Títulos o emprendimientos

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No sé si será cierto, pero existe la tendencia a creer que las nuevas generaciones superan a las anteriores en títulos académicos, que la generación Y (los nacidos en los años 80) y la generación Z (los nacidos en los 90) tienen más masters y postgrados que la generación X (nacidos en los 70) y los Baby Boomers (nacidos durante y antes de los 60). 

 

Como digo, no sé si es verdad, pero es uno de los tantos temas de debate en torno a la formación profesional y el acceso al trabajo. Recuerdo que en los años 90 en Colombia hubo en debate al interior del periodismo porque los grandes medios de comunicación pasaron a ser dirigidos por personajes que no eran periodistas profesionales. Fue el caso de Roberto Pombo dirigiendo El Tiempo y Rafael Pardo dirigiendo el Noticiero CM& y Noticias RCN, entre otros.  

 

No voy a cuestionar sus capacidades. A veces la vocación se descubre durante el camino, que creo que fue el caso del primero; o no se descubre, pero se ve obligado por las circunstancias, que creo fue el caso del segundo. Lo cierto es que no eran periodistas, y los chicos recién egresados se preguntaban hasta donde podían llegar en un medio si la dirección estaba reservada sólo a los amigos de los dueños. 

 

Esta circunstancia, que ocurrió en multitud de profesiones, fue una de las muchas razones para que de allí en adelante se generara una enorme preocupación por reforzar la preparación académica y la titulación. Las hojas de vida o curriculums, que antes acababan en el título universitario, pasaron a llenarse de masters y postgrados. Y se desató una competencia por la cualificación teórica. El que tuviera más títulos es el que más lejos llegaría. 

 

Pero esto sucedía en Colombia. ¿Y en otros países?  

 

Bueno, según Loving Education, lo importante es que exista una correlación entre la economía de un país y la calidad del sistema educativo, dado que es necesario que exista una inversión en la educación y que este derive en el crecimiento de ese país. En otras palabras, que el sistema educativo obedece a un propósito nacional y no a una serie de circunstancias que lo cambian todo. Colombia iba a la deriva mientras otros otros países eran más estrictos con las políticas educativas.  

 

La UNESCO estableció un método para valorar los sistemas educativos en vigor, y esto sumado a las Pruebas PISA que realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), se puede ver que Colombia no ha avanzado como se quisiera y siempre ha estado lejos de los mejores. Actualmente ocupa el puesto 34, aunque el Ministerio de Educación Nacional vea como positivo estar entre los primeros 50 en el mundo. Es el caso de la lectura de la botella medio llena.  

 

¿Y cuáles son los mejores? Vemos los seis primeros. 

 

Países Bajos, donde a partir de los 22 años sus ciudadanos son profesionales y con una maestría. El principio de su educación es la libertad de los estudiantes con un plan de estudios nada rígido.  

 

Canadá, donde se privilegia la educación pública y donde cada provincia tiene su propio plan de estudios adaptado a las características sociales de su región. Destaca la web Educación 3.0 que en Ontario, donde la proporción de inmigrantes es muy elevada, si el estudiante tiene una lengua o cultura distinta en casa el sistema ofrece los recursos para conservarla. 

 

Finlandia, donde hay poca clase, pero mucha actividad extraescolar y todo está financiado por la institución, o sea por el Estado. Finlandia le da un gran valor a los profesores, que están bien pagados y son muy reconocido en la sociedad. Eso si, el sistema de selección es muy exigente.  

 

Hong Kong, el alumno más aventajado del sistema educativo británico, que es así vez uno de los más antiguos y prestigiosos del mundo. Esta región asiática es imbatible en ciencia, lectura y matemáticas. Su regla básica es “más creatividad, menos memorización”. Como dato curioso cabe anotar que que las clases privadas son muy populares. 

 

Singapur, donde tampoco importa la memorización, más bien se les enseña la resolución de problemas. Gracias a su sistema de educación primaria, los estudiantes tienen una base sólida sobre la que seguir avanzando en la educación secundaria y en la universidad. El sistema educativo prefiere que los alumnos resuelvan los problemas por sí mismos en vez de memorizar todo el contenido. En este país, la figura del profesor consiste en guiar a los alumnos en el caso de que se encuentren bloqueados o perdidos. 

 

China, un país fuera de lo común, desde luego. Ya sólo las cifras asustan. En China hay 3.000 universidades y para acceder a ellas hay una prueba similar al Saber 11 del ICFES. El 60% de los bachilleres accede a una carrera universitaria. Sin embargo, los títulos académicos han ido quedado en un segundo plano, y cada vez se privilegian más las habilidades interpersonales. 

 

¿Es el modelo chino el que se está imponiendo en el mundo? Según Educación 3.0 esta región asiática promueve una educación donde exista el espacio y tiempo necesarios para que los jóvenes se desarrollen como individuos emprendedores y creativos. De hecho, hay empresas dedicadas a buscar talentos en zonas rurales y ofrecerles una formación financiada a cambio de tenerlos como trabajadores permanentes.  

 

De alguna manera es una situación parecida a la que vive Estados desde que Silicon Valley (la zona sur de la Bahía de San Francisco) se convirtió en el epicentro de la innovación tecnológica. Menos claustro, más tiempo libre; menos memoria, más creatividad; menos títulos, más ideas. Fue allí que en 2010 el polémico empresario Peter Thiel, creador de PayPal, lanzó el programa de becas “20 under 20” para elegir a 20 personas al año que fueran capaces de dejar la universidad y desarrollaran sus proyectos. El premio era de 100.000 dólares. 

