Volver a las fuentes, es un llamado constante cuando se pierde el horizonte de lo que se quiere o se pretende; significa, quizá, volcar la mirada sobre la orilla que se traspasó y se dejó a un lado; entonces, el otro lado puede envanecernos, volvernos uno más dentro del uniforme de un mundo globalizado, donde todos buscamos ser diferentes, pero terminamos vistiendo, hablando y mirando como cientos, miles y millones lo hacen; el otro lado, quizá, nos atrajo con sus quimeras doradas, forradas en oropel, nos sedujo con los conceptos redundantes fundados en la razón y nos alejó de la realidad real, la nuestra, la vivida y palpada en nuestras particularidades.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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