La música en sociedad

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Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

Se realiza por estos días en la Universidad EAN de Bogotá una nueva edición del BIME, evento destina a facilitar los encuentros entre todos los actores de la industria musical: artistas, productores, medios, realizadores visuales, casas disqueras, bookings o plataformas digitales. Yo vengo invitado para hablar de conservación de discos de vinilo y preservación del patrimonio musical, otro factor de esta inmensa escena. El vinilo ha cobrado una fuerza inusitada, pero falta mucho conocimiento al respecto, desde fabricación hasta cuidado.

Por aquí han pasado tres músicos pastusos: Lucio Feuillet, Briela Ojeda y Andrés Guerrero, cada uno con una propuesta distinta, pero quienes hacen parte de la actual y vibrante escena pastusa en Bogotá, que va desde las fiestas andinas llamadas La Peña hasta la creación de productor emprendedores de “la tierrita” como el Chapil Galeras. Por ello retomo algo que dijo aquí en esta columna hace algunos años:

En estos tiempos en que ya no existen las grandes disqueras que lo controlan todo, encuentros como el del BIME son vitales, pues de otra manera es muy complicado que un artista independiente tenga proyección y ventas más allá de la escena local. Hoy en día, son cientos las bandas colombianas que ofrecen una música extraordinaria, pero que son desconocidas en el resto del mundo.

Hace ya tiempo que en Radio Gladys Palmera vemos como Colombia es un país líder en la música denominada latin alternative, es decir fusión de folclor, electrónica y músicas del mundo. Las mezclas imperan y las reinterpretaciones de salsa, soul, cumbia, jazz, rock y sonidos andinos también.

Los tres casos citados son una muestra:

Andrés Guerrero es un viajero incansable. Dueño de un espíritu indómito que lo ha llevado a descubrir por si mismo las músicas de Salvador de Bahía, Recife, Buenos Aires y Lima, e incluirlos en su propuesta de rock alternativo. Los dos restantes hacen parte, además, de una producción discográfica hecha en España: el álbum Gladys Palmera Compiled by Andy Grey, hecho en Madrid por Gladys Palmera Records.

Briela Ojeda se dio a conocer en Europa con su álbum Templo Komodo, pero ya venía haciendo cosas extraordinarias. Que yo recuerde, el inolvidable Miguel Camacho fue quien la presentó por primera vez para Colombia en su programa Jazz con Sabor Latino. Ella venía de influencias diversas como La Lupe, Donna Summer, Celia Cruz o Amy Winehouse, y por eso se notan aromas de rock, blues y son cubano en su obra, de la misma forma que está presente el estilo de canción de autor que hizo Lucía Pulido en los años 90, que continuó Marta Gómez en los 2000 y que ha seguido su partner La Muchacha en los últimos tiempos.

Lucio Feuillet ya es un consagrado. Su aparición en la música nariñense fue toda una revelación, porque cogió aquello que más le gusta a la gente del sur y lo aplicó a su fórmula de canción. Mantuvo la esencia de las canciones típicas como La Guaneña, El Cachirí o El Miranchurito y siguió los preceptos del venezolano Enrique Bolívar Navas con respecto a la salsa. Bolívar decía: “Y aunque fue el pueblo campero quien le dio cuerpo rítmico al son cubano… las calles del Bronx le ponen Blue jeans y trombones para cantar con estoicismo y desesperación la sórdida aventura de vivir en la gran ciudad”. En su caso en particular no hay desesperación ni sordidez. Por el contrario, hay un tratamiento muy jazz y hasta sinfónico, con sus interludios para canciones populares.

Pero Pasto tiene más que ofrecer. A los tres citados podríamos sumar, que yo sepa, unas diez propuestas alternativas, novedosas e independientes. Hay muchas bandas y música en la ciudad, pero la mayoría son más puristas: grupos de rock, de metal, tríos de boleros, baladistas, conjuntos de salsa, jazzistas y orquestas tropicales. Hay una escena pastusa no sólo en Bogotá, sino en el propio Pasto.

Pero es vital que todos los demás músicos de nuestra tierra sean conocidos y tengan capacidad de continuar y vender más allá de nuestras fronteras y de nuestros carnavales y fiestas, que son para la mayoría los únicos espacios donde moverse. Un ejemplo de esto es el empeño y dedicación de Diana Coral para crear el Congreso Virtual sobre la Industrial Musical en Nariño, ECO, un evento que se realizó en 2021 y en el que 50 expertos pusieron sobre el tapete sus experiencias y dieron a conocer sus enseñanzas acerca de todo lo que tiene que ver con la música detrás de la música.

Sin embargo, es evidente que falta apoyo institucional para que esos músicos asistan a eventos como este, que cada día serán más recurrentes, pues la música los necesita. Hay muchos ejemplos colombianos e iberoamericanos. Apoyémoslos.

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