UN PAÍS DE SANTOS

Muchos de los problemas sociales que afronta hoy nuestro país proceden del sistema gubernamental que equivocadamente se ha implantado desde tiempos remotos.

Hoy nos lamentamos que se haya truncado el proyecto político del libertador Simón Bolívar, lastimosamente los indicios que se dieron fueron insuficientes para emprender un desarrollo ideológico acorde al sentir popular de la época y el futuro. Es por esta razón que después del temprano fallecimiento del libertador, se cambia el rumbo de la política colombiana.

 

Empiezan gobiernos inspirados en intereses capitalistas, que desde su inicio blindaron las maquiavélicas intenciones para engendrar un paradigma de poder económico a costa de lo que fuese. Años más tarde, todo se fortalece con las famosas luchas partidistas, donde liberales y conservadores aglutinan el poder económico y político para beneficiar sus huestes, permitiendo el asentamiento de dos bandos que pierden el verdadero horizonte social y se transforman en maquinarias clientelistas y arrogantes, vulnerando los principios éticos de una sana gobernabilidad.

 

Es tanta la profundización de estos sectores que, hoy, en pleno siglo XXI, millones de colombianos defienden unos planteamientos ideológicos que con el paso de los años borraron casi por completo el pensamiento altruista que debiera poseer cualquier agrupación política. Es la época, donde a diario se observa a muchos personajes de la ‘vida pública’ cambiando de partido como ‘mudarse de camisa’, sin importar los principios éticos e ideológicos que en el fondo son los que identifican a un verdadero líder y agrupación socio-política.

 

Es lamentable y al mismo tiempo preocupante la manera como dirigentes y constituyentes primarios comulgan en pro de la desmantelacion de los esquemas democráticos, que en si son los determinantes del desarrollo o atraso de una nación. En este orden, fieles liberales mercantiles como la familia Santos Calderón, se disputa el poder para gobernar un país, violando cualquier esquirla de ética o principio cívico.

 

 

Según la última encuesta ‘Colombia Opina’, elaborada por la firma Ipsos Napoleón Franco para Noticias RCN, RCN Radio, La FM y SEMANA, se concluye que el actual presidente de la República de Colombia presenta el nivel de popularidad más bajo de la historia, hasta el tope de correr el riesgo de perder la continuidad; caso contrario sucede con su primo ‘Pachito’ Santos, que repunta contundentemente como favorito para ser el candidato oficial del nuevo capricho de Uribe Vélez, el partido ‘Centro Democrático’.

 

Así como están las cosas, todo apunta que los candidatos a disputar el mayor trofeo electoral serán estos mencionados primitos, rompiendo cualquier veto moral, costumbre o cultura electorera… estamos en Colombia, donde cada persona tiene el santo de su devoción, pero en política-electoral solo tenemos dos Santos.

 

 

Obligatoriamente al pueblo lo volverán más ‘devoto’ que de costumbre, pero esta vez con unas divinidades provenientes de los senos más reservados del infierno social y político, o mejor dicho de una convulsionada patria que perdió el rumbo de la dignidad y participación ciudadana. El instinto colombiano ya tiene claro a quien encenderle la veladora.  

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