La Merced, la iglesia más bonita de Pasto durante la Colonia

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En  1562, Pasto, los religiosos de la Orden de la Merced establecieron su convento, construyeron la iglesia de La Merced y, aproximadamente, en 1565 trajeron una imagen con la advocación de la Virgen de las Mercedes. La confianza de los pastusos en los mercedarios y en la Virgen pronto dieron sus frutos: en 1616, según el visitador don Luis Quiñónez y Mogrovejo, la Orden tenía una iglesia muy buena y una imagen de “Nuestra Señora”, a quien sus habitantes le tenían mucha devoción. Lustros después a mediados del siglo XVII, la comunidad erigió un nuevo templo con ayuda de la población.

Sin embargo, en la Colonia y en los primeros años republicanos, la ubicación del templo difiere de la actual localización. Lo anterior se confirma al observar el plano de 1816, en donde la iglesia de La Merced está identificada con el número 6, lo que significa que tomando como referencia a la calle 18 con carrera 22, el templo en sentido oriente-occidente no se encontraba a la izquierda como se encuentra en la actualidad, sino en el costado derecho. Más adelante se explicará a que se debió ese significativo cambio. El plano fue publicado por primera vez en el libro de Alberto Corradine: Historia de la arquitectura colonial colombiana (1989), una versión modificada se adjunta a continuación.

El jesuita Mario Cicala en su libro: Diccionario Histórico-Topográfico de la provincia de Quito de la Compañía de Jesús, mencionó a la iglesia que conoció  en 1743, cuando  pernoctó en Pasto en su viaje hacia Quito. Cicala describió el templo con palabras halagadoras:

[…] de la iglesia diré tan solo una cosa, que es tan grande, ancha y en altura tan proporcionada, de una sola nave, con su crucero, pero que desde el piso del pavimento hasta el artesonado tiene todas las paredes forradas de madera tallada, arabescos, hojas, flores y otras labores preciosas, todas en alto relieve, de maderas finas y de puro cedro; y todo dorado con oro finísimo sin que aparezca un dedo de pared ni de argamasa, pedestales (base de planta cuadrada que soporta una columna), pilastras (columna construida dentro de una pared), arquitrabes (parte inferior del entablamento que se apoya directamente en las columnas), cornisas, medias pilastrillas, cornisas de las ventanas, etc. Todo, todo, es la mencionada madera dorada. Entrar en aquel majestuoso y soberbio templo es como entrar en un pequeño paraíso, donde la mirada queda sorprendida y el espíritu atónito y estático. ¡Que ingentes gastos debieron hacer en aquella obra tan grandiosa y peregrina, cuánto oro finísimo se debió emplear para dorarla toda!

La descripción arquitectónica del interior del templo corresponde al estilo barroco que se caracteriza por una decoración exuberante en madera tallada y dorada debido al pan de oro con que se recubría la madera. Algunos ejemplos del barroco en América Hispánica son la iglesia de la Compañía de Jesús en Quito o la capilla del Rosario en Tunja. En Pasto, una obra de tan magnitud se logró gracias a varios factores: entre ellos, a la generosidad de numerosos habitantes quienes donaron oro, dinero en efectivo y bienes, quienes tenían una profunda confianza en la intercesión de su patrona, para superar situaciones como: temblores, erupciones del volcán, sequías, guerras, además de otras calamidades y, de su capacidad para hacer milagros. La decoración del interior del templo con pan de oro, en parte, fue posible, porque en los años en que se construyó la iglesia, la ciudad de Barbacoas atravesaba por un gran auge en la extracción del metal aurífero, suceso ocurrido entre 1635 y 1680. Entonces, resulta convincente considerar que parte del oro barbacoano fue empleado en ese propósito, aunque a Pasto llegó también oro de Mocoa.

La hermosa construcción se levantó en los suelos arcillosos e inestables propios del sector. Esa particularidad contribuyó a que sus tapias se resintieran con las réplicas de los terremotos que provocó el volcán Cotopaxi en 1768 y en 1785. En cuyas circunstancias, el 9 de septiembre 1768, los mercedarios acudieron al cabildo de Pasto con el fin de pedir ayuda económica para la reparación de la iglesia. Los sacerdotes anotaron: “[…] que el famoso artesón de madera, escultado (sic) y dorado y demás costosos adornos se hallan rotos, y desplomados dos arcos de los principales que forman el crucero”. El cabildo solicitó ayuda al rey para la reparación, pero, no hubo ni recursos ni voluntad política: la Corona tenía en mente el aumento de los tributos que años después propiciarían los movimientos comuneros. Entretanto, a nivel exterior, España enfrentó la guerra con Inglaterra (1779-1783). Por ahora, se desconoce si la iglesia fue sometida a algún tipo de arreglo en los últimos lustros del siglo XVIII.

La larga guerra de Independencia que vivieron los pastusos también contribuyó al deterioro de la iglesia y del convento de la Merced, ya que, junto con el abandonado convento de los jesuitas, el monasterio mercedario fue usado para el alojamiento de los militares republicanos, quienes clavaron estacas en las paredes, destruyeron un segmento del piso, una parte del techo del claustro y dejaron el convento lleno de suciedad, entre otros daños. En esa época, y en los años siguientes ni los mercedarios ni la ciudadanía contaron con los recursos económicos para reparar el templo. Unos años después, los fuertes movimientos sísmicos que ocurrieron en la ciudad, principalmente, el del 20 de enero de 1834, destruyeron o debilitaron numerosas construcciones públicas, religiosas y casas particulares. Entre ellas, la iglesia de La Merced, que otrora hermosa, quedó en el piso.

En esas circunstancias, los mercedarios necesitados de construir un nuevo templo, permutaron el lote de la iglesia y el del convento por una cuadra de mayor tamaño que pertenecía al señor Nicolás Chávez, localizada al frente de la iglesia destruida. En 1835, los religiosos para adelantar la obra vendieron una cuadra adjunta a la construcción derrumbada, lo que les permitió contar con una mayor cantidad de recursos para cumplir con su propósito. La nueva iglesia, sobre el costado izquierdo de la calle 18 con carrera 21 tenía otra ubicación y dimensiones más amplias, pero, carecía de la majestuosidad que daba el pan de oro. Corrían otros tiempos.

Así, el terremoto de 1834 acabó por completo con la más importante edificación de la arquitectura colonial pastusa: la iglesia de La Merced, gran hito artístico y religioso de la ciudad. Por ahora, se desconoce a dónde fueron a parar los ricos artesonados elaborados con pan de oro. El historiador pastuso Tomás Hidalgo (1867-1895) escuchó de sus antecesores las descripciones de ese templo y narró su belleza. Fragmento que se encuentra en el libro del jesuita Jaime Álvarez: Este día en San Juan de Pasto y en Nariño:

Los Mercedarios edificaron en esta ciudad, la Iglesia más suntuosa de que hay memoria en Pasto y que según lo que se nos cuenta, podía rivalizar con las primeras catedrales de España, pues según documentos auténticos, solo la portada sostenida por leones de oro costó ochenta mil pesos a los españoles. Desgraciadamente fue arruinada en parte por el terremoto de 1828 y en su totalidad por el terremoto de 1834 que se hizo sentir especialmente en los barrios convecinos a esa iglesia.

A lo largo del siglo XIX, XX y el siglo XXI, el templo de La Merced atravesó numerosos retos de diversa naturaleza que la comunidad mercedaria, la diócesis y la ciudadanía de Pasto solucionaron,  porque la fe en la Virgen de las Mercedes continúa incólume.

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