Palestina enseña vida, señores

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Por: Juan Pablo Torres-Henao

Cada imperio, en cualquier caso, se dice a sí mismo y al mundo que es diferente del resto de imperios, que su misión no es saquear y controlar, sino educar y liberar

Edward Said

Existe un poema de una mujer palestina que me cambió la vida. Ella se llama Rafeef Ziadah y su poema “Nosotros enseñamos vida, señor”. Lo escribió mientras caían sobre ella y sus seres queridos bombas y más bombas. No hoy ni ayer. Ni hace siete días desde que inicio esta nueva agresión de parte del ocupante Israel al Estado de Palestina y su pueblo. Las bombas sobre Gaza no iniciaron a caer y dejar cientos de muertos hace unas semanas, llevan décadas cayendo sin parar sin que el mundo haga nada. Sin que las potencias mundiales que podrían poner fin a la masacre hagan algo sustantivo.

De acuerdo a las estadísticas de B´TSELEM, los y las palestinas asesinadas desde la primera intifada -o revuelta de las piedras- en 1988 hasta septiembre del año en curso, alcanzan el escandaloso número de 11.652. 11.652 personas asesinadas por vivir donde viven, ser lo que son y creer en lo que creen. 11.652 vidas que para el mundo occidental no importan, que son prescindibles. A las muertes se le suman más estadísticas que dan cuenta de la inhumanidad que se cierne sobre el pueblo palestino: entre 1987 y 2004 se han registrado 1.115 demoliciones completas de casas como castigo. Para finales de junio del año en curso el Servicio de Prisiones de Israel (IPS por sus siglas en ingles) tenia a 4.499 palestinos privados de la libertad y 147 palestinos menores de 18 años en las mismas condiciones. Múltiples restricciones a la movilidad tanto en la franja de Gaza, Jerusalem oriental y Cisjordania que hacen del territorio palestino la cárcel a cielo abierto más grande del mundo. La proliferación de asentamientos Israelis en suelo palestino y la violencia de los colonos contra los palestinos, el muro que se encuentra en el 85% del territorio de Cisjordania y el control del agua potable en los territorios ocupados por Israel y su uso en desmedro de las necesidades del pueblo palestino se suman a los datos ya ofrecidos y en conjunto configuran el régimen de apartheid.

El régimen de Israel está basado en el apartheid y la ocupación. La nakba -o catástrofe – que han tenido que padecer las y los palestinos desde hace más de 70 años desde que el ocupante Israel inició un proceso de expulsión, sufrimiento y desplazamiento forzado, constituye una violación grave a los derechos humanos y un crimen de lesa humanidad en virtud del derecho penal internacional como lo ha reconocido Amnistía Internacional. Hoy -como lo ha sido siempre desde la ocupación-, las acciones del ocupante Israel hieren a la humanidad entera. Hoy, más que siempre, como ha resonado las últimas noches en el mundo entero, la consigna es ¡Palestina Libre Ya!, porque señoras y señores, Palestina enseña vida.

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