Obsoletos.

Hace poco cambié dos celulares viejos por uno nuevo. Uno se había puesto bastante lento y se recalentaba, y otro no aceptaba la última versión del iOS, su sistema operativo. Ahora estoy tranquilo, pero ¿por cuánto tiempo? Según los vendedores, a finales de este año ya comenzará a dar problemas.

Pertenezco al 5% de la población que ha optado por la compra de un celular re acondicionado o de segunda mano, de acuerdo con un estudio del portal Locompramos. La gran mayoría acepta la oferta de la compañía de turno, fuerza con un posible cambio de empresa a mejorar su terminal (tras horas infinitas de atención telefónica) o simplemente va a una tienda y adquiere la última versión de un terminal.

Pero según la web de información financiera MarketWatch y el blog MásMóvil, la vida media de un terminal es de nueve meses en Japón, 15 meses en Europa y 18 meses en Estados Unidos; con lo cual esa inversión en tiempo y dinero se ha convertido en parte habitual de nuestras vidas. En España se hacen 15 millones de renovaciones de terminales al año. En Colombia, en cambio, se recicla un millón de celulares al año, y la mitad de los consumidores lo cambian cada 24 meses. Eso en plata es un desembolso de más de un millón de pesos al año, o sea un mes de salario para 11 millones de personas. Y según Global Smartphone Market, cada vez se gasta más.

¿Todo esto es sólo consecuencia de la obsolescencia programada que aplican los fabricantes de telefonía móvil?, ¿o tiene que ver también nuestro espíritu snob, queriendo seguir el juego de la actualización tecnológica?

Es verdad que la tecnología va muy de prisa y que una forma de mostrar esos avances es a través de nuevas versiones de terminales que ofrecen prestaciones increíbles. Pero también es verdad que cuando esta progresión se encuentra con una necesidad de vender, aparece un planteamiento: renovar en determinada línea de tiempo. O sea, si estamos dejando atrás al 4G o cuarta generación de telefonía móvil con mayor velocidad de transmisión de datos, y le damos la bienvenida al 5G, lo lógico es que tengamos celulares que se adapten a ello. Pero su fabricación y oferta no es suficiente, así que ahí entra en juego la obsolescencia.

Hace unos días Chile ganó una demanda contra Apple por obsolescencia programada en los modelos de iPhone comprados entre 2014 y 2017. Los usuarios se quejaban de rendimiento inferior, sobrecalentamiento e imposibilidad de actualización. En efecto, la compañía reconoció que ralentizaba deliberadamente los celulares antiguos. Su argumento era que las baterías de litio se desgastaban, y que instalaron un software para que el terminal durase pocas horas activo y así estuviese protegido.

Se trata de la primera demanda colectiva que sufre Apple en América Latina, pero no en el mundo, pues ya ha tenido enfrentamientos legales en Estados Unidos, Italia y Francia, según nos cuenta la BBC. Y no es la única compañía que está en ese límite de legalidad. También Samsung, el mayor vendedor de celulares del mundo.

La batería de litio son uno de los grandes problemas de hoy. Estas comenzaron a usarse en los años 90 en diferentes aparatos, pero ya en el Siglo XX se volvió común tenerlas al servicio de la telefonía móvil. Son baterías recargables que utilizan sal de litio para generar energía, pero pueden llegar a ser inestables. Samsung tuvo problemas hace tres años con su teléfono Galaxy Note 7 que explotaba.

Otra cosa es el tema de la contaminación, pues su extracción a partir de la sal necesita mucha agua en tierras áridas y eso tiene un impacto ambiental. Y otra cosa es su difícil reciclaje que, afortunadamente una empresa de Finlandia parece haber solucionado con un reciclaje hidrometalúrgico bajo en emisiones de dióxido de carbono. Dicen que en el reciclaje de estas baterías está una de las mayores fuentes de trabajo para el futuro inmediato.

Pero volvamos a la inquietud inicial. Si no existiera la obsolescencia programada la parte mecánica y electrónica de un celular podría durar más de diez años, y el software más de seis. Eso resulta más razonable que esta desenfrenada carrera por la renovación.

La Fundación Energía e Innovación Sostenible sin Obsolescencia Programada, FENISS, ofrece consejos prácticos para conservación y mejora de equipos, además de concientización sobre el problema. También abre concursos con el tema de futuro sostenible por bandera. La Fundación es un oasis en medio de todo esto, pero cada vez tiene más apoyos. Por ahí quizás esté la solución.

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