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A finales de agosto fui invitado nuevamente a la comunidad indígena del Sande en mi calidad de indígena adoptado culturalmente. Volver a caminar sobre el barro, en medio de verdes montañas, animales silvestres y ríos color esmeralda es un acto de libertad y acción de gracias a la existencia. Saber de la riqueza de todos los colores que tienen estas comunidades de la Colombia mágica, llena de esperanza en la humanidad y en la misma creación de la vida.

Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.

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