San Andrés protesta mientras Nariño mantiene la calma

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El pasado sábado, los comerciantes y ciudadanos de San Andrés salieron a las calles para marchar en demanda de la expedición de los decretos de urgencia anunciados hace menos de un mes por el Gobierno Nacional. La protesta fue convocada por la Cámara de Comercio, Pro Archipiélago, Ashotel, Cotelco, Acoodres y el Club Rotario. Sin embargo, en Nariño después de tres meses, el histórico pueblo irreverente, fuerte y altivo se durmió a la espera de una solución real y oportuna a la emergencia originada desde enero.

Respecto a las acciones a corto y largo plazo, el presidente Petro tomó las decisiones correctas al proporcionar ayuda humanitaria y abastecimiento de combustibles. Además, el Puerto de Tumaco se convirtió en una solución para los problemas de la región. En cuanto a las definiciones a largo plazo, la construcción de la variante Timbio-El Estanquillo, la doble calzada Pasto-Popayán y la aceleración en la construcción de la variante San Francisco-Mocoa permitiría una mejor conectividad en Nariño y el sur de Colombia, lo que posibilitaría una mayor integración Suramericana.

Ahora, seguramente el señor presidente tuvo en mente tomar una decisión correcta al designar como gerente de la crisis al Consejero para las Regiones, Luis Fernando Velasco, un líder del Cauca con suficiente recorrido político para manejar la situación. Sin embargo, el desarrollo de su gestión ha generado insatisfacción en varios sectores del departamento. De hecho, el congresista nariñense Juan Daniel Peñuela ha solicitado su cambio. La actitud limitante, vertical y centralista del Consejero no ha permitido jalonar una respuesta contundente y legítima para el departamento de Nariño. Parece que la historia de fricciones y disputas de la época de la independencia, en donde existía esa separación entre “ustedes” (haciendo referencia a Pasto-Nariño) y “nosotros” (a Colombia), está marcada en el inconsciente del Consejero Velasco.

En tres meses, el Consejero sólo ha mencionado la presentación de un borrador de un Plan Estratégico para el Sur que fue elaborado desde Bogotá sin la participación de las voces territoriales, y desde el Departamento Nacional de Planeación, lo que replica un modelo centralista y tecnocrático que va en contra de los estándares democráticos y de la visión política incluyente de un gobierno del cambio. No hubo trabajo en equipo para entender las necesidades y las propuestas que se han estado trabajando desde el inicio de la crisis en el departamento con la participación de muchos actores. Además, lo más grave de esta situación es que existen líderes regionales de Nariño que hacen parte del gobierno nacional y que están validando un documento elaborado a espaldas del territorio.

Por lo anterior, es fundamental que como región planteemos una nueva forma de relacionarnos con el país y el gobierno nacional, que nos permita construir una mayor independencia financiera, administrativa y política. Esto con el fin de avanzar hacia un modelo de desarrollo endógeno que garantice la protección de los derechos, la asignación de bienes básicos y una economía basada en la agroindustria, el conocimiento, la ciencia, las industrias creativas y el turismo. Nariño cuenta con talento, ventajas comparativas y una historia de resiliencia que pueden aportar a un modelo económico en consonancia con los tiempos actuales.

Igualmente, hace más de 100 años, los líderes propusieron una autonomía del Cauca. Ahora considero que tenemos el reto de proyectar una autonomía mental, política y emocional con respecto al centro. No podemos seguir esperando que las soluciones vengan de Bogotá. Las crisis que ha venido acumulando el departamento ahora se agravan aún más debido a la temporada de lluvias que dejó incomunicados a varios municipios del norte. La problemática de la economía ilegal a raíz de la sobreoferta en la producción, la inseguridad ciudadana y la alta inflación nos obligan a construir una convergencia regional y ciudadana que aporte medidas para afrontarlas.

Por último, se debe resaltar el papel de las comunidades indígenas Pastos y Quillacingas que decidieron dar el primer paso para expresar su voz de protesta y se van a movilizar por la situación económica y social de Nariño. Dieron ejemplo a la sociedad nariñense sobre la necesidad de exigir los derechos más allá de la afinidad política con el gobierno de Petro.

 

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