A las seis de la mañana, los caminos polvorientos en el norte del Cauda ya están marcados por la presencia de niños que no van a la escuela, sino al monte. Algunos no regresan jamás. En estos territorios, donde las montañas son testigos de décadas de abandono estatal, el reclutamiento forzado ha dejado de ser una excepción para convertirse en una forma cruel y sistemática de control social.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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