“Me gané el cariño de la gente y yo tengo que estar con la gente”: Carlos El Pibe Valderrama

Es un ídolo del balompié colombiano. Es el lirismo, la precisión en la asistencia, la velocidad mental, el liderazgo, la magia de los pocos que crean la jugada que no existe para fortalecer el juego de su equipo. Es un mito viviente, la figura de una época cuando la violencia, el narcotráfico y la guerrilla se enseñoreaban por todos lados destruyendo los más sagrados valores de la sociedad colombiana.

Es el símbolo de una generación que parecía perdida, del cambio, de la revancha, de lo que debía estar bien en un país donde las cosas andaban mal por el carácter criminal de narcotraficantes y corruptos.

Es una frondosa cabellera de hilos dorados que, desde el momento en que ponía un pie en la cancha, llamaba la atención por su carácter. Protagonista de las primeras epopeyas del fútbol nacional: el agónico 1 a 1 contra Alemania en el mundial de Italia 90, el 5 a 0 contra Argentina en el Monumental de River.

Elegido como el mejor futbolista del continente en 1987 y 1993 –el primer colombiano en ingresar al salón de la fama del fútbol en 2014–, debutó en el Unión Magdalena y pasó por varios equipos nacionales y extranjeros. Cuando se fue del fútbol, en su partido de despedida estuvieron Diego Armando Maradona, Enzo Francescoli, José Luis Chilavert y sus amigos y compañeros en la Selección Colombia.

Es Carlos El Pibe Valderrama con quien dialogamos para hablar de sus inicios, sus amistades, los campeonatos del mundo, su trayectoria, la muerte de Andrés Escobar –un episodio que hasta hoy no se supera por lo doloroso y absurdo–. He aquí una aproximación al ídolo de todos los tiempos.

Carlos, ¿cómo se descubrió su talento?

A medida que fui creciendo fuimos también subiendo de categoría en el Barrio Pescadito, en Santa Marta. Allí empecé, se organizaban campeonatos con adultos, a los diez u once años empecé a participar en campeonatos departamentales y tuve la oportunidad de representar al Departamento del Magdalena. Poco a poco y ya cuando tenía quince representé al Magdalena en los torneos nacionales y me escogieron para las selecciones juveniles y, de allí, llegué al profesionalismo; pero fue un proceso de aprendizaje, de formación y de crecimiento para lograr los sueños.

¿En qué equipo debutó?

En el Unión Magdalena, jugué unos tres años, me fui un año para Millonarios, en el Deportivo Cali jugué cuatro; luego pasé al Montpellier de Francia donde estuve tres años, uno en el Valladolid de España, regresé a Independiente Medellín y jugué en el Junior de Barranquilla otros tres años; terminé mi carrera en Colorado Rapids, fue mi último equipo en los Estados Unidos.

Usted representa un cambio generacional en el fútbol colombiano, ¿cómo influyó Francisco Maturana en esa transformación tan positiva?

Sí, como dice usted, fue un tiempo largo, porque después del año 62 que estuvimos en una copa del mundo en Chile, de ahí no logramos la clasificación. En la época de Don Willi estuvimos cerca contra Uruguay y quedamos por fuera por un gol y esa generación de Willingon Ortiz, Jairo Arboleda, Diego Edinson Umaña, todos esos grandes jugadores que fueron subcampeones de la Copa América no tuvieron la suerte de ir a un campeonato mundial. Después viene una generación, la del 90, mejor dicho, del 87, cuando Francisco Maturana hace una convocatoria de todos los jugadores colombianos, hace una exigencia a las directivas del Atlético Nacional y del Once Caldas, puros jugadores colombianos. Del Once Caldas, al profesor lo contrata el Atlético Nacional y sigue con la política de puros jugadores criollos y –en 1989– quedan campeones de la Copa Libertadores de América y esa era la base de la Selección Colombia. Nosotros estábamos en el Deportivo Cali, Carlos Mario Hoyos, Bernardo Redín y mi persona; en el América, Alex Escobar y el Pipa de Ávila; en Millonarios, Arnoldo Iguarán y Rubén Darío Hernández, esos eran los jugadores con los que participamos en la Copa América y en la selección colombiana, porque los demás eran del Atlético Nacional.

