LA MUERTE DE EDUARDO, Y UNA EXHORTACIÓN CONTRA LA VIOLENCIA

En la muerte de Eduardo Calderón, un estudiante de la maestría de Derecho, en la Nacional, a quien tuve como alumno en uno de mis cursos en la carrera de Derecho, hace alrededor de 5 años.

Hace una semana larga, que, circunstancialmente, escuché a un excompañero, quien estaba en la fotocopiadora Felipe, comentar que Eduardo lo habían apuñalado en un disputa al frente de su casa. Recordé que lo había visto dos meses atrás en la fotocopiadora, y comentamos sobre su inmediato interés investigativo. Y le propuse que trabajara en el tópico de la excepcionalidad, sobre el que trabajo actualmente en relación con el régimen presidencial. Y quedé a la espera de su noticia. Ahora, me entero intempestivamente, de su muerte brutal y absurda.

 

Lo que se sabe públicamente

 

Leyendo el periódico hoy, aparecen detalles de su muerte, con antecedentes en una vieja querella. Eduardo reclamó hace 11 años, junto con su madre, por el vigilante del edificio que habitan, porque no cumplía con su cargo, y en particular, para atender a la llegada de su hermanita de 9 años, cuando llegaba del colegio. 

 

El vigilante, dice la información, se la pasaba conversando con el celador Miguel Prieto, quien aparece ahora como quien apuñaló en dos oportunidad, a Eduardo en una carnicería vecina, cuando él paseaba a su perro. Con el agresor estaban también los hermanos Ávila Mahecha, dueños de una oficina aduanera del que Prieto era el vigilante.

 

Martha, la madre, oyó los gritos de su hijo, y salió a defenderlo, pero ya era tarde. Prieto, autor de la agresión mortal del pasado 16 de abril se entregó a la Fiscalía, y sus patrones, los Ávila, están a disposición de las autoridades, y han rechazado cualquier responsabilidad en el homicidio.

 

Una sugerencia

 

Yo espero, que sus colegas, la maestría, la Decanatura de Derecho contribuyan en esclarecer la situación que se comenta; y que la justicia colombiana repare lo irreparable. Y pensemos en cómo detener tanta bestialidad en el modo de atender a los reclamos e incidentes que pueblan a Bogotá de desgracias por la intolerancia y el irrespeto a la vida humana, por civiles y autoridades.

 

Por lo pronto, quiero manifestar mi indignación, el repudio a este violencia cotidiana que mina cualquier convivencia en la ciudad que habitamos y queremos, efectivamente, humana como reza la propaganda oficiosa.

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