Los indecisos y el voto en blanco en Nariño

La mayoría de encuestas sobre preferencia electoral realizadas en Nariño, aún tienen a la fecha, cerca del 35% de indecisos y aproximadamente el 20% de voto en blanco. Existe una cifra cercana del 50% de los votos que están a la espera de algo. Sin embargo, faltan escasos 45 días para los escrutinios finales. La situación atípica en elecciones regionales y locales, exige redoblar esfuerzos y estrategias para llegar a la mitad de los electores que poco quieren saber de candidatos y candidatas.

El elevado número de personas que decidieron poner sus nombres para ser escogidos en cargos de elección popular a nivel departamental y municipal, demuestra el cansancio político y el efecto “burnout” de algunos líderes. Por su parte los sufragantes están desilusionados por fenómenos como la profunda corrupción administrativa, la falsedad en las propuestas de campaña, el incumplimiento descarado de compromisos y el desgaste de la clase política.  En algunos territorios ha tomado mucha fuerza la intención de votar en blanco. Otros que siempre han vendido su conciencia, esperan que se les compre el voto en medio de un sistema electoral descompuesto.

Hasta el momento quien mantiene la intención de aproximadamente el otro 50% del voto son las estructuras de base de los partidos o movimientos, las redes burocráticas de los congresistas y las “ayudas” por cierto indebidas, de las maquinarias institucionales que se ponen al servicio de las candidaturas. Escaso porcentaje en el voto de opinión, que además en Nariño tiene graves fracturas y polarizacion de secta. Ante innumerables postulaciones, conociendo que no todas llegaran a triunfar, es un buen momento para la construcción de alianzas que sumen y de acuerdos programáticos.

No es deseable que una organización política, estando al tanto que no va a ganar, siga empeñada en una campaña en evidente asimetría o desequilibrio de fuerzas. Los altos costos en dinero, el esfuerzo físico – mental, el riesgo ante vulnerabilidades de seguridad o perturbación del orden público y en especial la esperanza del movimiento deben ser analizadas con rigor. Algunos sin medir consecuencias decidirán llegar hasta el final para contarse, pero no avizoran el elevado costo que ello implica.

Racionalismo versus romanticismo. Ninguna de las tendencias es condenable. Ambas son parte de las decisiones. La capacidad de los buenos dirigentes está en no mentirse a sí mismo, si es que de resultados se trata. Pero si la candidatura es únicamente un ejercicio pedagógico, que tiene como objetivo contar una narrativa a un público, entonces se debe ser consciente de que no es un reto electoral. Se trata de una plataforma educativa o un paso para tener algo de opción en los próximos cuatro años.

Al final del juego electoral, en el día de las urnas y luego del escrutinio, siempre se vislumbran dos tendencias o movimientos fuertes en contienda y un tercero en discordia. Los demás movimientos o aspiraciones se convierten en solo pedagogía, juramento a la bandera y hasta tendencias egocéntricas. El verdadero arte político está en tener la capacidad de realizar alianzas, acuerdos programáticos y sumar esfuerzos, sin perder idearios y esencias.

En campaña política no es aconsejable ni bueno las individualidades. Tampoco las pasiones febriles o fundamentalistas. Lo de ser de izquierda, derecha o centro es otro cuento que ya nadie cree. Es lo que hoy tenemos, al menos hasta que se reforme profundamente el contaminado sistema político electoral.

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