El oficio del periodismo –el más hermoso del mundo para Gabriel García Márquez–, cuando se enfrasca en explotar su lado comercial no ve en el lector más que un elemento económico. Afortunadamente, y al margen de esa postura, están los escritores periodistas, esos que se deleitan con el lenguaje, que se detienen a evaluar los matices de cada palabra, lejos de las bagatelas de la primicia, para que sus crónicas gocen de cierta estética literaria: a esa estirpe pertenece Gustavo Tatis Guerra.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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