Un collage que tiende a desaparecer

Fotografía: Diego Rodríguez

Un paisaje que ha sido característico de nuestra región ha sido los retazos que se vislumbran en el campo, pequeñas fracciones de tierra que se dividen en más pequeños  para sembrar con diferentes semillas, lo que permite que se reflejen verdes de todos los colores, tonalidades de amarillos que se mezclan con la bruma, la lluvia, el sol, un atardecer para ofrecernos paisajes paradisiacos.

Lastimosamente tiende a desaparecer, los minifundios, esas pequeñas parcelas del pan coger de los campesinos y algunos indígenas corren inminente peligro con el actual sistema agrario. Las políticas del gobierno pretenden acabar con la producción agrícola arruinando a los campesinos, ya no es rentable sembrar nada y así sumidos en la miseria les pretenden dar la estocada final, dejar el camino libre para la inversión extranjera y los tratados de libre comercio. Eso permitiría que haya monocultivos, que les quiten la tierra o como lo pretende el gobierno se arriende a extranjeros, con lo cual desaparecerían los minifundios para darle paso a las grandes extensiones, monocultivos para grandes corporaciones y así insertarlos en el mercado internacional,  “progresar” y de esta manera estar sintonizados con el comercio internacional.

 

 

Yo pregunto ¿de qué van a vivir entonces? No son pocos quienes viven en el área rural y dependen directamente de la producción agrícola.  Hace años acabaron con la producción de cebada, habas y trigo, otrora época el conocido cebadal en la vía entre Ipiales y Pasto era característico por sus bellos paisajes de trigo y cebada, hoy en día su nombre solo evoca ese recuerdo nostálgico porque ya no queda nada de eso. Poco a poco, las políticas del gobierno han socavado con la paciencia de los campesinos que esta semana han salido a protestar. En procura de sus políticas globalizadoras, el gobierno ha encauzado para que sustituyan la producción nacional por importaciones que aumentan sus pérdidas  y por ende la miseria en el sector rural. 

 

En una región tan poco industrializada como Nariño, donde el verde es predominante en el campo y los bellos paisajes de riquezas naturales  ¿Quién no ha tenido contacto con familias campesinas, amigos que provengan de ellos o sus mismos familiares y padres que provienen de pequeños pueblos y del campo? Creo que todos de alguna u otra forma estamos cercanos a la situación de la región, y sería una obligación no solo comprenderlos, sino también apoyarlos. Pues aunque la causa sea justa, no está en juego solo la economía nacional, no es llanamente un problema macro-económico, macro-político, de fondo es un problema macro-cultural, los campesinos con el actual sistema económico tienden a desaparecer y si las dinámicas del libre comercio siguen haciendo de las suyas pocas personas quedarán en el campo que será nutrido de maquinaria y algunos empleados. A todas luces, otro tipo de desplazamiento forzoso, el económico, obligados por tres décadas de pésimos gobiernos.   

 

Los que hoy protestan en el departamento de Nariño son en gran parte poblaciones del altiplano nariñense, dependientes de la producción de leche, cebolla y papa. Una porción importante del departamento tiene como base de ingreso alguno o varios de estos productos, muchas familias subsisten y diríamos que sobreviven porque cuando alguien trabaja a pérdidas y se endeuda no se puede decir siquiera que vive de su trabajo. Alguien que trabaja la tierra se levanta temprano para hacer el jornal merece respeto, son personas que de sol a sol se rompen el lomo para dos veces al año tratar de ganar algo,  que se lo ha arrebatado el libre comercio, las importaciones y el escaso proteccionismo que existe para la producción nacional. Son más de 20 mil personas que se encuentran en cese de actividades en la región, y han decidido tomar vías de hecho, precisamente porque no son tenidos en cuenta y como dijo el presidente Santos: “el paro no ha tenido la magnitud que esperábamos”, porque esa es la lógica del gobierno central, que haya bloqueos, que haya violencia para voltear su mirada a quienes a gritos reclaman sus derechos y manifiestan sus necesidades sin que tengan eco.

 

Varios corregimientos y municipios están bloqueados actualmente, en varias partes de la vía entre Ipiales y Pasto se encuentran campesinos de distintas cabeceras municipales. En la vía al oriente en el municipio del Encano hay bloqueo de la vía al Putumayo. En el municipio del Espino también se aposentan campesinos e indígenas. Finalmente la vía al norte estuvo bloqueada y según la gobernación ya hay paso restringido. Las cuatro ciudades principales del departamento están aisladas; Pasto, Tumaco, Ipiales y Tuquerres, hay preocupación por el abastecimiento de combustible así como de alimentos, pues al paro agrario en esta región también se han añadido los transportadores de cargas inconformes con el precio de los combustibles.

 

Por lo tanto, la crisis es profunda y pese a que los campesinos protestan pacíficamente son violentados por las fuerza estatal del gobierno, la policía. La situación del departamento de Nariño luego de cinco días de paro no son nada alentadoras, las protestas se han tornado violentas por la actitud del gobierno que pretendía hacer ver un gobierno fuerte ha provocado a los campesinos y los transportadores. Los miembros de la policía han sido protagonistas por sus conocidos abusos que se han evidenciado en decenas de videos y fotografías para comprobar cómo es que actúan esos criminales respaldados en el Estado, que con fuerzas desmedidas, atropellos y mano negra causan estragos en los campesinos, al parecer ellos olvidan que gracias a quienes trabajan la tierra es que tienen que comer.

 

Apoyo total a los campesinos, Nariño se moviliza y resiste.  

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