El campeonato mundial de Italia 1990 consolidó a nivel internacional la calidad del fútbol colombiano, marcó la ruptura definitiva, ¿cómo lo recuerda?

Sí, volvemos a ser respetados, a ser queridos por la gente del mundo, porque después de 28 años regresamos a un campeonato mundial; jugamos muy bien y la gente reconoció que en Colombia se juega un fútbol de alto nivel y ahí se abrió la puerta para que todos estos muchachos que están ahora… antes, teníamos tres o cuatro jugadores, ahora no, ahora tenemos jugadores por todo el mundo; eso se vino desde el 90 para adelante, porque después vino el 94 y el 98 seguidos, tuvimos una pausa de 16 años, hasta que vino la camada de Falcao, de James Rodríguez, de Ospina, de Mario Alberto Yépez, con quienes tenemos la continuidad del 14 y del 18 y estamos cerca del 22. Pienso que esta generación va a llegar al objetivo de los tres mundiales para mantenernos con las puertas abiertas.

¿Qué paso en el mundial de Estados Unidos 1994? ¿Realmente existieron amenazas en contra de los jugadores o el cuerpo técnico?

No, nos superaron. Rumania nos sorprendió y nos ganó en el primer partido; el segundo partido –contra Estados Unidos– no pudimos ganar y así; usted sabe que en el campeonato mundial como en la Copa América, el primer partido es fundamental, lastimosamente, no contamos con la tranquilidad para enfrentar esa situación y de ahí nos regresamos después de armar un gran equipo.

¿Y las amenazas?

Ah, eso, siempre hay cosas que se inventan cuando a uno le va mal; nosotros siempre aceptamos las cosas, si jugamos bien, la gente nos reconoce; si jugamos mal, también las aceptamos porque nosotros nos debemos al público y estamos muy agradecidos con el hincha.

Un hecho difícil, complejo, la muerte de Andrés Escobar.

Por eso quedamos marcados; en el fútbol uno pierde, gana y empata y se sigue vivo. Lastimosamente, le tocó a Andrés un momento difícil, complicado y no sólo a él, a nosotros, porque nosotros somos amigos, de la camada de Andrés y todavía estamos dolidos por ese hecho y yo, personalmente, siempre hablo y espero que no pase más nunca en ninguna parte del mundo un suceso tan triste como ese.

¿Cómo maneja su prestigio? ¿Le cansa el contacto con la gente?

A mí no me cansa. Yo me acostumbré y adapté a esta situación, es que a mí me eligió la gente, entonces, yo tengo que estar con el cariño de la gente; ya me fui hace mucho tiempo y todavía me dan cariño, respeto y admiración que yo les regresó a ellos. Me gané el cariño de la gente en la cancha jugando y doy las gracias al fútbol mundialmente y a la hinchada del fútbol colombiana que fue la que me llevó a que me conocieran.

¿Cómo es su vida actualmente?

Normal, yo soy un ser humano normal. Tengo mi familia, mis hijos, mi mamá; sacó mis espacios para compartir, tengo mi equipo de veteranos con quienes juego los fines de semana. Intento pasar el mayor tiempo posible con mi familia porque, en la época de futbolista, paraba más por fuera que con ellos.

Recordemos a algunos de los históricos, los nariñenses, Willington Ortiz.

Don Willi, le digo yo. Don Willi. Toda la vida le he dicho Don Willi. Y a todo mundo no se le dice Don (Hay risas de Carlos y quien entrevista).

¿Son amigos?

Sí, somos buenos amigos.

Carlos La Gambeta Estrada.

Con La Gambeta tenemos una amistad grande porque nos encontramos en el Deportivo Cali cuando estábamos jovencitos. Armamos un equipo que la gente todavía se acuerda, no ganamos títulos, pero se acuerdan porque jugamos muy bien al fútbol. Y Carlos La Gambeta Estrada estaba ahí; también tuvimos la oportunidad de estar en la Selección Colombia de 1990.

Con Leider Preciado, también.

