiple. También decíamos que estos productos se cultivan en Colombia y que desde que se oficializó la Ley 1787 de 2016, que regula el uso médico y científico del cannabis, se han emitido 120 licencias de investigación, 247 licencias para siembra, y se han autorizado 56 hectáreas para su cultivo, tratamiento y exportación.

¿Parece una industria floreciente, verdad? Y según como se vea, lo es. 18 departamentos ya tienen licencias, genera casi 50 millones de dólares al año y según Fedesarrollo (en una previsión hecha antes de la pandemia), se espera una ganancia de 791 millones en el 2025. Pero hay procesos que no están bien afinados y el de la cadena productiva es uno de ellos. Por eso, esto que está haciendo Nariño también se está haciendo en otros departamentos. En el Valle, por ejemplo, se busca coordinar necesidades hospitalarias con creación de productos, y trabajo articulado entre los ministerios de salud y agricultura.

Una cadena productiva es eso, pero también la posibilidad de generar empleo, aumentar ingresos nacionales y regionales por sus ventas, e incrementar la capacidad de innovación en ciencia y tecnología. Los realizadores del encuentro dicen que es necesario “articular el cumplimiento de la ley de cadena productiva de manera transparente, que se consoliden las instancias de este eslabón y logremos entre todos los interesados, construir la cadena productiva del cannabis en el departamento de Nariño”.

Y este que parece un problema nacional es uno de los grandes cuestionamientos que se le hacen a la industria del cannabis. Según la ley colombiana sólo se pueden exportar las semillas, pero no la flor seca, que es materia prima de muchos medicamentos (se cree que la flor representa el 60% de las ventas al exterior). Además, el comercio de cannabis necesita un registro sanitario y eso obliga a un estudio técnico que suele ser bastante lento. Allí se rompe la cadena.

¿Soluciones? Encuentros como este que se han hecho en Pasto para que todos los involucrados ayuden a plantear anexos a la Ley 1787. La expectativa de los 791 millones para 2025 hoy se ve utópica, pues las cifras anuales han disminuido. Aún así y a pesar de las críticas crecientes los ingresos por exportaciones de cannabis son enormes y la imagen de Colombia como principal exportadora de la región sigue intacta.

En cuanto a la innovación en ciencia, la Universidad de Nariño, según la resolución 3360 de 2018, puede producir cannabis medicinal con fines de investigación. Entre los derivados cannabinoides que se estudian están el tetrahidrocannabinol, el cannabidiol y el cannabinol. El futuro está por allí, porque las cadenas más sólidas se construyen a partir de la creación de un producto.

Por el momento habrá que ir rompiendo tabúes porque buena parte de la tardanza en la modificación de las leyes proviene de los prejuicios. Una legalización es impensable, eso está claro. En noviembre pasado el triunfo del NO en el Congreso fue arrollador y motivos hay. Pero todo puede cambiar dentro de unos años.

También los decíamos aquí: no es fácil luchar contra el estigma, sobre todo en un país que ha sufrido tanto por esto. Recordemos que el comercio ilegal de marihuana desató guerras infernales en la Costa Atlántica en los años 70 (los Cárdenas y los Valdeblánquez), antes de la aparición del narcotráfico. Y tampoco es sencillo asociar con la ciencia a un producto siempre asociado con el delito. Esto genera un debate moral y una desconfianza intrínseca.

Pero también es una oportunidad para darle la vuelta a la tortilla y lo mejor es que hay una conciencia científica, agrícola y empresarial en nuestra región. Nadie dijo que sería fácil, desde luego.

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