Tu antigua mascota

Fotografía: Miguel Garzón Guerrero

Hoy te veo caminando desesperado por unos papeles que cada mes llegan muy puntualmente, veo la angustia en tu ceño, discutir con tu esposa porque quien se debe hacer cargo de ello, y quien llevar la niña al jardín. No entiendo que sucede, cómo un sencillo papel te genera tanto conflicto. Conforme han corrido los años te veo más tensionado, más triste y más vacío cada vez, pareces embelesado por algunas cosas, y esclavizado de los pagos de este aposento. Te levantas temprano, sin ganas, por obligación y caes en la rutina desde hace varios años: sales temprano en la mañana y con suerte me has sacado al parque en la noche cuando arribas de nuevo. Anhelo aquellos días cuando eras niño, cuando todos los días me llevabas al parque, jugábamos todas las tardes, me acariciabas cada vez que movía mi cola y tenías tiempo de jugar a la pelota, te preocupaba mi alimentación, no como deber  sino como tu prioridad y responsabilidad.

 

Aquellos tiempos que nunca volvieron, y hoy estas tan ocupado cuando estás en casa, llegas en la noche con todos los demás y escasamente tienes tiempo para tu hija, pues  ya ni tu esposa tiene ese privilegio, quien además te demanda tiempo y discuten por ello. Cuando descansas es para ver televisión,  miro como cotidianamente te absorbe esa ventana llena de universos, que te hace sonreír, pero a menudo te hace enfadar, cuando echas un vistazo a ese tal noticiero. Te observo reprochar de aquellas ideas que tenías cuando eras joven,  esos ideales que se te desvanecieron poco a poco y se marchitaron con la rutina y las obligaciones, los sueños que no alcanzaste, te abofeteas constantemente y  miro recriminarte con fastidio el resultado de lo que es tu vida hoy. Hoy ya casi no puedo moverme, tienes que limpiar mis excrementos, pues estoy postrado desde hace un tiempo, aún no se si te has percatado de que estoy muy enfermo en un rincón de la casa,  por eso quizá ahora te observo más y tengo tanto tiempo, pues estoy íngrimamente solo durante todo el día.

 

Siempre estas fuera de casa, pero cuando llegas estas muy ocupado, no entiendo cómo le niegas el tiempo a tu familia, cuando por fin dejaste el televisor a un lado, cuando creía que el tiempo era para quienes te importamos, tomas en tus manos ese celular.  Es triste ver esa manía, puedes estar tan pendiente de esa caja pequeña, que llevas a todos lados y que no te abandona ni en el baño. Esa forma enferma de estar revisando algo en esa pequeña caja negra, que te da  alegrías efímeras, sonrisas banales y te obliga a hablar mal de otras personas por todo lo que te enteras. No entiendo la obstinación que tienes con eso que llamas celular, tu hija también te lo pregunta constantemente, ¿Por qué no leer un cuento con ella? ¿Cuándo vamos a pintar algo? ¿Tendrás tiempo el fin de semana? Hoy supe por tu esposa que esas preguntas se las hace a su maestra, apenas tiene cuatro años, pero ya sabe escuchar a otros niños, que cuentan las historias interminables de sus padres que son sus héroes, no porque les dan comodidades y juguetes costosos, sino porque los hacen recrear sus sueños, cada vez que invierten tiempo que solo es para ellos.

 

Por ahora, esas preguntas las hace a su maestra, luego a su madre, pero luego te cuestionará a ti, ¿Por qué tanto tiempo para esa cajita y tan poco para mí? Contando con suerte nunca llegarán esos reproches, pues ella caerá también en esa patología tecnológica, ese será tu as bajo la manga. Muy seguramente tú serás quien le obsequies su primer celular, su plan de datos y la ilimitada puerta del conocimiento que es el internet, y así serán entes sin comunicación, pero con la inmediatez de la información.

 

Finalmente, sabrás que lograste encaminar a tu hija en esa vida autómata, carente de sentido y lo mejor, te habrás librado de tener que perder el tiempo con tu hija, tu esposa y tu mascota.  Con el tiempo ellas también se contagiarán, quizás asuman tus comportamientos como obligación y lleguen también a ser felices con tus regalos, y tu escaso tiempo, pero a mí nunca me engañaste ni me engañaras. Yo sé que tu vida se ha llenado de una total frustración, esa sistematización de la vida en la que no querías concluir tu vida, aunque pareces feliz sabes que eso no era lo que querías cuando estabas chico y pronto moriré en este entorno de mi porquería y tu banalidad.

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