Leopoldo López Álvarez: el traductor del siglo.

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Por: Manuel Alejandro Pantoja Rodríguez[1]

Leopoldo López Alvarez fue uno de los principales humanistas de la historia de Colombia. Los méritos para tal reconocimiento están dados por la amplitud de su obra intelectual. Cualquier ciudadano puede consultar, en bibliotecas públicas o privadas, los artículos científicos que publicó junto a Sergio Elías Ortíz en los 9 tomos que editaron del Boletín de estudios históricos, sus dos obras históricas que elaboró siendo estudiante de derecho en la Universidad de Nariño: La destrucción del ejército patriota y la Batalla de Cuaspud, su tesis de grado en derecho sobre el Matrimonio, los siete volúmenes de sus traducciones de los clásicos grecorromanos, los poemas registrados en numerosas revistas de Pasto, las fotografías de su museo particular y, por supuesto, la magnífica imprenta de tipos griegos que importó desde el exterior para fundar en pasto su tipografía Ἀθήνη en 1938.

En esta imprenta López Álvarez publicó algunas de sus traducciones, a saber: Los Himnos de Homero, la Odisea y las Siete Tragedias de Esquilo. Todas en edición bilingüe: la mitad de la página con el texto griego y la otra mitad con la traducción de López en español. Es crucial resaltar que, sin haber fundado esta imprenta, López ya había publicado antes de 1938 buena parte de sus traducciones. Por ejemplo, la traducción de las obras completas de Virgilio las publicó en 1936, en Quito, en la imprenta de Julio Sáenz Rebolledo. Sin duda, Virgilio fue el autor predilecto de López. el humanista publicó sus traducciones de Virgilio décadas antes de la compra de la imprenta. En efecto, en 1928 publicó la traducción de un fragmento y, siendo un joven estudiante, publicó su traducción de la Égloga I en 1916. Es decir, por más de 20 años López estuvo traduciendo del latín al mantuano. No empezó a traducir, de la noche a la mañana, cuando constituyó su imprenta.

Por estos logros, López fue elogiado por las principales personalidades de Pasto que lo conocieron y estudiaron su producción intelectual. Temístocles Pérez e Ignacio Rodríguez Guerrero, señalaron que López, siendo estudiante de derecho, fue el consentido del rector de la Universidad de Nariño Benjamín Belalcazar, cura educado en las principales universidades de la Iglesia en Roma; y narran que este lo invitaba a sus tertulias, junto a la élite intelectual de la ciudad, donde declamaban poesía y presentaban sus investigaciones. Es más, el tutor de la tesis de López en 1918 fue el inigualable José Rafael Sañudo, quien afirmó ante el jurado examinador que la obra del joven Leopoldo López era de excelente calidad y una muestra del talento de los estudiantes de la Universidad de Nariño. Sin duda, los relatos son frágiles a la memoria, pero la obra de López es real, cierta, extensa, y tan desafiante que merece los más rigurosos y profundos análisis sobre su significado para el Sur de Colombia.

[1] Excandidato a la Cámara de Representantes por Nariño. Estudiante del doctorado en Historia de la Universidad Nacional de Colombia. Magíster en Gerencia para el Desarrollo y profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia. Historiador de la Universidad Nacional sede Bogotá.

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