Escuchando nota
Pablo Emilio Obando A.
Podemos contemplar en Pasto, -entre nostalgias, temores y esperanzas-, casas que se deterioran hasta convertirse en ruinas. Y casas que, aun cuando parecen condenadas a desaparecer, pueden convertirse en oportunidades para reconstruir una ciudad.
En pleno centro de San Juan de Pasto existe una antigua edificación, amplia, esquinera, vinculada durante años a la historia educativa de nuestra ciudad, que hoy presenta un preocupante estado de deterioro. Sus paredes, sus techos y su estructura reclaman atención urgente. Ya no estamos solamente ante un asunto arquitectónico: estamos ante un problema de seguridad ciudadana y de responsabilidad pública.
El reciente movimiento sísmico nos recordó, una vez más, que en una ciudad como Pasto no podemos esperar a que una tragedia nos obligue a actuar.
Pero quisiera proponer algo más ambicioso que simplemente reparar una casa.
¿Por qué no convertirla en una obra estratégica para el futuro de Pasto?
Pasto es una ciudad fronteriza, ubicada en un lugar extraordinario de la geografía colombiana. Nuestro propio Plan de Desarrollo Municipal reconoce esa condición y plantea la necesidad de avanzar hacia una ciudad competitiva, sostenible y segura, contemplando, entre otros proyectos, un Centro de Ferias y Convenciones y la visión de Pasto como “puerto seco”.
Tenemos, además, una Cámara de Comercio que ha entendido la importancia de conectar empresarios, comerciantes y emprendedores, y que ya dispone de un Centro de Convenciones para actividades empresariales y académicas.
Entonces la pregunta es inevitable:
¿Y si aquella vieja casa pudiera convertirse en algo diferente?
Propongo transformarla en la CASA DEL SUR: Centro Binacional de Integración Colombia–Ecuador.
No sería una simple casa de la cultura. Tampoco una dependencia más de la Administración Municipal.
Sería una pequeña embajada civil de nuestra frontera.
Un lugar para encontrarnos con Ecuador, para hacer negocios, para mostrar nuestra producción, para vender nuestra artesanía, para hablar de cultura, para intercambiar conocimiento y para proyectar a Nariño hacia Colombia, el Pacífico y el mundo.
Allí podría funcionar un Centro Binacional de Negocios, destinado a empresarios, comerciantes, productores, emprendedores y artesanos de Colombia y Ecuador. Allí podrían realizarse ruedas de negocios, encuentros empresariales, muestras comerciales y asesorías para quienes quieran cruzar la frontera con sus productos y sus sueños.
Podría existir también una Casa del Artesano Nariñense, donde el barniz de Pasto, el tamo, la cerámica, los tejidos, la madera y tantas expresiones de nuestra creatividad no solamente sean exhibidos, sino comercializados.
Porque una cosa es admirar nuestra riqueza cultural y otra, muy diferente, convertirla en fuente de ingresos para quienes la producen.
La casa podría albergar exposiciones permanentes, encuentros literarios, festivales de cine, conciertos, gastronomía, seminarios universitarios, encuentros de periodistas y semanas culturales dedicadas alternativamente a Nariño y Ecuador.
Podría ser, además, un pequeño centro de convenciones especializado para reuniones, congresos, foros y encuentros de menor escala.
Y podría convertirse en algo todavía más importante: un espacio para pensar nuestra condición de frontera.
Porque Pasto no debería mirar únicamente hacia el centro del país.
Debe mirar hacia Ecuador. Debe mirar hacia Tumaco y el Pacífico. Debe mirar hacia la Amazonía. Y debe comenzar a mirar hacia el Asia.
Nuestra ubicación geográfica, lejos de ser una desventaja, puede convertirse en una extraordinaria oportunidad si somos capaces de construir la infraestructura, las relaciones y la visión necesarias.
No propongo competir con el futuro Centro de Ferias y Convenciones que contempla el Plan de Desarrollo Municipal. Propongo complementarlo.
El gran Centro de Ferias y Convenciones podrá recibir grandes eventos, exposiciones y congresos.
La Casa del Sur podría convertirse en el lugar donde, todos los días, ocurran pequeñas cosas capaces de producir grandes transformaciones.
Un negocio. Una exposición. Una alianza. Una exportación. Un encuentro entre un empresario colombiano y uno ecuatoriano. Una conferencia.
Una muestra artesanal. Un libro. Una conversación. Una oportunidad. Eso también es construir ciudad.
Por supuesto, recuperar esta edificación requeriría estudios técnicos, evaluación estructural, análisis patrimonial, diseño arquitectónico y un proyecto de intervención que garantice seguridad sísmica y sostenibilidad.
No se trata de maquillar una ruina. Se trata de recuperar un inmueble y darle una nueva vida.
Y aquí deberían sentarse juntos la Alcaldía de Pasto, la Gobernación de Nariño, la Cámara de Comercio, las universidades, los empresarios, los gremios, los artesanos, las organizaciones culturales y, por supuesto, nuestros vecinos ecuatorianos. No todo debe salir del presupuesto público.
Una iniciativa de esta naturaleza podría convocar cooperación internacional, recursos públicos, inversión privada, alianzas institucionales y mecanismos de economía cultural y empresarial.
La pregunta ya no debería ser cuánto cuesta recuperar una casa. La pregunta debería ser cuánto le cuesta a Pasto seguir perdiendo oportunidades.
Por eso hago respetuosamente esta propuesta al señor alcalde de Pasto, al señor gobernador de Nariño, a nuestros concejales, diputados, empresarios, universidades y organizaciones sociales:
Miremos esa casa no como una ruina, sino como una posibilidad. Que donde hoy vemos peligro mañana podamos ver encuentro. Que donde hoy existe abandono mañana exista producción. Que donde hoy hay paredes deterioradas mañana haya ideas.
Que una vieja institución educativa vuelva a enseñar, pero esta vez enseñándonos a relacionarnos con el mundo.
Pasto necesita infraestructura. Pero necesita, sobre todo, infraestructura con propósito.
Necesita lugares capaces de producir economía, cultura, conocimiento, cooperación y oportunidades.
Por eso sueño con una casa que no solamente conserve el pasado. Una casa que ayude a construir el futuro. Una casa desde la cual Pasto pueda decirle a Colombia y a Ecuador que el sur no está condenado a esperar.
El sur también puede proponer.
El sur también puede crear.
El sur también puede liderar.
Y quizá algún día, cuando esa vieja casa vuelva a abrir sus puertas, podamos decir que una de las esquinas más deterioradas del centro de Pasto terminó convirtiéndose en una de las puertas más importantes hacia el futuro




