Teresita Enríquez es una lideresa nariñense, abogada y servidora pública con más de 28 años de trayectoria en el sector público. Fue elegida Representante a la Cámara desde 2018, y en su recorrido personal se define también desde la familia: es madre de dos hijos y abuela de cuatro nietos. Con ese perfil —entre la experiencia institucional y el arraigo regional— Enríquez sostiene que su motivación es “seguir en pie de lucha” por Nariño y por las causas sociales que ha defendido desde el Congreso.
En medio de ese panorama, Página 10 conversó con ella, mientras se consolida su proyecto político para volver a la Cámara de Representantes. En el diálogo, Enríquez repasa sus principales banderas, resultados legislativos y el enfoque de gestión que, asegura, quiere retomar para que los proyectos y recursos lleguen con más fuerza a los territorios de Nariño.
P: Representante, ¿Por qué quiere volver a la Cámara de Representantes? ¿Cuál es la respuesta de fondo para Nariño?
R: Que todavía falta mucho por hacer. Yo lo digo así: “mucho se ha hecho, mucho por hacer”. La tarea diaria es gestionar recursos y proyectos para nuestras comunidades, con más acompañamiento institucional, para que esos beneficios lleguen a Nariño de manera real y sostenida.
P: En su trabajo, usted pone el tema ambiental en primera línea. ¿Qué destaca de su trabajo ahí?
R: Fui coordinadora ponente del Proyecto de Ley No. 310 de 2024, que busca promover la conservación de humedales en el territorio nacional. Le rendí ponencia positiva en tercer y cuarto debate, y el proyecto quedó para sanción presidencial. Para Nariño, que es biodiversidad viva, eso es clave.
P: Si alguien le preguntara: ¿qué ha hecho desde el Congreso por Nariño y Colombia?, ¿qué responde sin rodeos?
R: Que soy autora de dos leyes de la República y que hay dos más a la espera de sanción presidencial. Y que ese camino lo he enfrentado con amor y compromiso.
P: Hablemos de esas leyes. La primera que menciona es sobre prácticas profesionales. ¿Qué cambió?
R: Lo prometimos y lo cumplimos: desde 2020, las prácticas y pasantías de los jóvenes pueden validarse como experiencia laboral, requisito que antes les cerraba puertas. Eso abrió opciones para empleo en sector público o privado.
P: Y la segunda, sobre cuidadores de personas con discapacidad, toca fibras en miles de hogares. ¿Qué impacto busca?
R: Reconocer y dignificar la labor del cuidador. Muchas personas dejan su propia vida para cuidar a un familiar, y eso es un acto de amor. Con esta ley, el Gobierno tiene obligaciones de apoyo: salud, formación, empleo, emprendimiento e ingresos, entre otros.
P: Usted menciona además dos iniciativas pendientes. ¿Qué hay detrás del proyecto relacionado con Cumbal?
R: Es una iniciativa que ya pasó cuatro debates y busca viabilizar destinación de recursos para Cumbal en salud, recuperación de malla vial, escenarios culturales y deportivos, y proyectos productivos, ambientales y educativos. Yo lo digo con orgullo: vengo de origen campesino y creo en el desarrollo con obras concretas.
P: También habla del campo con nombres propios: café, gulupa, ají, arándanos… ¿Eso en qué se traduce?
R: En proyectos productivos gestionados para distintas zonas de Nariño: café, gulupa, ají habanero, arándanos, tomate, pie de cría de cuyes y pollos, entre otros. La apuesta es beneficiar a miles de familias, especialmente madres cabeza de hogar.
P: Usted menciona una frase que suena a promesa de campaña, pero también a carácter: “no hay pereza para trabajar”. ¿Qué significa en la práctica?
R: Disciplina. Levantarse todos los días a gestionar, insistir, tocar puertas y hacer control político cuando toca. Yo lo digo con fe también: cada mañana le pido a Dios fuerza y salud para continuar este camino.
P: Le hemos escuchado una expresión muy nariñense: “mis viejitos”, hablando de adultos mayores. ¿Qué compromisos enumera ahí?
R: Que trabajar por ellos es convicción, no solo compromiso. Hablo de dignificación del trabajo rural; fortalecimiento de Casas de la Cultura para que también sean espacios de disfrute para los abuelitos; exención de impuestos a convenios con Juntas de Acción Comunal; y debates de control político enfocados en vivienda rural, presupuesto para bienestar social y beneficios para esta población.
P: En la lista de control político aparecen crisis agropecuarias muy sensibles. ¿Qué ha puesto sobre la mesa?
R: Debates sobre la crisis del sector arrocero (precios, deudas, TLC y falta de apoyo efectivo), la crisis del sector lechero, la situación presupuestal de Agrosavia y la crisis del sector papero, incluyendo la necesidad de distritos de riego.
P: Para cerrar: ¿quién es Teresita Enríquez, según su propia descripción?
R: Una mujer orgullosamente nariñense, abogada, con más de 28 años de experiencia en el sector público, representante desde 2018, mamá de dos hijos y abuela de cuatro nietos, con el sueño de seguir trabajando desde el Congreso por el bien de mi región.
P: Usted tiene una historia personal sobre su infancia y una muñeca. ¿Qué significado tiene?
R: Porque a veces lo público nace de lo íntimo. Yo cuento que a los 8 años recibí mi primera muñequita gracias a mi hermano Manuel y veía a otros niños con muchos juguetes. Esa nostalgia se convirtió en convicción: desde hace más de 15 años llevamos juguetes, con apoyo de la comunidad y obras sociales, a niños de todos los rincones de Nariño. Es una de esas cosas que “me infla el corazón”.
P: Si tuviera que resumir su mensaje en una frase para los nariñenses…
R: “Seguiremos en pie de lucha, porque yo creo en un futuro mejor, en la fuerza de mi gente y en mi hermoso Nariño.”
Finalmente, y en ese camino de volver a la Cámara, Teresita Enríquez insiste en un ángulo que atraviesa todo su relato: su papel como mujer en la política y como voz de quienes, desde los barrios y veredas de Nariño, sostienen hogares, emprenden y lideran en silencio. “El liderazgo que cuida, la gestión que transforma”, resume la invitación que hoy acompaña su proyecto: la Convención de Mujeres Emprendedoras y Lideresas de Nariño – “Gestoras de Amor”, un encuentro para tejer redes, compartir herramientas y abrir oportunidades entre mujeres que creen en su independencia económica y en el desarrollo del territorio. La cita es el sábado 21 de febrero, a las 8:00 a.m., en el Club de Comercio: una convocatoria que, más allá del evento, busca reforzar el mensaje de Enríquez de que las mujeres nariñenses no solo resisten: también construyen y transforman.





