El imperativo de la cordura, mi voto es por Iván

78 visitas

Compartir artículo en:

Por: Tirso Benavides Benavides

A pocos días de la segunda vuelta presidencial, las encuestas dibujan un panorama desolador y oscuro, el avance sostenido de Abelardo de la Espriella, una caricatura. El autodenominado Tigre que promete usar sus garras para destripar a la izquierda, ondeando una propuesta retardataria de extrema derecha que carece de profundidad programática, pero que desborda emociones primarias, sobre todo odio. Nos enfrentamos a un proyecto político que atenta directamente contra los derechos de las minorías, las libertades individuales, la libertad de prensa y la estabilidad de unas instituciones que, por definición, deberían ser superiores a cualquier ideología de turno. El riesgo de un retroceso democrático es real y es necesario hacer algo que vaya más allá de vociferar.

Por eso, de cara a las urnas, para hacer frente a esta amenaza mi voto es por Iván Cepeda.

Hace cuatro años acudí a las urnas lleno de dudas a votar por Gustavo Petro. Dudas que infortunadamente terminaron confirmándose a lo largo de un mal gobierno que, con sus erratas y desencantos, terminó abonando el terreno y dando pie al surgimiento de personajes como De la Espriella. Hoy votaré con menos vacilaciones que en aquella ocasión. En 2022 no voté tanto por Petro, sino en contra de lo que representaba Rodolfo Hernández. Hoy no estoy acolitando a un “Petro 2”, voto con la esperanza de que Iván Cepeda combatirá la corrupción y la malas prácticas del actual gobierno.

Hay un peso ético insoslayable en esta elección. Iván Cepeda es una víctima histórica del terrorismo de Estado en Colombia —reconocido así tras el magnicidio de su padre, el senador de la Unión Patriótica Manuel Cepeda Vargas— que hoy aspira a gobernar legítimamente el país. Que una víctima del horror de la violencia estatal opte por las vías institucionales para liderar la nación, en lugar del resentimiento o las armas, es un triunfo civilista que vale la pena respaldar. Su figura encarna la resiliencia y el respeto por las reglas del juego democrático. Mientras el otro candidato defendía a los victimarios.

Pero para asegurar el triunfo en estos últimos días, la campaña de Cepeda necesita un viraje estratégico urgente. Debe apartarse de manera mucho más clara y tajante del gobierno de Petro. Seguir amarrados al desgaste del Ejecutivo actual es un lastre innecesario.

Del mismo modo, la estrategia de limitarse a denunciar ante la Fiscalía al contrario o sacar a la luz las salidas en falso  y contradicciones de De la Espriella, al igual que insultar a quienes ya están plenamente convencidos por él, no aporta absolutamente nada. Hacerlo es una ingenuidad digital, solo sirve para mover los algoritmos a su favor y hacer que esas publicaciones violentas sean aún más visibles. En este punto ciego de polarización extrema, la oposición es inmune al reproche ético, sus seguidores podrían ver imágenes del candidato asando a un gato y comiéndoselo, o presenciar el peor de los escándalos de corrupción, y nada cambiaría en su intención de voto. El sectarismo anula la autocrítica.

Por lo tanto, confrontar el fanatismo no es el método. La verdadera estrategia consiste en conquistar a los abstencionistas, a los indecisos y a quienes hoy se inclinan legítimamente por el voto en blanco. Y esa conquista jamás se logrará mediante la agresión, la soberbia intelectual o el insulto que, lastimosamente, han caracterizado a un sector de esta campaña en las redes sociales.

Muchos me han preguntado en estos días por qué decidí mi apoyo a Iván Cepeda a pesar de haber recibido, durante meses, ataques e insultos por parte de algunos de sus enajenados fanáticos de extrema. Mi respuesta es simple: la mezquindad no hace parte de mi abultado inventario de defectos. En una decisión de esta magnitud me importa mucho más el destino del país, la salvaguarda de nuestros derechos y la estabilidad de las instituciones que cualquier agravio personal en las redes.

Al menos en esta contienda no me pegaron físicamente por mis posturas, como sí me sucedió hace cuatro años. A pesar de esa agresión, en su momento voté por Petro y hoy soy uno más de los tantos decepcionados de su gestión. Espero sinceramente que la historia no se repita. Al menos me queda el alivio de saber que Cepeda es un hombre decente y un buen ser humano, una condición esencial para el inquilino de la Casa de Nariño, cualidad que no se ve desde hace mucho tiempo en el Gobierno y que es ahora la mejor opción a elegir.

 

Comentarios de Facebook

SOBRE EL AUTOR

Compartir en:

NOTICIAS RECIENTES