MOCOA SEÑORIAL

Por: Gabriel Alejandro Sánchez Zamudio.

 

Al digitar la palabra “Mocoa” en Google figuran cerca de 1.040.000 resultados en aproximadamente 0,15 segundos, “un municipio colombiano, capital delPutumayo” según  Wikipedia.

Según la misma, pertenece a la región amazónica, se ubica en las coordenadas 1° 8′ 57″ N, 76° 38′ 47″ W, a una altitud de 500 a 600 metros sobre el nivel del mar, con una superficie  de 1.030 km2, fundada en el año 1.551 un 6 de marzo, se celebra su cumpleaños el 27 de septiembre. Tiene una población (mal calculada) de 48.087 habitantes y un mal Alcalde, elegido por segunda vez.

  

Pero para mí, un mocoano de sangre nariñense, como muchos de por acá, es además, el lugar al que me gusta llamar hogar, el sitio al que siempre quiero regresar, esté donde esté.

 

Hace poco más de tres meses me instalé nuevamente en casa de mis padres, aun soy estudiante y, porque sí, me vine a hacer la práctica a este rincón del mundo. Tendría unos 16 años cuando me fui, esperando volver para servirle a quienes en mi niñez y mi adolescencia me dieron momentos tan gratos. He querido retribuirlo con mi trabajo.

 

Aunque todos los días trato de cumplir ese compromiso, duele al esfuerzo, dejando vacío, incertidumbre y desazón, salir de la oficina y recorrer las mismas calles, todos los días, llenas de carros y motos que se amontonan en una carrera sin vencedor, esquivando, con suerte de no chocar con el de al lado, huecos y cráteres en las calzadas de las avenidas principales de la ciudad; son un serio desastre, no cuesta imaginar cómo son las demás.

 

No tenemos agua potable, el mejor de los acueductos da un tratamiento precario e insuficiente, apenas y el agua sirve para usar los filtros de ozono, con forma de manzana o de vaca, y sentirse un poco seguro de lo que se toma. El acueducto en sí mismo es deficiente, si llueve mucho el agua se enturbia para los que mejor suerte tenemos, en el peor de los casos “se va” y no regresa por tres o cuatro días; si hace sol, la cosa es igual. De alcantarillado no es que estemos muy bien, las aguas negras, idiotamente, se depositan en los ríos más cercanos.

 

El sistema de recolección de basuras es una vergüenza: todos los martes y viernes en las noches tengo que salir con mi madre a arrumar las bolsas de basura (que llevan todo revuelto) a un poste de luz frente a la casa de unos vecinos.Al menos 6 manzanas hacen lo mismo para que unas horas después pase el carro recolector y disponga de ellas, si es que los perros no han ido primero,trasladándolas a un relleno sanitario que,me han dicho, no cumple con gran parte de las especificaciones técnicas en su estructurani en el tratamiento de los residuos.

 

De la red eléctrica ni hablar, los postes seguramente son más viejos que yo en muchos barrios y el cableado habrá cumplido su vida útil hace unos 10 años en su mayoría. Basta con decirles que todas las mañanas, cuando me levanto y salgo al balcón, lo primero que encuentro es un pentagrama de cables de alta tensión a una distancia de menos de un metro ¡sí, a un paso largo!

 

La economía se basa en el consumo de bienes proveídos por el comercio, en la administración pública y en la prestación de servicios profesionales, no existe una actividad agrícola o industrial  que sea representativa, de ahí que en el paro agrario, el que bien no termina, no existiera una concentración campesina en la capital del Departamento y tuviesen que venir desde Villagarzón y otros municipios a hacer presencia en el parque General Santander.

 

El turismo trata de abrirse un espacio sin tener mucho apoyo, las vías de acceso al municipio dan lástima y el terminal es un monumento a la vergüenza y a la deshonra (por favor, si algún día vienen, me llaman, yo los recojo en el parque, pero no se bajen ahí). No tenemos aeropuerto, los aviones llegan a Puerto Asís o a Villa pero los pasajes son costosos, en exceso. El servicio de internet recién se actualizó al sistema de fibra óptica pero con cupo limitado (ignoro qué tan bueno sea acá porque el módem de la casa se conecta a la línea telefónica todavía) y el internet móvil, bueno, ese ya lo conocen.

 

La inseguridad se roba la tranquilidad de los habitantes; en los sitios turísticos hay atracos a mano armada y los compromisos tomados por las autoridades con los pequeños empresarios y comerciantes para hacerle frente a estos delincuentes no se cumplen, lo que impide garantizar la seguridad de la comunidad que los visita, afectando así las diferentes actividades económicas, y debe considerarse que algunas de las víctimas han sido visitantes del extranjero, lo que podría afectar seriamente la imagen de la región. Como si eso no fuera suficientemente grave, tres personas han sido asesinadas en diferentes circunstancias, aún no hay información oficial de los móviles y existen muchos rumores; lo cierto es que el nivel de intolerancia y violencia que denotan los tres casos desborda el asombro de cualquier persona que se considere civilizada.

