Por mucho tiempo se dividió dicotómicamente el pensar y el sentir. Pensar para lo racional, el cerebro, lo frio, lo matemático, lo exitoso, el hombre, lo blanco. Sentir para lo emocional, el corazón, lo cálido, lo artístico, lo idealista, lo momentáneo, la mujer, lo negro. De allí que las instituciones ayudaron a convencer panópticamente que el sistema patriarcal capitalista racista era lo invencible e invulnerable. Hasta que el corazón pensó como el cerebro y el cerebro sintió como el corazón.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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