Mujeres y cine: Floralba Achicanoy y el reto de la vida misma

Para hablar del rol de la mujer en la cultura, en este caso en el cine, no siempre hay que buscar en los catálogos de Hollywood o del gran cine europeo. Por momentos ni siquiera hay que buscar entre las grandes de nuestro continente o de Colombia misma.

A veces, muy pocas eso sí, la oportunidad puede aparecer, con una gran sonrisa, en la puerta de la oficina.

Así sucedió con Floralba Achicanoy, mujer de nuestra tierra y quien ya tuvo la oportunidad protagonizar una de las películas mejor valoradas por la crítica en el país de los últimos años: La Sirga.

Este rol, que fue finalmente la conjugación de muchas coincidencias y el deseo de cumplir un nuevo reto de todos los que la vida le ha planteado a diario. Para hacer la «Flora» del filme, la Floralba de la vida real dejó encargado a su pequeño hijo y otras tantas responsabilidades para «perderse» en los linderos de la laguna de La Cocha durante un puñado de semanas.

El resultado de todo esto fue casi inesperado en cuanto a la aceptación del público y los medios especializados. Pero más allá de todo esto significó una experiencia impresionante, que con seguridad la marcó, pero no la hizo elevar los pies de la tierra.

Después de eso, por supuesto que quedó con ganas de seguir haciendo cine y sobre todo, buen cine. El equipo de la producción de La Sirga realizó un trabajo instrumental, físico y sicológico tan eficiente, que de alguna manera todo este proceso fue una terapia de alto impacto en Floralba. Pero no tiró la casa por la ventana ni mandó a la basura los sueños en los que ya estaba trabajando.

FLORALBA 1

Floralba Achicanoy recibió el Premio Sol de los Pasto en la novena verisón del Festival Internacional de Cine de Pasto.

Un encuentro casi casual

Aunque en sus épocas de colegio y adolescencia tuvo interesantes experiencias en la representación teatral, prácticamente había tomado la decisión de no volver a actuar.

Por eso, cuando Floralba se enteró de que había una convocatoria para seleccionar personal artístico para una película que se filmaría en la región, pensó que la indicada era su prima Ximena, quien persistía en querer llegar a consolidarse como actriz y en promover el teatro en Obonuco, un sector rural de la capital nariñense.

Las dos fueron al casting, en realidad, sin mayores ambiciones. Sabían que los encargados venían de procesos similares en diferentes poblaciones del suroccidente colombiano y que en ese trayecto se habían topado con aspirante de toda condición, desde aficionados y oportunistas hasta actores profesionales con hondas trayectorias.

Pero William Vega, el director, se impresionó con el carácter, la personalidad y el porte de Floralba. Ahí comenzó prácticamente otra ilusión. Los procesos de preselección se fueron dando hasta que finalmente la decisión que se tuvo que tomar fue drástica, pues al parecer ya había otra persona con quien se habían adelantado ya algunas conversaciones para el rol de «Flora» en La Sirga.

Trabajo intenso

De las cinco semanas que Floralba estuvo en el set y la locación escogida, solamente actuó en las tres últimas.

En la fase inicial fue sometida un proceso de inducción al personaje, con un tratamiento actoral y sicológico muy intenso, que incluyó el aislamiento, muchos y largos momentos de silencio y otros elementos complejos y hasta hartos que hoy ella re-visualiza y agradece porque la ayudaron no solo para la producción, sino para la vida misma.

Fue un periodo intenso, de arduo trabajo que le marcó la posibilidad de afrontar nui8evos retos en el futuro. Retos que ahora está esperando y buscando un poco también. No solo en el cine sino en las actividades de producción y fomento artesanal que es algo también muy enriquecedor, debido a su contenido cultural y ancestral.

La otra Flor – alba

Flor – alba es el título de la nueva historia en la que se vinculó Floralba Achicanoy.

Es una nueva coincidencia alrededor de su nombre, como ya pasó con la Sirga. La historia cuenta sobre Inés, encarnada por Floralba, una campesina que todos los días arregla sus flores para venderlas en la ciudad.

Su rutinaria vida puede llegar a ser muy trágica, ya que usualmente nadie le compra. La narración se centra en el conflicto que tiene que lidiar Inés a diario, mientras ella se levanta todas las mañanas a trabajar, y no es percibida, ni vista como parte de una nueva sociedad.

La producción que se planteó es un incentivo, para que las personas entiendan que las mujeres, metafóricamente transformándolas en flores, deben ser valoradas y apreciadas, y sobre todo en el campo que es de donde se origina todo haciendo una metáfora con la mujer.
Con la dirección Juan David Calderón Ardila y Fredy Hidalgo Insuasty este corto participó en la maratón Cámaras de Barniz, que en este año tuvo como personaje y tema al de la Guaneña de esta región y cuyas distinciones se entregarán al finalizar la décima versión del Festival Internacional de Cine de Pasto.

 

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