Desde Pupiales, mujeres recuperan saberes ancestrales a través de la miel, la chagra y los árboles nativos

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Sonia Chitan representa a la Asociación El Chalguar, de la vereda Inchuchala, una organización conformada principalmente por mujeres adultas y adultas mayores que trabaja por conservar prácticas tradicionales y proteger el territorio.

Desde la vereda Inchuchala, en el municipio de Pupiales, llegó Sonia Chitan para mostrar una experiencia comunitaria que reúne producción rural, recuperación de saberes y cuidado de la naturaleza.

Sonia representa a la Asociación El Chalguar, organización que durante varios años ha trabajado alrededor de diferentes iniciativas comunitarias. En esta oportunidad presentó dos de los productos de su actividad apícola: miel y polen.

Pero detrás de estos productos existe una historia más amplia. La asociación está integrada en su mayoría por mujeres adultas y adultas mayores, acompañadas por dos hombres, quienes desarrollan actividades relacionadas con el apiario, los viveros, la chagra y la conservación de las tradiciones de la comunidad.

Uno de sus principales trabajos es la producción de árboles nativos en vivero, con los cuales buscan recuperar especies propias del territorio y contribuir a la protección de las fuentes de agua. En esta tarea también han desarrollado actividades con la Fundación Impulso Verde.

Otro componente es la chagra, entendida como un espacio destinado principalmente a cultivar alimentos para las propias familias. La producción no tiene necesariamente un propósito comercial: parte de las cosechas también permite recuperar una práctica tradicional de las comunidades rurales, el trueque.

“Entre nosotros se comparten e intercambian los productos”, explicó Sonia.

La Asociación El Chalguar también cuenta con un museo comunitario en la vereda Inchuchala, ubicado cerca de la escuela, como parte de su propósito de preservar y transmitir la memoria y las costumbres de generaciones anteriores.

Sonia llegó a este espacio por invitación de la Gobernación de Nariño, una oportunidad para que experiencias construidas desde las veredas puedan mostrar sus productos y, sobre todo, las historias que existen detrás de ellos.

Desde Pupiales, estas mujeres demuestran que alrededor de un frasco de miel, una semilla, un árbol nativo o una chagra también puede conservarse la memoria de un territorio y transmitirse a las nuevas generaciones.

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