
Liv Ullman conoce el hacinamiento, la discriminación y el rechazo, en carne propia. Los padeció de joven, por las guerras, que la obligaron a vivir en tres países diferentes sin dejar de ser una niña. Por la arbitrariedad de los maestros de las academias inglesas de actuación, que la rechazaron, porque no le encontraban talento.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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