 

Y es que han sido varias administraciones municipales las que Mocoa ha tenido que sufrir, sin resultados visibles, útiles y duraderos. La palabra progreso se quedó relegada a ser el nombre de un barrio y eso es lo que uno no puede explicar: ¿Qué se hace con la plata? ¿Quién da razón de ella? ¿La Contraloría, la Procuraduría, la Fiscalía? ¿La Alcaldía, el Concejo?

 

Pues entiendo que es mucha, y no vengan con el cuento que por el cambio del sistema de repartición de regalías se nos bajaron los recursos… ese es cuento chino, sólo hay que formular proyectos de inversión que sean aprobados por los OCAD para que se desembolse el dinero…

 

¿Alguien hizo esa gestión? ¿Quién la tenía que hacer? ¿En qué se gastan los impuestos? De seguro, en arreglar las calles, no es… y por si fuera poco, la ciudadanía nada hace, vive conforme, resignada y perezosa, encerrada en un globo de aire como si la cosa no fuera con ellos, como si el lugar en el que vivieran no valiera la pena cuidar y ponerle corazón. ¡QUÉ CORAJE!

 

Sin embargo, Mocoa, como todo el Putumayo, tiene una riqueza incomparable, ya sé que eso es lo que dice todo el mundo de su tierra, pero es que si lo conocieran me darían la razón. Hundida entre las montañas, su paisaje ofrece amaneceres y atardeceres que deslumbran a los visitantes; el verde intenso y denso de su vegetación es el escenario ideal para que criaturas mágicas y sobrenaturales cobren vida en los cuentos para niños y sirva de inspiración para quienes queremos un futuro sostenible y respetuoso del medio ambiente en nuestro contexto de desarrollo.

 

La biodiversidad, explícita en el cielo, en las plantas, en los suelos y en las aguas, permite proyectos productivos que exploran nuevos caminos y representan ante la comunidad nacional e internacional el talante y dedicación de las gentes de estas tierras; así es como se ha erguido Paway, un mariposario que destina sus tierras de dominio privado al senderismo, al turismo ecológico y a la investigación científica de especies endémicas, guardando gran parte de sus árboles y enseñando a sus visitantes la importancia de la conservación.

 

Ejemplo de perseverancia y tenacidad, se encuentra ubicado a las afueras de la ciudad,al pie del río Pepino, una corriente de aguas verdes y frías que refresca a sus visitantes cuando azotan las temporadas de calor; a su vez, el puente del río se ubica en la carretera “corta” que conduce de Mocoa a Villagarzón, reconocido como corredor turístico a lo largo del cual se encuentran: la entrada al Canalendre, Hornoyaco y Dantayaco, el río Rumiyaco en el sector que se conoce como Caliyaco, el Aguacate y el pozo del amor (nunca supe porque le llamaban así, queda a su imaginación); más allá, internándose en las pequeñas montañas de la serranía del Churumbelo, se encuentran las posadas y la entrada del Fin del Mundo y al Ojo de Dios. Cerca está el Jardín Botánico y el Centro Experimental Amazónico que, ojalá pronto, se convertirá en un zoológico que sólo exhibirá especies de la región. Sólo por mencionar los que conozco pues aún me faltan varios sitios por visitar.

 

Estas tierras celebran el carnaval de negros y blancos como legado de sus fundidas raíces pastusas, se rodea de sabiduría ancestral, de misticismo y de secretos que la mayoría de nosotros desconoce.

 

Pero el mayor tesoro que encontré al volver fue un conjunto de algunas chicas y algunos chicos de diferentes edades, jóvenes, que al parecer también están hartos de que esta tierra tan hermosa y llena de magia no prospere para todos; cansados de recorrer las mismas calles con los huecos cada vez más grandes y con cada vez más huecos por la falta de una administración diligente; cansados de ver que los recursos del erario, destinados al desarrollo y crecimiento, no se han invertidos pensando en el interés general y el bienestar social, o no denoten seriedad en la estructuración y ejecución de los planes de desarrollo; jóvenes, que al igual que yo, han tenido que pasar buena parte de su vida fuera de casa para formarse profesionalmente; personas con sentido de pertenencia, con sentido crítico y social, y con voluntad de hacer las cosas bien. Hemos vuelto a nuestro hogar para poner a disposición de la comunidad todo el conocimiento, todas las ganas y lo que haga falta, en la búsqueda de soluciones incluyentes a corto, mediano y largo plazo.

 

Una nueva generación de personas inspiradas en la tristeza que genera el estado de las cosas y en la toma de conciencia, una ciudadanía joven capaz de asumir retos y responsabilidades, pero sobre todo, una juventud capaz de tomar banderas y argumentar posiciones novedosas y estructuradas en diversos asuntos de la cosa pública.

 

Pero no se confundan, esta no es una cuña más de la “publicidad política pagada” que se avecina por temporada de elecciones al Honorable y CUESTIONABLE Congreso de la República, es un llamado a todos aquellos que sientan interés por aportar de una manera u otra, la que puedan, no importa si están cerca o lejos, sin distinciones de ningún tipo, sin colores políticos, ni marcos ideológicos distintos a trabajar juntos por la ciudad y por la región, por una Mocoa del Gran Putumayo digna Capital.

 

 

Así que sean bienvenidos, que hay mucho trabajo por hacer…

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