 

La maravillosa serie Malcolmm in the Middle parodiaba a Thiel y a los demás cazatalentos de California con un personaje llamado Cedric Hampton, que le proponía al protagonista una cifra de seis ceros por firmar con su empresa en lugar de ir a Harvard. Esto fue en 2006, cuando esta práctica se había extendido por doquier. 

 

A propósito de esto, escribe Enrique Rey en El Pais de Madrid que los títulos universitarios comienzan a perder sentido. ¿Es el fin de la “titulitis” en España?, se pregunta aludiendo a ese término coloquial que indica valoración desmesurada de los títulos y certificados de estudios como garantía de los conocimientos de alguien. Sobre Thiel dice: “Su argumento es puramente anti-establishment: la universidad no sirve en el mundo moderno. Y no sólo eso, sino que alumnos brillantes ven que luego no pueden desarrollar sus ideas debido a las deudas adquiridas al estudiar y esto les obliga a trabajar para terceros nada más terminar”. 

 

Los defensores de este tipo de opciones, siempre hablan de Bill Gates y Mark Zuckerberg, quienes dejaron la universidad antes de finalizar sus estudios para fundar sus empresas. “No son anécdotas aisladas, dice Rey, sino el reflejo de toda una serie de cambios en nuestra forma de valorar el conocimiento, cada vez más orientado a la acción; y sus fuentes, tradicionalmente las instituciones educativas, hoy mucho más diversas”. 

 

Sin embargo, no hay que confundir oportunidad con facilismo. Tanto España como Colombia tienen en común la idea de que es mejor dinero en mano que cualquier otra cosa, y cada vez más los chicos están en pensando en ganar dinero al terminar el bachillerato. Con lo cual se deduce que los colegios tampoco hacen mucho por fomentar el estudio avanzado. En general y peligrosamente, estudiar se ha convertido en un salir del paso obligatorio. Y ni siquiera las materias básicas se estudian con profundidad. 

 

Decía en una columna anterior que según el Estudio de las Tendencias en Matemáticas y Ciencias, TIMSS, los estudiantes españoles alcanzaron una puntuación de 502 en matemáticas, por debajo de la media de la Unión Europea, y que Colombia apenas alcanzó 391 puntos. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OECD, Colombia tiene una baja calidad en matemáticas y ciencias, aunque dice que ha mejorado en otras materias. 

 

Y no es un problema de cases sociales pobres y ricas, lo que permitiría entender el afán de ciertas familias en que su hijo trabaje, sobre todo con una universidad tan costosa. Como vivimos la época del emprendimiento, ahora una gran cantidad de chicos quieren evitar ese paso de la universidad, formarse por su cuenta y desarrollar sus propios proyectos. “Algo así hace un par de décadas hubiera sonado descabellado”, dice Rey. 

 

A esta idea también ayuda que la remuneración de un joven practicante o becario en una empresa es bastante baja. Un chico se preguntaba en su blog, que difunde a través de LinkedIn, “¿Cómo es que las nuevas generaciones son las más capacitadas y las menos remuneradas?”. Le costaba entender que en nuestro sistema social, los masters no son el pasaporte a un empleo o a un sueldo mejor, y sobre todo se cuestionaba “Llevo estudiando toda la vida y ahora creo que he estudiado más de la cuenta”.  

 

Un informe del diario Expansión cita a Ernesto Poveda, presidente de Icsa Group, una empresa consultora de recursos humanos. “El valor añadido del candidato a un puesto viene determinado por su capacidad de adaptación, más que por su formación, y eso impacta en su salario”. 

 

En fin. Es la tendencia y siempre ha habido una en esto de la educación y su relación con el trabajo. Sin duda, el mundo es cambiante y los empleos y las academias están cambiando. Vivimos una de transformación y eso desata las dudas del alumnado. Los empleos tradicionales se ven de otra manera desde el colegio y es muy factible, como dice la BBC, que en los siguientes años las carreras más demandadas sean: Especialista en inteligencia artificial y experto en aprendizaje automático, Especialista en sostenibilidad ambiental, Analista de inteligencia comercial, Analista de seguridad de información o Ingeniero FinTech.  

 

Pero si eso es cierto, cuando llegue ese momento, volverán las dudas: ¿hay que hacer muchos másters y postgrados para saber de esos temas o me invento mi propia empresa y salgo adelante por mi cuenta? 

 

La verdad es lo que se necesita es aprender de esos países que veíamos tan sólidos en la educación. Según Rey, hace falta “un sistema educativo que forme a ciudadanos y no sólo a trabajadores”. 

 

Otra cosa importante como salida a este dilema son las microcredenciales, según explica Laura Hernández, investigadora en el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE): “Se trata de certificaciones pequeñas y específicas que se centran en habilidades y competencias concretas, en contraste con los títulos tradicionales. Las microcredenciales pueden beneficiar a profesionales en proceso de reorientación laboral, a aquellos con brechas de habilidades o a quienes abandonaron algún nivel de estudios y buscan avanzar en sus carreras”. 

 

Como se ve, un tema que va para largo. 

 

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