La ropa usada

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La famosa ONG Greenpeace se propuso hace un tiempo un plan muy ambicioso: seguir la pista a 29 prendas de ropa con el fin de conocer cómo es la segunda vida que tienen las prendas después de ser depositadas en un contenedor. Como bien se sabe, las ciudades europeas disponen de contenedores de reciclaje donde se puede dejar la ropa que ya no se usa.

La verdad es que la iniciativa me hizo acordar de una pregunta que nos hacíamos mis amigos y yo en la adolescencia cuando vendíamos ropa vieja en el sector de La Mocha, junto a iglesia de La Panadería en Pasto, y con ese dinero nos íbamos a jugar bolos y a comer carnita con arepa. ¿A dónde iba a parar todo eso?

La reutilización de ropa usada siempre ha estado presente en Colombia, pero por nuestro clasismo arraigado y demás prejuicios, era mal visto; una especie de delito, una afrenta contra la capacidad económica de nuestras familias. Por eso, lugares como aquel de La Mocha eran clandestinos, aunque cumplían la labor a la que se han destinado estos contenedores modernos y europeos. Trasladado a Bogotá esos lugares eran hace tiempo Plaza España y San Victorino.

Usar ropa vieja no es un pecado. De niños heredamos la ropa de los hermanos mayores, y en España lo más habitual es pasar lo que nuestros hijos ya no usan cuando crecen, a los hijos pequeños de los amigos, vecinos y conocidos. Además, hay un almacén Humana, dedicado sólo a ello, en todas las ciudades grandes y las APPs dedicadas a este mercado son un éxito, como Vinted, que se hace llamar “la comunidad del armario”.

La emigración colombiana que empezó con fuerza inusitada en 1998 ha traído de vuelta estas prácticas al país y eso ha permitido el advenimiento de empresas dedicadas a esta especie de reciclaje. Hoy, de acuerdo a un estudio publicado por Consultamos, el mercado de la ropa de segunda mano ha crecido en un 450% desde 2015. Y se estima que el alza no ha hecho más que empezar.

Según la web Fashion Network, los colombianos, alejados de diferentes estigmas sociales compran ahora prendas de segunda, con una frecuencia hasta tres veces inferior a la de la compra de prendas nuevas, cifra que antes era de diez a uno.

Por su parte, el diario La República, afirma que el panorama de este mercado ha dado un giro de 180 grados gracias a iniciativas como Go Trendier, Closeando, True Love and Poems, Retro Soul Tienda, Priyanka Vintage, Garage Sale, Renueva Tu Clóset y Bronce Alana, entre otros,

Go Trendier es española, surgió en 2017, ha comerciado más de 4 millones de prendas, tiene 2,2 millones de usuarios y registra un crecimiento anual de más del 300% solamente en Colombia.

Closeando se dio a conocer hace poco por su oferta de ropa de marcas famosas y aumentó su reconocimiento gracias a una alianza con Almacenes Éxito. La mayoría de sus compradores son mujeres entre 18 y 25 años, un Target juvenil que busca opciones entre 300.000 prendas ofrecidas.

En esta misma línea de oferta se inscribe True Love and Poems y Priyanka Vintage, mientras que Retro Soul Tienda es un emprendimiento paisa que ofrece prendas de los años 70, 80 y 90 al mejor estilo de los locales que hay en el barrio de Alphabet City en Manhattan o en el de Tribeca en Brooklyn, Nueva York.

Hasta aquí todo bien, como diría El Pibe Valderrama, pero hay que tener en cuenta que Colombia es un país endogámico en la materia, al igual que todos los países latinoamericanos. Es decir, es productor y consumidor de sus propios productos y lo que se importa es ropa nueva, no ropa usada. Las 29 prendas de ropa usada que ha seguido la pista Greenpeace han llegado a todo el mundo, menos a América Latina, con dos excepciones: República Dominicana y Chile.

“América no es un destino habitual de la ropa usada y residuos textiles que se generan en la Unión Europea”, dice Greenpeace. “Uno de los dispositivos (de seguimiento instalado en las 29 prendas) ha aparecido recientemente en Chile, en la capital Santiago, en la sucursal chilena de una entidad de gestión de ropa usada española, a más de 10.000 kilómetros del contenedor donde se depositó. Este país cuenta con uno de los casos de contaminación por residuos textiles, tristemente, más emblemáticos. Montañas de ropa usada se acumulan por el desierto de Atacama que lo han convertido en un enorme basurero de residuos textiles reconocidos a escala global”.

En efecto, la falta de un reciclaje puro y duro de ropa es un problema acuciante y Colombia no es la excepción. Por el contrario. De acuerdo con un estudio publicado por la BBC, el país desecha más de 1.000 toneladas de prendas de vestir al mes. El impacto ambiental que eso supone es grande, pues tal cantidad es imposible de reciclar en poco tiempo y la ropa abandonada tarda más de cien años en deshacerse.

El informe estima que un colombiano promedio consume entre 7 y 15 kilos de textiles y moda al año. Y Fashion Network concluye: “En un país de casi 50 millones de habitantes las cifras de resultado son exorbitantes y de no hacer algo al respecto, Colombia sería peor que China en menos de una década”.

Por eso las iniciativas de ropa usada son tan importantes. La web analiza los indicadores mundiales y estima que “por cada prenda de segunda que se compra en lugar de una prenda nueva se ahorra hasta un 80% de la huella de carbono”.

La huella de carbono es un indicador ambiental de los gases de efecto invernadero emitidos por un producto. Debido a ello algunas marcas internacionales como H&M han comenzado a apostar por la moda reciclada. En el caso colombiano es lo que viene haciendo Enka al reciclar textiles en nuevas fibras.

Al respecto, Greenpeace concluye: “El modelo de producción y consumo de ropa es insostenible. La producción de prendas no para de crecer, los armarios se llenan de ropa nueva y los contenedores de reciclado también, de ropa usada pero cada vez menos usada. El término fast fashion ya se ha quedado obsoleto y ya se habla de ultra fast fashion. El Black Friday es un símbolo de este modelo perverso y que no se puede sostener sin generar un gran impacto ambiental y social en países del Sur Global. Mientras las grandes marcas de ropa te piden que compres más, te animan a darle una segunda vida a tu ropa. Lo llaman economía circular porque extiende el ciclo de vida de los productos, pero, ¿lo hace realmente?”.

Por supuesto, Greenpeace ataca a la industria sin miramientos. No esgrime una propuesta empresarial y de producción. Esa es la que hay que hallar. Indudablemente hay que encontrar una salida que beneficie a todos.

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