Miles de historias

A veces me pregunto la razón por la cual invierto gran parte de mi tiempo al voluntariado y activismo político. Me pregunto si estaré haciendo lo correcto o si debería por el contrario buscar actividades adicionales que puedan verse reflejadas directamente en mi beneficio y el de mi familia. Son muchas las preguntas e ideas que rondan mi cabeza cuando las dificultades llegan, las críticas no constructivas aparecen y en el país no se ven oportunidades de mejora ante el estallido social, económico y político que por años se ha venido gestando y que sumado a la emergencia sanitaria del COVID19, mostró realidades crudas ocultas que al parecer todos nos negábamos a ver, pero estaban ahí.

Entonces vuelven a mí recuerdos de cuando vivía en Hong Kong, mientras visitaba en mi trabajo como auditor fábricas de diversos productos en China y Vietnam, y me preguntaba qué hacía tan lejos de mi país. Las noticas iban y venían, se hablaba del proceso de paz, escándalos de corrupción, muertes y fútbol, nada tan diferente de lo que hoy se escucha. No me desconectaba de Colombia e incluso estar tan lejos me hacía sentir que debía estar más cerca. Expresaba mi desesperanza y malestar a través de las redes sociales y empezaba a planear si regresar y cómo. Con el pasar de los meses decidí que antes de volver era necesario obtener más herramientas, sobre todo si mi plan era dejar de ser un actor pasivo, viendo el juego desde la barrera, para ser un agente transformador. Así tuve la gran fortuna de hacer mis estudios de maestría en Londres, durante un año inusual para Colombia y el mundo. En el 2016, en la ciudad cuna de gran parte la cultura moderna de la humanidad, viví el Brexit, el triunfo de Trump, la derrota del plebiscito por la paz, la firma de los acuerdos de paz y la primera visita oficial, por invitación de la Reina de Inglaterra, a un mandatario del Estado Colombiano al Reino Unido. Todos los eventos antes mencionados y los aprendizajes obtenidos, tanto en la universidad como en el ambiente londinense (además de otras coincidencias de la vida que me hicieron conocer un discurso político renovado y basado en acciones de gobierno y transformación concreta, que les compartiré en otra oportunidad), me hicieron ratificar ese deseo de regresar a Colombia a ser parte de la solución, con acciones personales desde mi rol como ciudadano.

Comparto esta breve historia, primero, porque ver en retrospectiva la razón por la que hoy invierto gran parte de mi tiempo en voluntariado y activismo político, me hace recargar de motivación y convicción y me impulsa a seguir adelante para continuar contribuyendo en la construcción de un mejor país para todas y todos. Estos eventos me recuerdan mi deber ciudadano, en un país de oportunidades limitadas, en aportar para que todos algún día podamos desarrollarnos en igualdad de condiciones. Segundo, porque esta es una más de las tantas historias que han llevado a que ciudadanos del común se apropien de estos temas y entren al debate público, a que quieran hacer parte de la transformación y el cambio, y hoy sean actores, desde cualquiera de sus roles ciudadanos,  para lograr las reformas estructurales políticas, económicas y sociales justas que exige y merece el país. Y tercero, porque, muy seguramente muchos de ustedes al igual que yo, se han sentido desmotivados y cansados hasta el punto de tirar la toalla, pero saber que compartimos este tipo de sentimientos nos da ánimo para tomar un respiro, pensar con cabeza fría y seguir adelante.

Miles de historias, cada una singular, han llevado a que ciudadanos de todos los sectores sociales se manifiesten en las calles, demuestren su rechazo hacia un modelo económico y social injusto, que como en Chile, con el pasar de los años llevó a que la desigualdad se amplificara cada vez más. Las reclamaciones que la ciudadanía hoy hace, especialmente los jóvenes, son legítimas. Las reclamaciones que hoy los grupos minoritarios hacen, desde las regiones más apartadas del país hasta en la capital, son históricas. La incomodidad y las pérdidas que ha generado el paro no se habían visto antes y sin embargo para muchos valen la pena porque al fin están siendo tenidos en cuenta. Todos debemos ser empáticos, el gobierno nacional y los gobiernos locales deben ser empáticos. Todos somos parte de una nación y las demandas legítimas solo serán saldadas si todos ponemos de nuestra parte, dejando a un lado egos e intereses personales, anteponiendo la concertación, el diálogo y la escucha antes que la fuerza y la violencia, y teniendo siempre claro que la ESPERANZA ha logrado que nuestra Colombia avance a pesar de las múltiples dificultades.

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