Ser pastuso es un honor

Asistíamos a la ceremonia de graduación de mi hija como nueva profesional de la ingeniería química en el aula máxima de la Escuela de Minas de la Universidad Nacional, sede Medellín. El acto se desarrolló de manera muy sobria. Al final hubo una intervención musical con un cuarteto de vientos femenino. La chica que dirigía el grupo musical hizo la presentación de sus integrantes mencionando que se con formaba por personas de diferentes regiones del país como Villavicencio, Cartagena, Villa de Leiva y remató diciendo: mi nombre es Luz Dary y soy de Pasto. De inmediato el auditorio estalló en aplausos.

 Esto es apenas una pequeña muestra de la labor positiva que hace la gente del sur de Colombia, y el aprecio del cual gozamos, contrario a la opinión equivocada de algunos que vociferan la falta de respeto por los pastusos.

Esta opinión se refuerza cuando en las grandes orquestas de Colombia siempre hay un nariñense, porque los músicos de nuestro departamento aparte de ser de alto nivel artístico han alcanzado muchísima fama, que va desde las pequeñas agrupaciones hasta las grandes orquestas sinfónicas, pasando por las orquestas de música tropical y de salsa.

En la ciudad de Medellín se han afincado gran número de nariñenses que hacen patria desde diferentes frentes: la docencia, las artes, la justicia, la industria, el comercio, las universidades, entre otros. Pero no de cualquier manera, son gente preferida por su buen desempeño y honorabilidad.

Es una gran sorpresa encontrarme después de treinta años con un nariñense de pura cepa que dejó su terruño para buscar otros horizontes a través del Ejército Nacional. Se trata del mayor Enrique Ancisar Ortiz, quién en su labor de defender las fronteras patrias prestando sus servicios en la Guajira aprendió a interpretar el acordeón y, hoy por hoy, se constituye como uno de los mejores acordeoneros del país.

El mayor Ortiz, quien goza de buen retiro, se ha paseado por los mejores escenarios donde se realizan festivales y fiestas vallenatas de Colombia y el exterior acompañando a los más reconocidos exponentes de este género musical, entre los que podríamos citar: Binomio de Oro, Los Betos, Los Gigantes del Vallenato, los hermanos Zuleta, Los Inquietos del Vallenato y Silvio Brito.

Hablar con el mayor Ortiz es conocer un cúmulo de anécdotas e historias sobre esa otra Colombia de la cual no se divulga en los medios de comunicación. No es más que mencionarle la palabra “vallenato” para que entre en una amena conversación en la que alude a la caja, la guacharaca, el acordeón y el canto vallenato.

Nada que ver con el son sureño, es música vallenata, la que se escucha debajo del palo de mango, al calor de la costa atlántica y con un trago de ‘chirrinche’ servido en totuma, y ‘ware wuare’, como brindan los guajiros en lengua wayuu.

El mayor Ortiz es un digno representante del sur de Colombia imponiendo la marca Nariño allende de las fronteras. Una impronta que esta vez no se marcó sobre arena del desierto de la Guajira sino en el corazón de los costeños y de la música vallenata.

Con estos ejemplos ya es hora de que dejemos de creer argumentos infundados que nos han hecho sentir inferiores. Es tiempo de quitarnos la ruana y aprender del ejemplo de los que decidieron salir de la región y del país a probar suerte. El resultado es que hay pastusos dispersos por todo el mundo, y a muchos perseverando les ha ido muy bien. En los escenarios nacionales e internacionales los nariñenses estamos para grandes pruebas y grandes retos. Somos muy apreciados en todas partes.

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