Leider estuvo en el campeonato del mundo de Francia 98 y en la despedida mía también.

¿Su relación con René Higuita?

El loco es mi amigo personal, aparte de lo futbolístico, es uno de los amigos que me dio el fútbol, uno de mis hermanos. Lo quiero mucho y siempre estamos cercanos.

¿Francisco Maturana?

Mi papá futbolístico, yo le debo toda mi carrera deportiva en la Selección Colombia al profesor Maturana, al profesor Bolillo Gómez y a Hugo Gallego. Esos fueron los tres técnicos que siempre me llamaron a la selección.

¿Luis Alfonso El Bendito Fajardo? Era su compañero ideal.

Claro, con El Bendito nos entendíamos muy bien, jugábamos muy bien, por eso el profesor Maturana nos elegía siempre. Teníamos casi el mismo estilo.

Bernardo Redín, su pareja en el Deportivo Cali; otro complemento ideal para usted.

Así es y yo no olvido ese momento y sigo muy agradecido con esa hinchada –la del Deportivo Cali–, llegamos en un momento complicado y armamos un equipo de puro colombiano con el profesor Vladimir Popovic y dimos satisfacción a la gente y todavía se acuerdan de eso. Repito, no quedamos –en la memoria colectiva– porque ganamos títulos, sino porque jugamos bien y enamoramos a la gente.

Los nuevos talentosos, ¿Mario Alberto Yépez?

Mario Alberto fue uno de los grandes jugadores que tuvimos nosotros; a nivel internacional todo el mundo habla de él, no sólo por la calidad de jugador, sino como persona. Es una de las banderas que tenemos internacionalmente.

¿Radamel Falcao García?

Es de las figuras que tenemos en el momento, nos ha representado muy bien, ha hecho todos los esfuerzos y le ha ganado a la adversidad, siempre superando sus lesiones. Un ejemplo para todos nosotros.

¿Qué puede estar pasando con James Rodríguez en estos meses?

Está cambiando de equipo, está intentando adaptarse lo mejor posible. Nosotros queremos que vuelva otra vez a la selección, yo pienso que ahora que cambió de equipo, va a tener la oportunidad de jugar y de volver a nuestra selección.

El gol de Italia 90 contra Alemania, ¿cómo lo recuerda?

Ese gol no se puede olvidar porque lo vemos todos los días (risas de Carlos). Es un momento histórico que logramos con la selección, más por el valor que tuvo porque con ese gol de Freddy Rincón pasamos a la siguiente ronda por primera vez en la historia del fútbol mundial. Y le empatamos a Alemania que fue el campeón. Y lo bueno de eso es que la historia no se borra, no se puede borrar.

*

Carlos El Pibe Valderrama visitó mi tierra, al sur de país, dejando una enseñanza de humildad incomparable. Nos despedimos con un fuerte estrechón de manos, sin yo dejar de expresar lo que está acostumbrado a escuchar todos los días que, como tantos otros colombianos, soy su admirador, que lo vi jugar y vivo profundamente agradecido con él.

Es claro que muchos de los problemas sociales de los años dorados de El Pibe Valderrama, tristemente, todavía no se superan. Una sociedad emergente, empobrecida, violenta. Lugares comunes de la historia nacional. Lo importante es que del otro lado están los capaces, los honestos, los que le ponen ganas y construyen, los que se la juegan por lo justo. Y de ese lado, Carlos Alberto Valderrama Palacios es su símbolo, para quien escribe, el más grande de la historia del fútbol colombiano, por ser pionero, la figura que trazó el camino, el punto de quiebre o de ruptura.

Carlos Valderrama, en todo caso, es uno de los grandes responsables para que el mundo entendiera que no éramos solamente malas razones como Pablo Escobar Gaviria y su manada de traquetos o letales asesinos como el Mono Jojoy, Tiro Fijo o Carlos Castaño. Con el fútbol del nacido en Santa Marta el planeta se enteró que aquí había una sociedad capaz, de gente talentosa y honesta, buena en el sentido estricto de la palabra. Y eso no se olvidará jamás. Es la deuda que los colombianos tenemos con El Pibe.

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