!!! MÁS QUE CORAJE ¡¡¡

Hablar de la muerte debe ser algo natural, palpable y notoriamente primordial para comprender la existencia, pero ante todo aceptar de antemano lo inexorable de la culminación de la vida.

¿Qué significado tiene la vida? porque estamos en este mundo y que implicaciones tiene ese existir y convivir aquí, en este ambiente meramente terrenal, son dilemas que deben permear nuestros pensamientos tarde que temprano. Como inicia en su libro: El mito de Sísifo, Albert Camus, abre el debate para tratar de entender que hay solo un conflicto importante para el pensamiento, para la filosofía. “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía.”

 

Tratar de comprender el suicidio para las personas del común es reducirlo sencillamente un acto de cobardía o estupidez. Como todo lo que socialmente y mayoritariamente es juzgado, debe ser analizado y sobretodo comprendido con objetividad.

 

Es fácil enunciar una muerte, señalar al suicidio como sinónimo de un acto de flaqueza,  pero existimos quienes creemos lo contrario, que son actos que se llevan a cabo con determinación, con coraje, con una fuerza consciente increíblemente mayor a la de los demás. Tomar la decisión de donde culminar tu vida es un acto de libre albedrío, nadie puede decidir cuándo empieza la suya, pero si tiene la capacidad de escoger cuando concluye su existencia humana. A mi juicio, es la única decisión enmarcada totalmente en el libre albedrío, aunque igualmente cualquier decisión esta permeada en todos los individuos por su contexto ya que estamos inmersos en el sistema, y somos sujetos dispuestos a la voluntad de las circunstancias, de las emociones e imbricaciones sociales, sigue siendo la decisión, por excelencia, más primordial del pensamiento y la reflexión de nuestra humanidad.  

 

En este sentido, hay varias posibilidades para materializar un suicidio, no en la forma sino en los posibles motivos para hacerlo. Entre tanto, creo que todos son valederos ya sea por la decisión irreverente de las emociones, del dolor que puede cargar algún  desahuciado individuo preso de sus emociones y la efervescencia de las mismas, ya que actúa sencillamente de la forma más humana. Sin embargo, no todo se puede ceñir a decisiones apresuradas cargadas de sensaciones, porque la verdad es que existen decisiones razonadas, que no tienen que ver con la emotividad del momento, sino con una reflexión profunda de la realidad. Es en este preciso momento, cuando cobra un valor implacable para la reflexión de los individuos, cuando se hace de la manera más racional, porque se piensa no solo emotivamente sino como sujeto fuera de un sistema de valores, de moral y sobretodo seglar en los sentidos estatal, institucional y teológico.

 

Hace un par de meses, un artículo de Héctor Abad explicaba que el sistema financiero de España no se conmovía siquiera por las protestas, por las marchas y la gente que víctima de la recesión económica perdía sus empleos, igualmente que sus propiedades y además quedaban debiendo dinero. Toda esa circunstancia llevó a la desesperación a muchas personas quienes no tenían siquiera que comer, que como salida política y emocional decidieron suicidarse por su dignidad, una forma de lucha bastante particular, aunque el hecho de una muerte no es singular, no obstante, la decisión también tiene un trasfondo político.

 

Entonces, el suicidio debe ser entendido también en un sentido político, pues al igual que la resistencia social, la desobediencia civil, la revolución y demás formas de lucha social, evidencian que es un camino político para tratar de salir, de transformar las esferas sociales y realizaciones de vida, de cambiar el sistema o simplemente no estar inmerso en el mismo. Consecuentemente, creo que las reflexiones de la realidad, del contexto y el sistema político, de la globalización y diferentes manifestaciones de modernidad y capitalismo, han evidenciado que pese a que la humanidad en tantos siglos sigue avanzando en materialismo y tecnología, pero en el sentido humano y espiritual ha sido escaso o simplemente no ha crecido. Circunstancias de reflexiones políticas, de razonamientos de lo absurdo del mundo y de la vida hacen que el suicidio sea un mecanismo efectivo para salir del sistema, de todas estas implicaciones que deterioran la humanidad y no le permiten avanzar, es en últimas una decisión de libre albedrio, sin Dios que aliene ni ley que coaccione, que te obliguen o condicionen. Igualmente estamos inmersos en un mundo de prohibiciones y como dijo el poeta ecuatoriano; Jorge Enrique Adoum, “y sigues aguantón y cobarde, solo porque el instinto, el también, quién lo creyera, te colgó su letrero, se prohíbe morir.” Fragmento de Prohibido fijar carteles. http://www.youtube.com/watch?v=SFqDgXTDVV0

 

Es entonces la decisión lo que nos diferencia de los animales, el racionamiento y, aunque el suicidio no es algo natural ni mucho menos, si es la manifestación más amplia del libre albedrio al reposar en cada individuo su futuro y su bien más preciado, la vida, porque para apagar la llama de la existencia se necesita mucho más que coraje, se necesita valor y determinación porque es un empoderamiento de lo más básico que tenemos, la vida misma y asumir que se tiene la dominio y no el paso resignado de quien espera su destino.

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