Ayer el precandidato presidencial, Camilo Romero, se vio entre la espada y la pared. Por un lado, debía asistir al juicio penal por los delitos imputados por la supuesta comercialización irregular de 80.000 cajas de aguardiente Nariño, y por otro lado, participaba en el debate presidencial organizado por El Tiempo y revista Semana.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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