Tulpas por la paz de Nariño

Por: Alejandro Reyes[1]

Yo pregunto sobre su tumba cavada en la montaña:

¿no habrá manera de que Colombia,

en vez de matar a sus hijos,  los haga dignos de vivir?

Si Colombia no puede responder a esta pregunta,

entonces profetizo una desgracia: Desquite resucitará,

y la tierra se volverá a regar de sangre, dolor y lágrimas.

Fragmento de “Elegía a “Desquite”” – Gonzalo Arango. (1993)

En medio de este sórdido bacanal de avaricia, poder y terror en el que avanzamos presurosa y aterradoramente en Colombia hoy día, 57 consejeros y consejeras de paz, reconciliación y convivencia de Nariño tomamos la valiente, honesta y urgente decisión de dialogar alrededor de La Tulpa como símbolo de la palabra, la memoria y el arraigo que sentimos por este pedazo maravilloso de paraíso que llamamos Nariño, seguros de encontrar el camino que haga a los hijos e hijas de este sur dignos de vivir en este paraíso.

Entre el 5 y 6 de abril del presente año, la posibilidad del diálogo colectivo para la construcción de paz y la transformación de conflictos en Nariño se materializó en Pasto, la capital de este país llamado Nariño donde el verde es de todos los colores. Consejeras y consejeros de Samaniego, Leiva, Policarpa, Pasto, Cumbitara, Mallama, Cumbal e Ipiales, entre otros municipios, dialogamos alrededor de un manifiesto departamental que integra los  numerosos (más de 6) Acuerdos Humanitarios que hoy se impulsan en el departamento en defensa de la vida digna y el goce efectivo de nuestros derechos humanos, revisando los logros, los retos y el papel de los Consejos Territoriales de Paz, Reconciliación y Convivencia, así como los avances y retrocesos de la implementación de los Acuerdos de Paz, con un importante foco diferencial, vislumbrando los retos y perspectivas del liderazgo de los derechos de las mujeres y las personas LBGTI OSIGD.

Estas Tulpas lideradas por el proyecto CONPAZ de Pastoral Social – Fundación Caritas Colombia, y apoyadas por el Consejo Departamental de Paz, Reconciliación y Convivencia de Nariño, la Red de Lideres Ambientales por La Paz de Nariño, la Comisión de la Verdad, la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia  de la OEA, REDEPAZ y la organización Vivamos Humanos, permitió abordar el efecto de los cultivos ilícitos sobre la Casa Común desde el enfoque de la seguridad y la soberanía alimentaria, haciendo un zoom sobre el rol de la mujer en la consolidación de sistemas de transición de economías destructivas del medio ambiente como la cocalera, hacia agroecosistemas que toman los saberes ancestrales y los reviven en la practica comunitaria para la sana alimentación y el buen vivir.

Este no es un asunto menor en Nariño, dado el actual crecimiento en la producción cocalera del departamento, particularmente en municipios cordilleranos (Leiva, Cumbitara, Policarpa, Linares, Samaniego, Andes Sotomayor, Ricaurte, Barbacoas y Mallama) y de la costa pacífica (Tumaco, Roberto Payán, Magüi Payan, El Charco, La Tola, Santa Isabel de Iscuandé y Olaya Herrera).  Mientras la economía cocalera pone contra las cuerdas cualquier otra economía legal por el alto y desproporcionado flujo de capitales ilegales, microinflaciones locales van dejando por el suelo la posibilidad de enfrentar la aguda pobreza de estos territorios y empuja cada vez más a las comunidades hacia la ilegalidad, no por voluntad o gusto, sino por física necesidad, por la inexistencia de economías locales solidas, y una precaria infraestructura social que no garantiza el desarrollo de la condición humana en estos municipios.

Mientras escribo este texto, la Alcaldía de Olaya Herrera lanza un SOS por el desplazamiento masivo de 800 familias de las veredas Merizalde Porvenir, Alto Merizalde, Bajo Merizalde, Palma de Coco, Alto San Antonio, Las Mercedes 2, Boca del Bracito, Barro Caliente, José Guaco Afro, José Guaco Indígena y Prieta Sector Miranda. De acuerdo con cifras de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas en Nariño, en lo corrido del 2022 tenemos que más de 4.592 personas han sido desplazadas en la región del Sanquianga y el Telembí, distribuidas de la siguiente manera: Olaya Herrera: 3.000 personas desplazadas (800 familias), El Charco: 882 personas desplazadas (386 familias), Magüí Payán: 420 personas desplazadas (145 familias), Barbacoas: 189 personas desplazadas (80 familias), Roberto Payán: 51 personas desplazadas (23 familias), Santa Bárbara: 50 personas desplazadas (15 familias).

Durante estos dos días de conversación y crecimiento colectivo, los y las consejeras de paz, reconciliación y convivencia subrayamos una incapacidad municipal y departamental para la atención humanitaria, básicamente por el desbordamiento de sus posibilidades administrativas.  Recalcamos la urgente necesidad de la protección de lideres y lideresas territoriales, y convocamos a los actores del desarrollo territorial del departamento a tomar cartas en retos aún vergonzosamente existentes como el acceso al agua y el saneamiento básico, la seguridad alimentaria, salud y educación de calidad.

Pese a este fatal contexto, en medio de estas Tulpas vibró fuertemente la esperanza de construir paz y transformar conflictos en Nariño.  Un anhelo que esta vivo, y late potente en el corazón de los y las consejeras de paz, reconciliación y convivencia, y en general en todos aquellos lideres y lideresas que hoy ponemos alma, vida, corazón y sombrero por encontrar una mañana sin fatídicas noticias, penosos desplazamientos o confiniamientos, sin jóvenes reclutados, sin mujeres violentadas en medio de la barbarie del conflicto; mientras esa esperanza lata en nuestros corazones, estamos convencidos y convencidas de que llegará la hora en la que respondamos esa pregunta que Gonzalo nos dejo ululando en la “nada” del potente espacio literario de su existencia.

[1] Ingeniero Forestal, director ejecutivo de Raíz Fuerza Natural S.A.S, Consejero Departamental de Paz, Reconciliación y Convivencia de Nariño.

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