Leer el entorno

Un amigo me compartió una entrevista con el profesor Antonio Basanta dentro de las jornadas Aprendemos Juntos, que impulsan el BBVA y el diario El País. Basanta es doctor en literatura hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y ha dedicado toda su vida profesional al fomento y desarrollo de la lectura. Y entre otras cosas dice: «La lectura es, desde luego, anterior a la escritura e incluso anterior al lenguaje. Los seres humanos, si somos lo que somos, es porque desde el origen fuimos lectores. Lectores del entorno, del rayo, del fuego, del bosque, del mar. Lectores de nuestros semejantes, de su risa, de su llanto…».

Y me recordó algo que aprendí cuando trabajaba en el Cerlalc, Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe en Bogotá. Una de las cinco líneas de acción del Cerlalc era y es el fomento de la lectura, y allí se advierte que el tiempo de lectura es mejor compartido o al menos que de pie a ello, cuando los niños son pequeños. Estamos constantemente leyendo el entorno, pero no nos percatamos de esta situación hasta que la compartimos.

Lo que pasa es que nuestro entorno es cada vez más digital. Vivimos una realidad física y una realidad virtual. En ambas hay lectura, pero mientras la física la hemos podido «domesticar», la virtual a duras penas la estamos conociendo. Esa realidad es tan grande que le tenemos miedo, la vemos como una amenaza y oponemos los libros a su amenazante presencia. Hacemos con el iPad y el iPhone lo mismo que nuestros padres hicieron con la televisión: pensar que son rivales de los libros, no aliados.

«Ahora mismo nosotros nos encontramos en una situación fascinante», dice Basanta. «Internet es uno de los aportes más fundamentales que pudiéramos haber soñado. La posibilidad de que a un simple golpe de teclado nosotros podamos acceder a infinidad de fuentes de información es algo realmente prodigioso, con lo que siempre soñó la humanidad, y que además, en este caso, tiene una posibilidad ilimitada de actualizarse… Hasta ahora esa información se ceñía a nuestra enciclopedias de papel con una paradoja, y es que en el momento en que el texto se imprimía, ese texto por quedar fijado, quedaba desactualizado».

Pero al respecto el Instituto de Política Familiar de España, anota que Internet afecta a la capacidad de lectura de los niños y que los estudios demuestran que los usuarios de la red no leen de forma lineal, sino que escanean la pantalla. «Hacen lo que algunos investigadores han denominado una Lectura en F: leen las dos primeras líneas y bajan por la izquierda deteniéndose en el centro. Después abandonan de nuevo la lectura lineal y bajan hacia la parte inferior del texto».

Esta teoría sirve de sustento al hecho de la poca permanencia en las páginas que se visitan. «Hay multitud de estímulos muy atractivos (imágenes en movimiento, vídeos, fotografías, enlaces…) que satisfacen la curiosidad, que invitan a la distracción. Así, en cuestión de instantes, se salta de un contenido a otro».

Uno de los puntos esenciales de un editor de páginas web es, por lo tanto, el engagement, o sea la tasa de rebote y el tiempo de permanencia de una persona en una web. Para Google Analytics esto es vital y es también, por cierto, un sistema muy recurrente para falsear la información. Generar clics de un segundo fue uno de los trucos ocultos de la Feria de Cali virtual del año 2020, y que propició una investigación penal contra Corfecali.

Volviendo al caso de la lectura, en nuestro entorno actual que es Internet, no nos percatamos de todo lo que podemos aprovechar de este porque no nos han educado para hacerlo. La educación escolar está creada para adaptarse formalmente al mundo digital, cambiando pizarras por tablets, pero no para tener una capacidad de discernimiento y raciocinio en nuestra lectura virtual.

Los adolescentes de hoy son infinitamente más rápidos que un adulto para encontrar información en Internet. Pero no por ello son más eficientes, porque según una investigación de la Universidad de Londres, hay una menor capacidad de concentración frente a los textos largos. Y en esos textos largos está muchas veces el secreto de algo que se investiga.

Las facultades de ciencias sociales se quejan desde hace bastante tiempo del poco rigor de sus estudiantes. Se suele culpar también a los colegios de no formar lectores. Se suele culpar a las familias de dejar a los chicos demasiado «enganchados» a los vídeo-juegos. Se suele echar la culpa con mucha facilidad, pero no se suele leer el entorno.

En ese entorno el estudiante universitario necesita estímulos distintos a la memorización, el colegial incentivos que desaten su interés, y las familias canales de ayuda en formación, porque el trabajo nos deja cada vez menos tiempo para educar. Así que mejor una tablet o un vídeo-juego en su manos. Huimos porque no somos capaces de ver más allá en esa realidad virtual.

Dice Basanta que no debemos pensar en la lectura solamente desde la disciplina de le lengua y la literatura. «Pensemos desde la totalidad de las áreas. Los centros tienen que ser centros fundamentalmente de fomento de la lectura desde la globalidad de las disciplinas para así poder acudir a las apetencias posibles de los lectores desde diferentes ámbitos».

Y coincide con la pedagoga Carmen López Suarez y con el pediatra Peter Winterstein en que «a leer se aprende fundamentalmente por contacto y por contagio, de tal modo que cualquier maestro que quiera incentivar la lectura en sus alumnos, tiene que se él primero lector. Y además expresar el amor que por la lectura tiene».

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